jueves, 5 de mayo de 2022

La educación y la capacidad de inventar

    Releo "La fragilidad del mundo" y me vuelvo a tropezar con un párrafo que iba buscando, porque ya en la primera lectura me dio la sensación de que me reafirmaba. 
    “No estamos educados cuando hemos adquirido determinadas competencias sino cuando nuestra relación con el mundo, con los otros y con las cosas resuena, cuando es relevante, cuando resulta estremecedora, cuando vibra, cuando somos capaces de emocionarnos con lo que leemos, con lo que miramos, con lo que hacemos”.  
    Me gustan, me identifico totalmente con ellas y me apropio de estas palabras del filósofo catalán Joan-Carles Mèlich. Siempre he pensado que la educación debería asociarse a la capacidad de inventar, de discurrir, a la necesidad de afrontar lo nuevo, de reaccionar ante lo que nos encontramos por sorpresa a la vuelta de la esquina.  

miércoles, 20 de abril de 2022

El alma de las cosas

    En el prólogo de "Fotos escritas a mano. El lenguaje de la imagen", Jesús Trello, un arqueólogo sabio que dedica su vida a hablar con las piedras decía que yo, con mi cámara, conectaba con el alma de las cosas y la retrataba, un piropo exagerado por el cariño que me tiene, pero sin duda el mayor halago que se le puede hacer a cualquiera. Acercarse a las cosas y despertar su esencia es propio de los dioses. En el mundo de las prisas tendemos a reducir las cosas a simples objetos, utensilios que manejamos a nuestro antojo según su utilidad, bienes materiales cuyo destino no es otro que ser sustituidos por otros con mayor pragmaticidad cuando llegue el momento. Estamos perdiendo la posibilidad de disfrutar de la importante carga inmaterial de las cosas materiales. No hay duda de que esos objetos de los que nos rodeamos están cargados de resonancias personales, familiares y sociales que por desgracia tendemos a ignorar. Por mucho que ese dios adorado llamado dinero nos incite a menospreciar la resonancia afectiva de las cosas, por mucho que quiera reducir su valor a su precio de mercado y por mucho que nos invite a desposeerlas de su singularidad, las cosas tienen alma.

sábado, 2 de abril de 2022

Lo que la foto dice y lo que quieren que diga

Las fotos que acompañan a los textos contribuyen a la interpretación de los mismos. 
Muchas veces el emisor busca provocar una interpretación falsa por parte del lector. 
Esto se llama manipulación. 


viernes, 11 de marzo de 2022

Putin, Valle Inclán y el reverso del verso

    No puede pretender Putin que sea el miedo al coronavirus el que fuerza esa distancia esperpéntica con su contertulio Macron. La imagen nos recuerda a Valle Inclán y nos hace reflotar ese término con el que el escritor gallego deforma la realidad recargando sus rasgos grotescos y absurdos. Esa mesa de madera y larga como la nariz de Pinocho es una burla grosera, una caricatura de acuerdo que pone sobre el tapete la intención última del hierático espía ruso. Nada que ver con un ansia de acercamiento entre posturas distantes o con un interés por el diálogo. Lo que evidencia la esperpéntica puesta en escena es que detrás de las palabras, sean las que fueren, hay una distancia insalvable entre Putin y el mundo, un deseo palpable de ignorar al de enfrente, de ridiculizar cualquier esperanza. 
    Días antes de empezar a bombardear Ucrania, afirmaba con sarcástica ironía que se iban a realizar  maniobras con misiles balísticos y de crucero para comprobar el estado de forma de las fuerzas militares y verificar la fiabilidad del armamento. Ese era el discurso, el verso inocente del mandatario ruso pero, como en Valle Inclán, detrás de lo bufo, de lo grotesco, de lo cómico y lo absurdo se vislumbra siempre una situación dramática. El reverso del verso escondía un bombardeo indiscriminado de desgracias, una lluvia de terror sobre todos los que no se arrodillen al paso del amo. Tan trágicamente esperpéntico como afirmar que su decisión de cubrir el mundo de cadáveres es un acto de amor a la humanidad, 

sábado, 19 de febrero de 2022

Los gallegos, Ayuso y Rosalía de Castro

    Es verdad que los gallegos tenemos fama de desconfiados. Siempre he pensado que era a causa de la orografía. En un pueblo de la meseta castellana puedes descubrir con tiempo suficiente al que se acerca, en un terreno sinuoso, quebrado y lluvioso como el gallego no ves al que llega hasta que lo tienes encima. 
    Yo no desconfié de Ayuso cuando nos contó aquella novela rosa de la crueldad de los espías genoveses. En la distancia y con el cuidadoso glamour de la puesta en escena parecía creíble. La cosa se complicó en la distancia corta cuando se fue levantando la niebla y se acercó a nosotros con los papeles en la mano. El gallego es observador y desconfía cuando las cosas no le cuadran. Y a la luz del contrato al gallego y a cualquiera algo le chirría. Chirría que la Administración ponga un millón y medio de euros en manos de alguien que no conoce y mucho más chirría que la presidenta no conozca casi nada de la relación fraternal y sustanciosa que mantiene su hermano con la Comunidad de Madrid. Bajando a lo mundano, no cuadra nada que al contratante no le extrañe que el precio de la mascarilla sea exactamente cinco euros. El gallego piensa que conocidos el precio de coste y el margen de beneficio es muy sorprendente que el resultado matemático sea una cifra redonda. Tampoco cuadra bien que al contratante no le importe que sean mascarillas FFP2 o FFP3 porque no cuestan igual y al gallego no todo le da lo mismo. 
    Decía Rosalía de Castro que la desconfianza nace del desconocimiento. Es verdad, los gallegos somos desconfiados, pero solo cuando no conocemos todos los datos y, sobre todo, cuando tenemos la sensación de que nos los ocultan.

viernes, 4 de febrero de 2022

"Señorías, váyanse a la mierda"

    Era una ley importante, la mejor reforma laboral posible, sin un solo punto que no supusiese una mejora para los trabajadores y el mayor avance en décadas para la recuperación de sus derechos frente a la precarización. Además, la reforma estaba visada por la Comisión Europea y conseguida gracias al diálogo entre el Gobierno, los representantes del empresariado y los sindicatos de trabajadores. Un éxito total, un ejemplo, una ley para aplaudir con entusiasmo por cualquier fuerza política interesada en el bien de la ciudadanía. 
    Pero no, España siempre es diferente y el bochornoso espectáculo de ayer en el Congreso no deja dudas de ello. Un partido llamado del pueblo (popular) que no apoya que el pueblo mejore, una izquierda republicana para la que el voto o el rechazo dependen de quiénes compartan su posición y no del contenido de la misma, un partido que prefiere darle una colleja al Gobierno aún a costa de que cientos de miles de trabajadores salgan malparados, dos rufianes navarros que mienten como bellacos ante su propio partido y ante el mundo para ocultar su felonía y dinamitar la reforma, otro ilustrado representante del pueblo que no distingue el si del no y quiere vendernos la moto de que no es su estupidez sino la informática y el Gobierno socialcomunista los que han robado su intención de voto. Para terminar el espectáculo teatral lamentable, la presidenta de la mesa suma con los dedos y da por ganadores a los vencidos. Un desastre total, una vergüenza, una impresentable clase política, una locura. Ayer echamos en falta un poco de cordura, echamos en falta a Labordeta: "Señorías, váyanse a la mierda".

domingo, 16 de enero de 2022

¡García-Page, presidente!

    Lo ha hecho muy mal el PSOE al ponerse de lado en el tema de la mierda de los cerdos. Tenía miedo que los ganaderos le tirasen a la cara los votos negativos y prefirió esconder la cabeza bajo el ala esperando que pasase la tempestad. Los estrategas populares decidieron aprovechar la cobardía socialista para poner en marcha el ventilador. Era una buena oportunidad para que la pestilencia atrajese más moscas a las urnas. Casado, el bucólico defensor de la causa agraria, acompañado de su fiel escudero Montesinos, aseguraba entre vacas que campaban a sus anchas que la ganadería industrial no era nociva, que no degradaba el medio ambiente, que no suponía ningún maltrato animal y que era deseada en los pueblos de la España vaciada porque generaba empleo y atraía turismo.  
    No debieron de hacer muy bien los populares la campaña de descrédito porque el ministro de Consumo sale de la tormenta sin despeinarse, manteniendo firmemente su postura y ganando la batalla de la opinión pública. Pero, si no lo hicieron bien sus oponentes, no lo hizo mejor el presidente del Gobierno no poniéndose de parte de su ministro y todavía peor lo hizo el presidente de Castilla La Mancha que, en el furor de sus arremetidas contra Garzón, se le ocurre decir que la lubina que se pesca con caña es igual que la que se cría en piscifactoría y que ecológicamente no tiene impacto negativo en el equilibrio marino la pesca de arrastre, aunque destroce un poco el fondo marino y acabe con la vida de muchos pezqueñines. Lo mismo que las macrogranjas. ¡Buena forma de arreglar "la metedura de pata" de Garzón! 
    Quien hoy siga pensando en darle su voto para presidir Castilla La Mancha a don Emiliano, el congruente socialista instruido que defendía ayer con fervor las macrogranjas y hoy aprueba una moratoria para prohibirlas, tiene bien ganado su derecho a presentar su candidatura a tonto del año.

sábado, 15 de enero de 2022

¿Las elecciones se ganan en twiter?

    Esto ya no es lo que era. El tema Garzón es otra muestra más de que las cosas han cambiado. La forma en que las personas consumimos noticias ha propiciado una reconversión de los planteamientos informativos de los políticos. "Hemos llegado a un punto tal que el que está en la vida pública debe morderse la lengua en cuanto sale de su casa. A veces también dentro. Es una desgracia, se ha potenciado la hipocresía. Así estamos”. Lo decía Anguita, el defensor a ultranza del "programa" frente al postureo. Antaño, los aspirantes tenían que ganarse al personal con su carisma, su verbo y demostrando su potencial capacidad para hacer frente a los problemas, hoy parece que es suficiente con divulgar bulos. Se pretende que no sean las urnas las que hablen sino que sean las redes sociales las que elijan al presidente del gobierno. El lema electoral del PP ya no es la cándida gaviota y la música celestial que acompañaban a Fraga, ahora la máxima de Casado es "Más ganadería y menos comunismo", algo así como "más chuletones y menos luchar por la igualdad". 
    El ministro de Consumo asegura que seguirá defendiendo esa línea de trabajo y posiblemente salga reforzado tras el envite. Al final, a todos nos gustan los políticos que no renuncian a sus principios aún cuando las circunstancias aprietan, nos gusta la gente que no alardea, los que no presumen de tener fórmulas mágicas para solucionar problemas pero saben bien cuál es el problema, los que no se componen para salir en la foto, los que buscan la verdad y no los aplausos, los que sin mucho carisma llaman la atención por lo mucho que dicen sus palabras. Y, sobre todo, nos gustan aquellos que no se excitan ni tienen que levantar la voz para convencer. Por eso nos gusta que haya políticos como Alberto Garzón.

viernes, 14 de enero de 2022

Un máster ayuda mucho

Alberto Garzón dice en The Guardian que las macrogranjas “contaminan la tierra, contaminan el agua y luego exportan la carne, de peor calidad, de estos animales maltratados”. 
No es fácil pero, a partir de estas palabras, Pablo Casado consigue deducir la miseria de la ideología del ministro de Consumo, "una ideología política que está en el Consejo de Ministros porque Alberto Garzón es el líder del Partido Comunista español”, que intenta "intervenir en los hábitos y en la economía familiar", al decir a los españoles que coman menos carne y a los ganaderos "que tienen que cerrar sus explotaciones”, lo que le lleva a concluir que Sánchez debe cesar inmediatamente al ministro porque no hay precedentes de un Gobierno que hable mal de su país, como lo hace Garzón. No todos estamos capacitados para extraer conclusiones tan afinadas del texto pero hay que recordar que Casado tiene un máster de la Universidad Juan Carlos I que quizás le faculte para extraer estas conclusiones. Lo que no está muy claro es si el máster que hizo el presidente del PP era en Derecho Político, en Gestión Avanzada de Bulos Impensables o en Nociones de Psicología Atolondrada para Políticos Desesperados.

domingo, 9 de enero de 2022

La necesidad de no verlo claro

    Me da mucho miedo la gente que no duda. Rechazo a los que tienen la fórmula mágica para resolver cualquier problema, a los categóricos, a los que saben siempre lo que hay que hacer para ganar el partido de fútbol, para acabar con las ansias nacionalistas de los catalanes o para solucionar definitivamente la crisis pandémica del coronavirus. Pánico es lo que me dan. 
    Hoy, en nuestra sociedad, no se se ven bien las dudas, todo el mundo está seguro de estar en posesión de la verdad, de conocer el truco para solucionar el problema. No se puede titubear, requerimos certezas, seguridad, solidez; hay una necesidad enfermiza de tenerlo todo claro. Es verdad que tener las cosas claras muchas veces es una suerte o una virtud, pero en la mayor parte de las ocasiones es un indicador de la estupidez del que asegura tenerlas. Ni un profesor, ni un político ni un médico se atreven a manifestar abiertamente su incertidumbre, sus dudas acerca de la mejor forma de afrontar una situación, de cómo salir del embrollo, aunque lo más probable es que las tenga. Si algún responsable deja entrever, aunque sea  mínimamente, que algo no lo tiene claro o que está indeciso, nos lanzamos a su cuello por incompetente (“Este es un enchufado, no tiene ni idea, no sé qué hace ahí”). 
    Tener dudas antes de tomar una decisión es lo más inteligente. Hay que ser más humildes y asumir la fragilidad de nuestros conocimientos. No verlo claro no solo no es un vicio sino que es una virtud. Lo inteligente es dejar de pensar que lo sabemos todo sobre cualquier aspecto de la ciencia, la política o el fútbol. Únicamente así la vida nos puede sorprender con otras realidades que ni siquiera creíamos que pudieran existir. Gracias a las dudas quizás descubramos algunas soluciones maravillosas en las que ni siquiera habíamos pensado porque la ceguera que nos producían nuestras certezas nos lo impedía.

lunes, 3 de enero de 2022

Mis cándidos terraplanistas

En el fondo me hacían gracia los terraplanistas. Lo reconozco. Era gente cándida, entrañable, incrédula, despistada, que no quería admitir la evidencia, bien por ignorancia o porque no le convenía. A fin de cuentas, su discurso consistía en contar a los cuatro vientos su descubrimiento –una gran mentira de la que estaban convencidos– y divulgarlo para que los demás pudieran disfrutar de su interesante hallazgo. Los incautos seguidores de estas fábulas son muchos millones, apoyados en discursos paternalistas y vídeos que demuestran científicamente que la Tierra es plana, que Elvis sigue vivo escondido en algún lugar del planeta o que la Luna que abordaron Armstrong, Aldrin y Collins era un decorado de la Metro Goldwyn Mayer. 
Pero ahora surgen quienes utilizan a toda esa gente inocentona para hacer el mal. Los antivacunas están matando a mucha gente usando como correa de transmisión a todas esas personas fantasiosas, a las que les dicen que la vacuna lleva un chip con el que nos van a controlar a todos, que no es segura, que dentro de un par de años los vacunados morirán en masa, que el coronavirus no existe o que las vacunas son cosa del Bill Gates para apoderarse del mundo. Y como se lo creen, porque les hace falta creer en algo, se ponen a advertir a todo su entorno de esos peligros. Quieren ayudarnos, salvarnos la vida. Desgraciadamente los que van por ahí arengando a las masas en contra de la vacunación no son gente cándida ni entrañable son desalmados movidos por intereses políticos que quieren ganar gente para su causa. Casualmente son los mismos convencidos de que los inmigrantes son asesinos en potencia, los que niegan el cambio climático o la existencia de la violencia machista. Saben que tienen un nicho de mercado inmenso y fácil para captar votos entre los cándidos terraplanistas. Aquella buena gente que decía que la Nasa nos mentía, aquella gente inocente y despistada, hoy engrosan en masa las filas de la ultraderecha. 

martes, 28 de diciembre de 2021

Aprendiendo a pensar

Ahora, una vez que la velocidad del mundo externo disminuye, una vez que vuelve la luz a iluminarme, descubro que la insolente hemorragia que me embistió por detrás llegó a producirme un shock hipovolémico que ha estado a punto de conseguir arrastrarme al abismo. Un detalle espeluznante que roza la tragedia pero que no altera para nada el equilibrio. Impresiona, pero no descompone. Por suerte, golpe a golpe he ido aprendiendo a pensar. Verso a verso la vida me ha ido enseñando. Aprender a pensar no significa otra cosa que ejercer un cierto control sobre qué piensas. Esta asignatura fundamental te enseña a ser consciente, a estar en alerta permanente para no despistarte con lo que pasa y así prestar suficiente atención a por qué pasa lo que pasa. A partir de ahí puedes escoger de qué manera construyes el sentido que pretendes para tu vida según las experiencias que vives. En el fondo lo único importante en la vida es saber mirarla de frente para comprender nuestra realidad, escucharla en silencio sin que nos nuble el entendimiento la velocidad a la que se mueve el entorno.

domingo, 26 de diciembre de 2021

Volver a vivir

Me recuesto en la cama, cierro los ojos, dejo el libro y me pongo a pensar en lo que había pasado. Había perdido el conocimiento al llegar a urgencias. Entre la niebla oigo gritos, voces que sobresalen. Una enfermera me levanta los pies, otra me sujeta la cabeza y me habla. No entiendo nada. No sé qué pasa. Me voy recuperando. Poco a poco recobro la luz. Me siento mejor.  Tras dos días recolocándome en la UCI me suben a la habitación. Me siento aliviado. Anteayer me quitan la sonda y todo el cableado de los brazos. Me siento libre. Ayer empecé a tomar alimento y pude caminar por el pasillo. Me siento animado. Hoy mi vista se para distraída en el libro que desde que estoy aquí duerme desapercibido en la mesita al lado de mi cama. Hoy lo cojo. Al momento me doy cuenta de que mis ojos discurren alegres por las páginas, que mi ánimo disfruta entusiasmado correteando entre las líneas de texto. Mi mente vuela deprisa. Entonces, solamente entonces, me doy cuenta de que ya estoy vivo otra vez.

miércoles, 8 de diciembre de 2021

Somos muchos

Por grande que sea el recipiente si lo seguimos llenando indefinidamente llegará un momento que ya no cabrá en él nada más. Y en la Tierra ya no cabemos. El crecimiento de la población es vertiginoso y en consecuencia el mundo se nos ha quedado pequeño. Aunque el tema de la cuestión demográfica, en términos de sobrepoblación, sea un asunto políticamente casi intratable, el descenso demográfico de la cantidad de homo sapiens a menos a medio y largo plazo, por las buenas o por las malas, es imprescindible. La medida más efectiva de control demográfico es también la más deseable: aumentar el control de las mujeres sobre sus propias vidas, en especial mejorando el acceso de las niñas pobres a las oportunidades educativas.

viernes, 3 de diciembre de 2021

La ignorancia como arma política

En las sociedades primitivas era la fuerza la que sometía al rival. Con el racionalismo la razón se convirtió en el arma poderosa para salir victorioso en una confrontación. En la actualidad son otras las herramientas que se imponen para ganar batallas. Curiosamente, en la sociedad mediática ha dejado de ser cierto que el que tiene la información tiene el poder. Hoy el gran objetivo es generar desinformación. Esa es ahora la nueva clave. Se buscan expertos en agnotología, esa curiosa ciencia que estudia la producción y la estrategia de la ignorancia como arma ideológica. Convivimos con una inflación galopante de fake news. Si te lo crees, estupendo. Si no te lo crees ya te cansarás de intentar comprobar su hipotética veracidad. Es la nueva educación en la ignorancia. El truco consiste en generar dudas de credibilidad, conflictos de identidad, sembrar confusiones, incertidumbres, recelos de todo tipo para que sea el propio individuo el que renuncie, el que se inhiba, el que termine aceptando como válidas las tesis que ofrece el más simpático o el más ocurrente, no las que consideraría más sensatas, más convincentes o más razonables. Cuanto más desorientados más sumisos.

domingo, 7 de noviembre de 2021

Nuestro ombligo frente al universo

Quizás la vida urbana nos lo impide y haya que culparla de que seamos como somos. Todo el mundo debería poder pasear por el campo de noche y pararse a mirar de frente y sin prisas esos infinitos mundos estrellados que se abren sobre nuestras cabezas. Ese simple acto nos puede ayudar a relativizar, a empequeñecer nuestro ego, a darle vueltas a esa peligrosas verdades absolutas que amenazan la sociedad. Quizás algo así de sencillo podría ser determinante para ampliar nuestros horizontes de tolerancia, para pensar en la posibilidad de otras culturas y otros universos distintos, para convencernos de la necesidad de desencorsetarnos, de una mayor apertura de miras, de lo absurdo que es discriminar a otro por su sexo o por pertenecer a una etnia determinada, o de plantearnos miles de esas cosas que no vemos por no levantar la cabeza. Paseando por el campo uno comprueba que el universo llega más allá de nuestro ombligo.

martes, 2 de noviembre de 2021

¿Una nueva Ley de Educación?

Cada legislatura una nueva Ley de Educación. En 40 años llevamos 8. No parece determinante saber si los alumnos necesitan una hora más de Matemáticas a la semana, si es conveniente que terminen sabiendo un poco más de Geografía o si es suficiente la competencia lingüística que adquieren en Lengua. Lo que se cocina detrás de todo eso es la perpetuación de un sistema educativo que tiene los días contados porque el mundo ya no es lo que era. Nunca se plantea una reforma para formar ciudadanos más dialogantes o más reflexivos, que es precisamente lo que necesitamos para que mañana el planeta subsista. Insistimos absurdamente en el manejo de una serie de herramientas obsoletas, que no son capaces de favorecer la necesaria alfabetización relacional de la población, ni de mejorar la interacción entre los hombres y las mujeres de este mundo intercomunicado. Ni la inteligencia artificial ni los robots nos llevan hacia mentalidades más universales, menos localistas. No tiene sentido enredarse en si hace falta una hora más de matemáticas, hay que avanzar en un proceso de aprendizaje global enfocado hacia ese nuevo mundo que nos empuja. En todas partes, en la escuela, en casa y en el Congreso urgen más clases diarias de empatía, de cooperatividad, de inteligencia emocional, de educación ciudadana, de responsabilidad social, de emprendedurismo colaborativo, de creatividad y de fomento del pensamiento crítico, porque todavía estamos lejos del aprobado. No debemos entretenernos en estudiar cómo seguimos enseñando lo mismo que hace 40 años, no hay que reformar la fachada, hay que zarandear los cimientos. Es imprescindible revolucionar la Ley de Educación para afrontar la realidad actual incluyendo nuevas asignaturas: Educación cívica, Formación global, Ecología y sociedad, Tolerancia cero, Responsabilidad con el planeta, Maltrato animal, Respeto a la diferencia, Conciliación y desarrollo, Espíritu colectivo, Desigualdad sexual y otras, materias fundamentales cuyo dominio es la clave del éxito para progresar hoy adecuadamente en nuestro día a día.

sábado, 30 de octubre de 2021

Vivir o jugar a vivir

El motivo ya no es ilusionarnos con París, ni descubrir in situ lo que nos sacude al quedarnos atontados ante las pirámides de Egipto. Ni tampoco emocionarse al paladear unas maravillosas judías con almejas. Hoy todo eso no importa, hoy lo que prima es el "me gusta". Las sensaciones están obsoletas, el objetivo es el selfie. Que nos vean con la torre Eiffel al fondo, que todo el mundo sepa que nos hemos ido de vacaciones o que se mueran de envidia los que no han querido ir a la boda de Pepita. Desgraciadamente vamos perdiendo interés por la vivencia presencial de los acontecimientos, se desvanece entre las pantallas ese momento íntimo de encontrarnos con la realidad y lo vamos sustituyendo por imágenes para los demás, un postureo social que no es en modo alguno reflejo de nuestras sensaciones, sino una pobre y aparente teatralización exhibicionista de la parte más superficial de esa realidad. Vamos convirtiendo la vida en un videojuego que tenemos continuamente que alimentar. Se quedan fuera del cuadro los sentimientos que nos mueven, se nos olvida lo que nos motiva, lo que nos alienta. Y aparecen en su lugar unas fotos fijas del momento, sin tripas ni latidos. Nos vamos educando en la importancia de divulgar afectos por las cosas, no de vivir más de cerca y con toda la intensidad posible lo que nos va sucediendo día tras día. Las pantallas nos van convirtiendo en ludópatas de nuestra propia vida.

miércoles, 25 de agosto de 2021

Egeria era de Lugo

Cuando el erudito Gamurrini se tropezó con el relato de viajes más antiguo del que se tiene noticia, descubrió que este reportaje minucioso, realizado a lo largo y ancho de todo el orbe conocido hasta entonces, había sido escrito por una mujer intrépida llamada Egeria. En el año 381, cuando el cristianismo estaba en pañales y a Marco Polo le faltaban todavía mil años para empezar a lloriquear en la cuna, esta mujer se había lanzado a trotamundear por los escenarios bíblicos de Jerusalén, Egipto, el Sinaí y Mesopotamia para contárselo a sus amigas. Sin Instagram, YouTube, Facebook ni Twitter, sus escritos a mano podrían convertirla en la gran influencer de las redes sociales en el siglo IV. Pero, ¿de dónde salía esta mujer especial? Los sesudos analistas creyeron inicialmente que  debía de ser de Aquitania por las alusiones que hace al río Ródano, después se supuso que era hija del emperador Teodosio, pero las fechas no cuadraban. Otros especialistas especulaban sobre su origen italiano basándose en el lenguaje que utilizaba. Al final tardaron bastante los expertos, tuvieron que estudiar con lupa los manuscritos, sacar a relucir todos sus conocimientos acumulados y estrujarse las neuronas para concluir algo que era evidente: si era una mujer valiente, aventurera, singular, intrépida, curiosa y decidida tenía que ser gallega. Tras desmenuzar el "Itinerarium ad Loca Sancta" se supo que era de la Gallaecia romana. Yo lo sabía desde el primer momento que me la encontré, años ha, mientras preparaba un viaje a Egipto. Es más, cuando la vi me di cuenta de que tenía que provenir del Conventus Lucensis (de Lugo, como yo), porque es igualita a mi abuela materna.

viernes, 20 de agosto de 2021

Carácter lapsusiano

Disfruto ahora con Manuel Rivas. De muchos autores me gusta lo bien que  escriben lo que sienten, pero del afilado coruñés admiro sobre todo lo bien que siente lo que escribe. Convencido de que cada época queda definida por una manera de hablar, en "Aquí nadamos en la ambulancia" Rivas desmenuza con ingenio el modo de hablar actual y concluye que su carácter dominante es el lapsusianismo, la abundancia de disloques lingüísticos. También en esto Rivas hila fino. Es cierto que los medios de comunicación y las redes sociales nos muestran a todas horas los zarandeos, los traumatismos e incluso las puñaladas que se propinan constantemente al idioma. Yo creo que la medalla de oro a la Antológica Metedura Lingüística de Pata se la daría el público a Sofía Mazagatos por la admiración que ya hace tiempo declaró hacia "los toreros que están en el candelabro", si bien otras perlas de la otrora miss televisiva podrían disputarle el trofeo. Su trajinado "suelo de fornica" no se queda atrás en el ranking y el que estuviera "tomando clases de adicción" tampoco es un gazapo menospreciable. Así mismo podrían aspirar al podio de los deslices trabucados "la redundancia magnética" que le hicieron en su día a Malena Gracia o el horrible dolor que le produjo el "cólico frenético" a Terelu Campos. Un puesto de honor en la final lo lograría también la ilustre e ilustrada Esperanza Aguirre aunque reconoció que "no había leído nada de Sara Mago" y otro sería para Antonio Carmona, aunque el de Ketama todavía "no sabía si era niño o niña porque no le habían hecho la coreografía". Por milésimas se quedó fuera Rocío Jurado. Desgraciadamente el día de la prueba "llovía mucho, parecía el Danubio universal", por lo que no consiguió la clasificación. Lance Amstrong resultó descalificado. Según Sara Carbonero, confesó que "se había hecho transferencias de sangre". Con buena marca pero sin diploma tuvieron que conformarse Ricardo Bofill hijo, con su "barril de los recuerdos" y Yola Berrocal que "era la hormiga negra de la familia". Por edad no pudo concursar Carmen Sevilla, aunque estaba convencida de que "a pesar de ser mayor no pertenecía al Parque Jurídico". La cantante aprovechó la ocasión para enviar un saludo a Rosario Flores, "que lleva en los gérmenes el arte de su madre". Sin opción alguna terminaron la prueba Nicolás Maduro, tras pedir que "le revisen el pecho con un telescopio", George W. Bush que tendrá que "tomarse tiempo para restaurar el caos" y Mariano Rajoy por no "conseguir la confianza de los inversobres". 

sábado, 14 de agosto de 2021

Buscando rincones a la filosofía

Creo que nunca llegué a ser un alumno brillante pero, tanto mis profesores como mis padres decían que era un buen estudiante. La única asignatura que suspendí en seis años de bachillerato fue la Filosofía. El huesudo Pepito Gayoso quiso estar a la altura de su tío don Froilán (que además de cura, catedrático de latín y director del instituto era el terror de los alumnos) y se empeñó en calificar con un injusto 4 el buen examen final que hice comentando el mito de la caverna de Platón. Nunca me perdonó que le hubiera pasado el examen a un compañero (al que, por cierto, aprobó). 
A pesar de que mi vida ha ido circulando por otros derroteros académicos, cada vez que hoy levanto una piedra encuentro más sentido filosófico a la vida y voy ensanchando su contenido, que ya abarca todo lo que nos ayuda a comprender el valor de lo que no tiene precio. La verdadera amistad, el amor incondicional, los placeres, el embrujo del arte o la belleza íntima del ser humano. Quizás es filosofía la que acentúa nuestro interés por entender el mundo. Aprecio cada vez más la importancia de la mirada filosófica y la extiendo por los rincones más insospechados porque pienso que ayuda a valorar el peso de todas esas cosas importantes que no cotizan en la bolsa de los mercados de consumo.

sábado, 7 de agosto de 2021

Las apariencias engañan

Hace años recopilo todo el papel que se acerca a mi entorno cercano para reciclarlo en el contenedor correspondiente. Por otro lado y por suerte nunca me ha gustado desprenderme de los libros y los he mantenido a mi lado. Incluso doy cobijo estable a aquellos que nunca me han tentado. Uno de los que sin razones ha conseguido aguantar el paso del tiempo a mi lado es Mujer en el baño. Aunque le he pasado la mano por el lomo en ocasiones, jamás se me había pasado por la cabeza irme a la cama con esa mujer. La imagen, de viñeta de cómic pulcramente erótico, tan pop, tan publicitaria, no me excitaba lo más mínimo. Siempre me había hecho intuir una relación intrascendente, una velada sin emociones a su lado. Pensaba que mi interés caminaba por otros derroteros. No acababa de encandilarme aquella chica que me sonreía insinuante desde la bañera. Por casualidad un día nos miramos. Por lo mucho que admiro a mi paisano Manuel Rivas, porque desde que estoy jubilado camino más despacio por la vida y porque al pasar a su lado me susurró algo al oído, me he sentado esta tarde con ella y he descubierto una joya que me ha despertado los sentidos. ¡Qué fácil, qué sugerente y cuántas cosas me ha enseñado sobre mí mismo esta Mujer en el baño! Una de ellas importante es que no debemos juzgar a nadie por su aspecto. 

miércoles, 16 de junio de 2021

De cumple

Hoy cumplo setenta y uno. Son muchos ciertamente, tal vez una barbaridad, pero es un número bonito y me encuentro bien, casi diría que muy bien. Bueno, vale, es verdad, bien relativamente. Tengo que tomar pastillas a diario para combatir los arrebatos del colesterol y para que no se me desmelene la tensión. Además, estoy obligado a controlar periódicamente el crecimiento de la próstata, el nivel de coagulación de la sangre y el ritmo al que cabalga la fibrilación auricular que me acompaña hace años. Pero la verdad es que nada de eso me impide hacer una vida normal, que es de lo que, en el fondo, trata esta curiosa película que protagonizamos desde que nacemos. 
Tengo poca memoria. Me olvido de muchas cosas y la gente cercana se preocupa. Piensan si tendrá algo que ver con el Alzheimer. Yo estoy convencido de que no. Es otro de los aprendizajes que he ido puliendo con la edad. Atravesar la vida con el pasado a cuestas siempre me ha parecido un error. Es un fardo muy pesado del que hay que desprenderse para avanzar. 
Añorar eternamente lo que has perdido, seguir dándole vueltas a las cosas que salieron mal, mascullar resentimiento contra amigos que te decepcionaron o seguir soñando con el amor de juventud que no pudo ser, es algo estúpido que nos impide movernos con soltura. Yo me olvido de todo con facilidad. Desde pequeño tuve claro que cargas de ese calibre roban mucho espacio al presente, que realmente es el único tiempo que tenemos. 
Ahora me entero de que la fórmula mágica que maneja el director del Instituto Español de Investigaciones Psiquiátricas para alcanzar una felicidad razonable consiste en tener buena salud y mala memoria. ¡Como yo! ¡Qué suerte tengo! ¡Estoy de cumple y hasta sin querer soy feliz! 

martes, 8 de junio de 2021

Oponerse al indulto

Toca ahora y durante un tiempo escuchar a los partidos de una parte del  abanico —e incluso a algunos del otro lado— gritar una serie de emocionales tópicos incendiarios contra el indulto que el Gobierno baraja para con los encarcelados independentistas. Se ha descubierto que puede resultar un arma arrojadiza interesante para lanzar a las sienes del amenazante gigantón socialcomunista que nos gobierna y descabezarlo. 
Parece relativamente fácil conseguirlo, aunque ese desenfreno furibundo de nacionalismo españolista contribuya directamente a un mayor convencimiento acerca de la falta de sensibilidad en el resto de España para con la situación catalana y, en consecuencia, al crecimiento del tramo ascendente en la curva de ansias separatistas. 
Algo va muy mal en nuestra sociedad cuando resulta intolerable hablar de tolerancia, cuando se condena cualquier iniciativa que abra una puerta a la conciliación, cuando irrita las conciencias la palabra diálogo, cuando se desoye la búsqueda de entendimiento o cuando resulta imperdonable pensar en perdonar. 
Estamos decididos a apagar con gasolina el incendio independentista. Es bien cierto que las airadas manifestaciones antiindulto pueden proporcionar interesantes réditos a la derecha española, pero no parece la mejor manera de reconducir el problema, de rebajar la tensión antiespañolista o de ensanchar espacios para la sintonía entre los catalanes y el resto de los españoles. 
Cabe la posibilidad de que en breve y gracias a la venta visceral de posturas radicales, la derecha consiga recuperar el poder y hacerse sin urnas con las riendas de España, pero casi seguro que también logrará incrementar la fiebre rupturista, hasta el punto de convertir en irreversibles las ansias de independentismo total en Cataluña.

domingo, 25 de abril de 2021

La política, la verdad única y el odio

Tras cada encontronazo entre la dirigencia política añoramos más la figura de aquellos que con toda la vehemencia de la que son capaces pero sin ánimo de aniquilar a los que no estén de acuerdo con ellos, utilizando como armas poderosas la persuasión y las razones en las que sustentan sus argumentos, sin ampararse en la fe como verdad absoluta, tratan de convencer a los demás del interés de sus proyectos, del acierto de su ideas o de la conveniencia de sus decisiones, Aunque hoy por hoy sea una especie en extinción, resulta cada vez más deseable aquel político capaz de distinguirse no tanto por lo que defiende sino por el talante con el que lo defiende. 
Es imprescindible y urgente aparcar de una vez la verdad única y la mentira cargada de odio racista, no podemos seguir criminalizando a los menores inmigrantes, es preciso dejar ya de caldear los instintos más básicos en las redes sociales. Parece que no hemos aprendido nada de la catástrofe que sacudió el mundo con los judíos y los gitanos, con los homosexuales y con todo el que discrepaba con unas ideas o no comulgaba con un credo determinado. 
Somos diferentes, todos somos diferentes, pero no por ello tenemos que tomar como enemigo al que no comulgue con nuestras razones, no esté de acuerdo con nuestra forma de ver el mundo o no bese nuestra bandera. Por muchas diferencias que haya en los cimientos sobre los que construimos nuestras verdades tenemos que hablar, encontrar coincidencias, buscar común. Algo fracasa estrepitosamente en esta sociedad que estamos construyendo si pensamos que el diálogo se puede sustituir por el combate.

domingo, 18 de abril de 2021

Idiotez y sentidiño

Sentidiño ha sido elegida como palabra gallega del año. Posiblemente una elección adecuada porque cada vez se echa más en falta entre la ciudadanía esa capacidad necesaria para evaluar el entorno y actuar de manera razonable. Desgraciadamente resulta preocupante la poca inteligencia que va mostrando la sociedad actual ante los hechos a los que se enfrenta. Basta que algo se divulgue en los medios de comunicación o se extienda por las redes sociales para que se convierta en verdad universal sin necesidad alguna de análisis. Sin cuestionamiento las tecnologías nos están idiotizando, contaminan de bulos a la ciudadanía, promueven la incapacidad crítica e irradian estupidez entre la sociedad. Nos infantilizan, nos emboban. No hay más que mirar el pánico a las vacunas que ha enfangado la realidad. Suenan las alarmas televisivas y se atemoriza a la población porque en el Reino Unido han fallecido 7 personas entre 18 millones que se habían vacunado con AstraZeneca (1 muerto por cada 2,5 millones) y en Alemania han sido 9 en casi 3 millones de vacunados (1 cada 300.000). Pero no suena la misma fanfarria mediática cuando un día mueren 60 personas en España por fumar. Y al día siguiente otras 60. Y después 60 más. Eso no toca hoy, no es coronavirus, no han muerto por vacunarse. Es indecente que se paralice la vacunación por un riesgo ínfimo. Se ha inoculado un miedo absurdo a toda la sociedad. Gracias a él permitimos que Tamara Falcó espete impunemente a los asustados televidentes que es mejor no ponerse esa vacuna. Se le aplaude. Nadie le echa en cara que sus palabras contribuyen a que sigan muriendo cientos de personas cada día. Un poco de sensatez. ¡Sentidiño! 

jueves, 18 de marzo de 2021

Tiempo deshumanizado

Durante cientos de miles de años el ser humano ha ido aprendiendo a acoplar sus tiempos a los ciclos de la naturaleza, pero rodeados de asfalto y hormigón en las urbes actuales, se eclipsan las razones para entretenerse con el cántico de los pájaros y tampoco tiene sentido intentar pararse a observar la respuesta de la naturaleza ante la llegada de la primavera. El tiempo pausado de antaño ha pasado a mejor vida, ha ido acelerándose cada vez más hasta llegar al vértigo deshumanizado que vivimos en la actualidad. A nuestro alrededor los barrios van perdiendo velozmente su esencia atrofiados en las ciudades dormitorio, se ensanchan apresuradamente las vías móviles de comunicación, van desapareciendo día a día los espacios comunes para el esparcimiento y el contacto humano pasa sin remedio a ser anecdótico. Al hombre del siglo XXI lo que se le impone es que llegue lo antes posible de un punto a otro, lo demás sobra, lo que hay en el medio es inútil, hay que anularlo. El ritmo frenético nos aleja de lo real y el mundo que nos rodea lo vemos filtrado a través de las pantallas. Cada vez tenemos menos tiempo para dar valor a lo que no tiene precio en nuestras vidas. El apego, el arte, la amistad, el amor, la conversación, las alegrías, los duelos, la familia, la belleza, el buen tiempo, la charla, la puesta de sol, todo lo intenso que se cruza en nuestras vidas, todo lo que deja huella, lo que merece la pena, lo que nos proporciona sentido tenemos que tragarlo deprisa, sin paladearlo. La urgencia se ha impuesto al reposo que requiere la asimilación de sensaciones o la adquisición de conocimientos. Sin tiempo para pensar no podemos ni distinguir lo verdadero de lo falso. Nos invaden las fake news porque no somos capaces de discernir, hemos suprimido el tiempo de reflexión, nos hemos aniquilado la capacidad crítica. Lo importante es no perder tiempo, tener inmediatamente el producto que nos interesa, que nos digan a quién tenemos que votar y que el mensajero nos traiga a casa la pareja que elegimos. Hemos deshumanizado nuestro tiempo.

domingo, 14 de marzo de 2021

Buscando sentido al momento

Termino de leer El hombre en busca de sentido. Víctor Frankl, psiquiatra, judío y prisionero en Auschwitz, nos cuenta con maestría y detalle el gran revuelo que se generó entre los reclusos en el siniestro campo de concentración cuando se extendieron las expectativas de ser liberados en las Navidades de 1944. Llegado el ansiado momento pero no la liberación, las decepciones llevaron a muchos prisioneros a lanzarse contra las alambradas, a buscar la muerte por desesperación. Desgraciadamente no supieron nunca que la libertad les esperaba unas semanas más tarde. 
Es peligroso crearse muchas expectativas. La incertidumbre, la inseguridad, el riesgo, nos generan intranquilidad pero hay que asumirla. Es más fácil vivir con resultados preconcebidos, con metas cercanas, sabiendo cuándo y cómo van a ir bien las cosas. Por ello, para evitar esas dudas respecto a lo que está por venir nos creamos expectativas, nos fijamos un resultado que nos convenga, una cima reconocible, un plazo asumible, así nos tranquilizamos y superamos nuestra inestabilidad emocional. Pero ahí está el gran error. De ahí surgen las decepciones. 
Todos estamos deseando que se acabe esta situación extraña, que se vaya de una vez esta maldita pandemia que nos ha provocado tanto dolor, tantas tragedias y tanto miedo. Pero tampoco conviene generar demasiadas expectativas para ahuyentar los temores. Es lógico tener esperanzas de que las cosas se solucionen, pero no conviene prefijarlas, no debemos establecer una fecha concreta ni imaginar el aspecto de la nueva realidad que nos espera porque, de no cumplirse, caeremos en la frustación. Vamos a mantener la esperanza de que la vacuna nos libre de esta pandemia horrible, pero no nos apuremos, no fijemos fechas, no dibujemos de antemano cómo será nuestra alegría, no pongamos todavía sonrisas a los rostros que queremos abrazar, ni concretemos los lugares que ansiamos visitar. Tengamos confianza y sigamos disfrutando día a día de lo que tenemos, pero no caigamos en el error de depositar nuestra felicidad en algo que no depende de nosotros.

lunes, 8 de marzo de 2021

Se olvidaron de mi madre

Mucho lamento disentir con esta selección de mujeres que han hecho historia. Es verdad, es un puñado selecto de investigadoras, innovadoras y académicas que han logrado destacar en sus parcelas respectivas, pero echo en falta a muchas otras que no han alcanzado ninguna cumbre ni atravesado la frontera de la notoriedad. En concreto compruebo que no figura en la lista Luisa Liz. Es cierto que mi madre no era investigadora ni innovadora ni académica. No obtuvo ningún título universitario y tuvo un acceso muy limitado a la cultura. Para ser precisos, conseguía escribir su nombre a duras penas, pero eso no le impidió hacer un gran papel como codirectora de esa complicada institución que es la familia, destacar en su vida por honesta, demostrar una rebosante valentía emprendedora y triunfar reconocidamente como trabajadora infatigable. Seguro que no pasará a la historia de la humanidad, pero para mí es sobradamente merecedora de una medalla de oro. Consiguió a mediados del siglo XX encajar en el propio hogar su actividad laboral como peluquera profesional y así conciliar su vida profesional y familiar, emigró a América en busca de una fortuna que aquí se le negaba, para conseguir que sus cuatro hijos dispusiesen de los estudios que ella no había tenido y, además, es la única mujer en el mundo que soportó sumisamente durante nueve meses mis acosos en sus entrañas para poder alumbrar mi vida. Siendo justos hay que reconocer que son méritos sobrados para figurar en el selecto ramillete de mujeres que han hecho historia. ¿O no?

sábado, 20 de febrero de 2021

Esperando la hora

Sombras perturbadoras se van apoderando de la tarde. De un momento a otro vendrán a por mí. Se acaba el tiempo. Se presentarán uniformados, serios, con los informes bajo el brazo y la mirada escrutadora para apreciar en detalle mi reacción. Desde la puerta me invitarán amablemente a que les acompañe. Es muy difícil evadirse en estas circunstancias, alejarse, volar, escabullirse a dónde sea, burlar a esa parca dueña de nuestros destinos que nos persigue incansable por todos los rincones de la vida. Doy vueltas y más vueltas. Me siento otra vez en la única silla. Trato de hacer ejercicios de respiración profunda, distraerme. He leído cosas acerca de los beneficios de la meditación, esa introspección mágica que te ayuda a desvincularte del entorno. "Lo mejor que se puede hacer cuando tenemos un problema es vivirlo". Me martillea el cerebro. ¿Cómo no vivirlo si no puedes sortearlo? Trato de concentrarme en el torrente de aire entrando y saliendo de mis pulmones. Inútil, aguanto poco. Me revuelvo. Me levanto de nuevo. Recorro pasito a pasito los tres metros de habitación. Me paro ante el crucifijo. Es una imagen en la que ni reparamos. Nunca la ponen a nuestra altura, siempre más alta. Un error —pienso—, nos aleja. Y que tengamos que levantar la vista no proporciona más autoridad. Imagino a muchos suplicantes aquí. Y a muchos a los que habrá servido de consuelo. Desgraciadamente no es mi caso. Dejo al Cristo crucificado. Retomo los paseos rutinarios vuelta y vuelta. Oigo pasos. Cada vez más fuertes. Es terrible. Llega la hora. Se abre la puerta y para mi sorpresa no me altero. ¿Estoy resignado? No lo creo, nadie afronta esto con naturalidad. El operario, uniformado de verde, serio y con mascarilla, se planta en el umbral. Bajo el brazo una carpeta transparente llena de papeles. Echa una rápida ojeada al folio que lleva en la mano. Ha leído el pánico en mi rostro."No se preocupe, José Luis, no se va a enterar, esto es muy rápido". Me quiere tranquilizar. "Acompáñeme. El cirujano ya le está esperando en el quirófano". 

miércoles, 10 de febrero de 2021

Un virus en el campamento

La lección magistral que estamos obligados a llevarnos bien aprendida antes de que se de por terminado este curso intensivo en el que nos han obligado a matricularnos para superar el examen del coronavirus, es que la solidaridad no tiene nada que ver con la caridad ni con el buenismo. Hoy por hoy ser solidario es sencillamente una cuestión de inteligencia. El primer capítulo del nuevo manual de supervivencia que tenemos que aplicar empieza así: "Mientras no tratemos a todo el mundo por igual estamos perdidos". Quedas automáticamente suspendido si pretendes aplicar el viejo método del sálvese quien pueda. Ya no está en vigor. Retirado del mercado, no funciona. 
La pandemia ha puesto en evidencia que cuando se trata de cuestiones importantes no valen ni los muros de Trump ni las caceroladas del barrio de Salamanca. No existen fronteras ni clases sociales. Todos iguales. Una lección magistral a cargo del enmascarado coronavirus, el auténtico demócrata, el referente político para el futuro inmediato. Nadie puede salvarse si no se salvan los demás. Tenemos que vacunarnos todos. Incluidos los dominicanos de mi barrio, los ancianos y los niños, los Menas, los homosexuales, los que han llegado en patera, las prostitutas, los senegaleses de Lavapiés y los gitanos de la Cañada Real. Todos. También los africanos de África y los sudamericanos de Sudamérica. 
El mundo ha dejado de ser hace tiempo un conjunto de aldeas desperdigadas por su superficie. El planeta es hoy un campamento global en el que estamos todos refugiados. Y la amenaza del bicho nos obliga a pensar. Tenemos que decidir ya si seguimos adelante todos unidos, si nos liamos a caceroladas contra esta sociedad global y estúpida en la que nos hemos metido o si preferimos aislarnos eternamente del mundo tras el muro de Trump para subsistir. Es una reflexión definitiva, un examen fundamental. A los pensadores políticos de la aldea se les exige un notable alto. Nadie con dudas en este tema debería guiarnos hacia el futuro. Nuestra supervivencia depende de ello. 

domingo, 7 de febrero de 2021

La pandemia del sálvese quien pueda

Allá por el mes de diciembre, cuando empezábamos a tener cercano el horizonte con un posible final de la angustia coronavírica gracias a las vacunas, parecía que el gran problema era que se extendiese entre la población la bandera negra del miedo que agitaban algunos iluminados para no ponerse la vacuna. Los expertos pensaron que la principal dificultad a la que se enfrentarían era el rechazo a las vacunas que se esparcía por las redes sociales. Lo que nunca imaginaron era que se produjese una gran ola de comportamientos inmorales. Nunca supusieron que el gran peligro radicaba en el egoísmo, en la poca honradez y la falta de moralidad de mucha gente. Un error quizá propiciado por creer que somos buenos por naturaleza y que la pandemia, además, habría conseguido inculcarnos valores importantes, valores tan fundamentales para la sociedad actual como pueden ser la solidaridad o el sentido común. 
Pero no era así y se comprobó de inmediato que mucha gente sigue tentada a saltarse la cola. Ahora, las personas que se vacunan a hurtadillas, de espaldas al protocolo establecido, las que roban la vacuna a los más vulnerables, las que han abusado de su cargo político o jerárquico, en la iglesia, el ejército, la consejería o el ayuntamiento, deben dimitir o ser cesados de inmediato. Y debemos de obligarles a irse ya, no solo por ser unos corruptos o por su falta de ética y de pudor democrático, sino fundamentalmente porque no son el tipo de personas que queremos como responsables de lo público. Han demostrado que para ellos lo público, lo de todos, está muy por detrás de sus propios intereses. Quitarlos de ahí quizás sea la única forma de ayudar a encontrar una vacuna moral que nos inmunice contra esta pandemia impúdica del sálvese quien pueda que ataca a nuestra sociedad.

martes, 8 de diciembre de 2020

Falsos demócratas

Vamos a aceptar que es normal que los diputados conservadores del Congreso no estén de acuerdo con los presupuestos de un Gobierno progresista (por muy interesantes que puedan ser) y que voten en contra de su aprobación, pero no parece razonable que los desprecien por inaceptables si huelen que también les vaya a dar su voto afirmativo otro partido con el que no comulgan. 
Vamos a aceptar que es normal que a algunos, del partido que sean, no les guste que el PSOE se haya aliado con Unidas Podemos para formar Gobierno, pero no parece razonable que de esa alianza se concluya que el Gobierno es ilegítimo, que el sanchismo es fascismo y Sánchez un golpista.
Vamos a aceptar que es normal que haya gente que entienda que el Gobierno no ha estado acertado con la gestión de la pandemia, que se ha acelerado el desconfinamiento y que debía haber hecho pública la lista de expertos que le asesoraban, pero no parece razonable que la conclusión a la que se llegue por ello sea que el presidente del Gobierno es un asesino. 
Vamos a aceptar que es normal que entre los oficiales retirados de las Fuerzas Armadas abunden los conservadores, lo mismo que podemos presumir que entre los profesores de filosofía haya muchos progresistas o entre los agentes forestales muchos ecologistas. Pero no parece ni medianamente razonable que se dirijan al Jefe del Estado instándole a que promueva un alzamiento nacional porque la democracia actual no es como debería ser. 
Vamos a aceptar que es normal ser demócrata, pero lo que no vale es ser demócrata si y solo si los que están ahí hacen la política que nos gusta. O nos regimos por los principios democráticos o (como Groucho Marx) tenemos otros por si acaso. Si los políticos no actúan como tú quieres no les votes, pero no debes concluir por ello que la democracia es algo con lo que hay que acabar. 
Algunos piensan que "si el actual gobierno ha ganado las elecciones es porque ha habido fraude, ya que es metafísicamente imposible ganar unas elecciones siendo enemigos de la libertad, de la decencia, de la democracia y de España". Pueden pretender e incluso presumir de que piensan así porque son demócratas. Pero no. Son otra cosa.

domingo, 6 de diciembre de 2020

De allegados y vacunas


No importa mucho ahora esa cifra de fallecidos diarios que nos regalan los informativos mientras comemos. Ya ha pasado a segundo plano, estamos casi anestesiados. No importan ni los contagios ni los muertos que la pandemia nos pone encima de la mesa, ni las familias que destroza el virus cada día, lo importante es que el Gobierno nos diga si se atreve o no a prohibirnos disfrutar de unas Navidades como Dios manda. Y el Gobierno nos sale con aquello de los allegados. ¡Valiente estupidez! Otra metedura de pata por su parte porque así no podrá impedir que nos reunamos con quien nos venga en gana. Y tampoco podrá comprobar si somos ocho o doce a cenar en Nochebuena porque la ley no les permite entrar en nuestras casas así como así. Es verdad. Este Gobierno comete con frecuencia el error de pensar que los ciudadanos somos sensatos y dueños de una racionalidad suficiente como para actuar éticamente, haciendo caso de las recomendaciones, sin necesidad de que nos impongan por ley ser responsables. 
Sería fantástico esperar que no fuese necesario que nos obligasen por la fuerza a ser honestos, que se hiciesen las cosas adecuadamente sin necesidad de que sean publicadas en el Boletín Oficial, hacerlo bien no por miedo a la sanción sino por disponer de un arraigado sentido ético que nos empuje a actuar con corrección. 
Alguna polémica similar se avecina con el tema de las vacunas. Al margen de los negacionistas, que atentan contra la racionalidad de la ciencia, ya hay muchas personas normales que dicen que no quieren vacunarse o que mantienen reticencias, que prefieren esperar lo máximo posible para saber qué efectos producirán en los que sí lo hagan. Y vuelve a surgir el tema de si imponer por ley la obligatoriedad de vacunarse o anteponer la libertad de elección y que cada cual acuerde consigo mismo si debe o no hacerlo. En definitiva se trata de decidir si se puede permitir o no una objeción de conciencia a la vacunación sabiendo que no hacerlo entraña serios peligros para la salud pública. Nuevamente la ley frente a la moral. Lo ideal sería no tener siquiera que plantearse la obligatoriedad, pensar que somos suficientemente maduros y vamos a actuar éticamente pensando en que no es nuestra vida sino la de nuestro seres queridos y la de miles de ciudadanos lo que está en juego. Que no nos obliguen, que no nos lo impongan, confiemos en nuestra solidaridad. Que sea nuestra conciencia social y nuestra ética las que consigan salvar nuestras vidas y las que se apunten el éxito de acabar de una vez con la pandemia.

viernes, 4 de diciembre de 2020

Aprender a cambiar

 

Al final lo he descubierto. El problema de España no es el coronavirus ni la solución tiene que ver con el allanamiento de ninguna curva. La verdadera pandemia se llama "misoneísmo", una enfermedad que padecemos en alguna medida todos los humanos y la que realmente estamos obligados a superar. Ella es la culpable, la que causa todas esas tropelías en el Congreso y tanta crispación en la calle, la que hace que unos viejos militares pretendan que Franco siga vivo, la que produce los temblores que aquejan a Pablo Casado cuando alguien menta a Bildu, la que explica que Vox declare ilegítimo a un Gobierno salido de las urnas por socialcomunista, filoetarra y bolivariano, la que provoca que a Inés Arrimadas le parezcan aceptables unos presupuestos si y solo si no los apoyan los independentistas catalanes y vascos. 
El misoneísmo hace mucho daño porque genera en el ánimo una resistencia maligna a los cambios, un temor cancerígeno a lo que pueda venir. En román paladino viene a ser el miedo a lo desconocido. Nos negamos a aceptar cualquier cosa que cambie nuestras rutinas, que atente contra nuestros esquemas, no queremos asumir algo nuevo que ponga en riesgo aquello a lo que estamos acostumbrados y que, de alguna manera, nos sirve de apoyo. Nos cuesta aceptar que las cosas dejen de ser como eran. 
Necesitamos sobreponernos al misoneísmo, rehabilitarnos. Puede ser difícil curarse, pero hay que conseguirlo. Puede ser duro aceptar que Otegui hoy ya no sea un terrorista desalmado cuando ayer se dedicaba a matar. Nos crea dudas, nos produce desconcierto, pero hay que ganarle la batalla a la enfermedad. Este mundo global e interconectado  cambia con rapidez. Tenemos que asumir que ahora ya no podemos hacer la misma vida que antes de la pandemia, que los comunistas de hoy ya no dependen de Moscú ni son diablos con cuernos y rabo, que sus majestades los reyes también cometen tropelías punibles, que los jueces se equivocan, que España no es ya una unidad de destino en lo universal y que educar a los ciudadanos en valores éticos es más necesario que sancionarlos. Aceptarlo nos va a permitir sobrevivir. Las costumbres nos proporcionan tranquilidad pero el mundo es cambiante y cada vez a mayor velocidad. Es necesario perder el miedo al cambio, el odio a lo novedoso, librarnos de ese misoneísmo que nos agarrota y nos impide avanzar. Pretender que las cosas permanezcan como eran, es un grave error. 
Todos incorporamos hábitos, creencias y costumbres en nuestras vidas que quisiéramos que duraran eternamente, pero hoy más que nunca la eternidad dura un instante. Ese miedo a lo nuevo produce estancamiento. Más vale aceptar que todo se transforma que pasarnos la vida quejándonos de que las cosas no son como nos gustaría que fuesen. Cuanto más rápido se mueve el mundo más pronta debe ser nuestra respuesta. Para progresar es imprescindible interesarse por lo nuevo, inspeccionar caminos inéditos. O comenzamos ya la terapia para educarnos en esa disciplina del cambio o éste terminará por arrollarnos.

lunes, 30 de noviembre de 2020

Esa ministra atrevida

Es verdad que la ministra no es especialmente carismática y ahora, con la ley que pretende poner en marcha, a Isabel Celáa se le ha echado medio país encima. La mayor parte de las críticas se centran en que va a acabar con la enseñanza concertada, que quiere aniquilar el castellano y que es un ataque directo a la libertad de elección por parte de las familias. Son repetitivas máximas, recomendadas por los dirigentes contrarios a la misma y todo indica que son pocos los que se han leído la ley. 
No parece inconveniente redireccionar el rumbo que iba arrinconando a la enseñanza pública frente a la concertada. Entre 2007 y 2017 el presupuesto de ésta había crecido un 25% mientras el de la pública lo hacía un 1,4%. Cualquiera debería estar de acuerdo en aspirar a una enseñanza pública bien valorada, bien retribuída, con medios adecuados y asequible para todos los ciudadanos. Respecto al teórico aniquilamiento del castellano, la única razón se busca en el apoyo de la nueva ley a las lenguas cooficiales, como exige la Constitución, y no se entiende fácilmente que haya tanta resistencia a que los alumnos gallegos se pueda expresar correctamente en su idioma. 
Por último, la gran crítica a la ley es que atenta contra el derecho de los padres a decidir cómo educar a sus hijos. Se percibe que no se la han leído y en el fondo, se intuye que el ataque feroz no sea contra la ley sino contra la ministra osada que un día tuvo la desfachatez de decir que los hijos no pertenecían exclusivamente a sus padres. ¡Qué osadía! ¡Qué ley se puede esperar de una mujer así! 
Al margen de la mayor o menor fortuna de la frase convendría analizarla sin sonrojo. No es ningún desatino pensar que nuestros hijos no nos pertenecen en exclusiva. Pertenecen también al resto de la familia, a su grupo de amigos, a los centros de formación, a su ciudad, a su país, a la sociedad en la que se desarrollan y al mundo en el que viven. Todo su entorno está implicado en su personalidad y a él también pertenece la criatura. Ese entorno ejerce de entrenador personal de nuestro hijo, le va a guiar en su trayectoria vital para que en la misma actúe y decida entre las diferentes alternativas que se le planteen. Si la escuela ha de educar para convivir, lo razonable sería pensar que los que vayan a vivir juntos se eduquen juntos al margen de su etnia, su sexo, su clase social o la religión familiar. Y no pensando que así se llevarán bien en el futuro, sino con la intención de que así puedan conocer cuanto antes los motivos por los que podrían llevarse mal y llegar a entenderlos. 
Es lógico que los padres quieran transmitir a sus hijos los valores que consideren más interesantes, pero también parece lógico que no debieran negarles la posibilidad de acceder a otras opiniones que no sean las suyas, que les permitan conocer otros criterios diferentes, igualmente respetables. En el fondo, la educación sirve para formar a los niños de manera que puedan elegir si quieren ser como sus padres, si prefieren fijarse en otras referencias o si quieren inventarse su propia vida.

sábado, 21 de noviembre de 2020

Quisiera entender, pero me cuesta mucho

Creo que me he vuelto mayor. Hago esfuerzos por entender lo que pasa pero no lo consigo. La gente habla en el Congreso de "ese Gobierno socialcomunista" en tono amenazador. Parece que han descubierto in fraganti al autor de un delito y quieren que el resto del mundo lo sepa, que no sean ajenos al peligro que entraña su ignorancia. No lo entiendo. Yo estaba convencido de que socialistas y comunistas eran legales desde que Franco desapareció. De eso va a hacer medio siglo y la gente no lo desconoce, creo yo. Tampoco entiendo que considerando una propuesta aceptable se rechace si otros, con los que no nos llevamos muy bien, también la vean interesante. Y esto pasa con Ciudadanos y los Presupuestos Generales del Estado. No los quieren aprobar si Bildu los apoya. Dicen que no quieren colaborar con un gobierno proetarra, y tampoco lo entiendo. Bildu no es una banda terrorista, es un partido político que participa del juego democrático y quiere ser parte activa de las decisiones que se toman en el Congreso. Normal. No se entiende que alguien pretenda que no sea así. Hemos suplicado a la izquierda radical abertzale que dejase de matar, que luchase por sus ideales desde el juego democrático. Ahora, convertida en un partido legal, la rechazamos. Digo yo que con el menosprecio entenderán que les hemos engañado y que les estamos invitando a volver a la ilegalidad. No me resulta fácil entender qué se pretende. Y tampoco entiendo los gritos contra el aniquilamiento del castellano en la ley Celáa porque en ella se dice que  "El castellano y las lenguas cooficiales tienen la consideración de lenguas vehiculares, de acuerdo con la normativa aplicable". A mí, gallego, que adoro Galicia y no puedo expresarme tan bien en gallego como me gustaría, me habría encantado que en mi época se impartiesen clases en gallego. Pero estaba prohibido. Hoy, impulsados por Esperanza Aguirre hay, por suerte, muchos centros bilingües en España, en los que la lengua vehicular es el inglés. Nadie lo consideró inconstitucional entonces. Ahora sí, dicen que esta ley va en contra del artículo 3 del Título Preliminar de la Constitución. Lo busco: "El castellano es la lengua española oficial del Estado. Todos los españoles tienen el deber de conocerla y el derecho a usarla". No parece que la ley Celáa vaya a impedir a los españoles conocer el castellano o usarlo. Lo dicho, quisiera entender lo que pasa en el Congreso, pero me cuesta mucho. Creo que mi mujer tiene razón, me estoy haciendo mayor.

jueves, 19 de noviembre de 2020

Hoy es un día muy especial

Hoy es 19 de Noviembre de 2020 y es un gran día. Pero no lo es para mí (aunque sea motivo de alborozo) porque España le haya ganado por 6-0 a Alemania, ni tampoco porque el mundo por fin se vaya a librar de esa trampa letal para la humanidad llamada Trump. Ni siquiera lo pienso porque tengamos dos vacunas en la sala de espera dispuestas a hacerle frente al maldito bicho, ni porque esté disminuyendo el número de contagios. Lo digo únicamente porque al levantarme me he dado cuenta de que estoy vivo. ¡Qué maravilla! Sí, lo sé, en el fondo es una tontería, pero muchas veces una cosa insignificante nos hace reír, nos proporciona alegría, nos hace felices. Además (después me ha dado por ahí), con la ayuda de la calculadora, he sabido que hace exactamente 25.725 días que he nacido. Suena bien. Un número bonito. Por un momento he pensado que ese número importante de días hacía de hoy un día importante. Normalmente celebramos el cumpleaños porque hace un número determinado de años que andamos dando vueltas por aquí y queremos festejarlo, rescatarlo de la cotidianeidad, quitarle esa carga de monotonía que muchos días llevan consigo.  Incluso, cuando el número es un poco especial queremos hacerlo de una manera más solemne; no es lo mismo cumplir 50 años o tres cuartos de siglo que cumplir 46. Yo pienso que cumplir 25.725 días de vida es algo grande, valioso, solemne, una maravilla. Tengo intención de festejarlo. ¿Por qué no celebrar por todo lo alto mi cumpledías si es un día tan especial?

sábado, 24 de octubre de 2020

Más educación, menos problemas

No solo como consecuencia de los lamentables espectáculos que nos brindan sus señorías en el Congreso deberíamos de salir de esta pandemia con una lección aprendida: Resulta muy rentable invertir en educación. Buena parte de las crispaciones sociales, no pocos de los groseros enfrentamientos políticos y lo que es más importante, muchas vidas, se hubieran ahorrado si todos fuésemos un poco más respetuosos, más responsables, más serios, en definitiva, más educados. La educación inculca pautas morales que son fundamentales para construir sociedades más cívicas y democráticas. 
En España el gasto en educación es del 3,97% del PIB. Los países nórdicos invierten prácticamente el doble que nosotros, un poco menos del 6% Estonia o Letonia, Francia un 5,42% y Portugal el 5%. Todos tienen menos contagios por coronavirus que España. Sin duda habrá otros factores que incidan en que sea así, pero no cabe duda de que aquí nos tienen que obligar por la fuerza a tomarnos en serio lo del distanciamiento social y el uso de medidas de protección. Ni siquiera las leyes y la policía nos retienen. Somos poco respetuosos. Nos saltamos a la torera la cuarentena, burlamos el confinamiento, insultamos a los agentes si nos obligan a disolver un botellón y se abren clandestinamente los locales fuera del horario permitido. Un ciudadano ejemplar no nace, se hace. Si hay una inversión rentable, es la educación. Deberíamos doctorar a toda la población en convivencia, en empatía, en solidaridad. Jóvenes bien formados, solidarios y educados en valores son la mejor garantía de éxito futuro para un país.

domingo, 18 de octubre de 2020

El efecto mariposa

Tratando de explicar los vaivenes de la economía española y con ánimo de hacer patente la interdependencia en los mercados de la economía global, dije en cierta ocasión que “si hace frío en Nueva York se resfrían los murcianos”, pretendiendo evidenciar así las interrelaciones inevitables en este mundo nuevo cada vez más conectado. La frase llamó la atención, hubo muchos comentarios. Los más comedidos dijeron que era un exagerado y me tacharon de alarmista. En el fondo venía a ser la aplicación del llamado efecto mariposa del matemático Edward Lorenz que, en los años 60, al hacer involuntariamente una modificación de milésimas en una de las variables que utilizaba para sus estudios de predicción climatológica, llegó a resultados diametralmente opuestos a los originales. Aquello dio lugar a la teoría del caos (los resultados siempre son impredecibles) y remataba el trabajo con una sentencia que hizo historia: “el aleteo de una mariposa en Brasil puede provocar un tornado en Texas”. Hoy, en medio de esta locura pandémica actual, podemos pensar razonablemente que Lorenz se ha quedado muy corto y que realmente un aleteo imperceptible puede llegar a producir un tsunami mundial de catastróficas consecuencias. ¿Con qué frase hubiera concluido Lorenz el estudio si comprobase que el pequeño salto de un bichejo imperceptible en China llegaba a provocar la muerte de millones de personas a miles de kilómetros de distancia, destrozaba las previsiones económicas de todos los países, imponía hábitos impensables a los terrícolas y volvía completamente locos a todos los políticos del planeta?  

viernes, 16 de octubre de 2020

Ahora, adueñarse de la ciencia

La ciencia nunca nos ha interesado. Jamás los telediarios se han preocupado de los avances en física cuántica, ni de la situación en la que se encuentra la biomedicina, ni de los problemas laborales de los químicos en los laboratorios. Ahora sí. La gran marginada en las noticias ha pasado a ser clave en los editoriales de prensa y no hay tertulia que se precie si no cuenta con tres o cuatro científicos, médicos, biólogos, epidemiólogos o investigadores. Es bueno. Para encontrar vías de solución a los grandes problemas dependemos de la ciencia. Hoy la ciencia es el árbitro, el juez, la luz que ilumina esta oscuridad en la que nos ha sumido la maldita pandemia. 
Incluso se pide a gritos que se callen los políticos y que hable la ciencia. Necesitamos como nunca de la ciencia para desenmarañar el caos en el que el coronavirus nos ha envuelto y así clarificar el momento y el horizonte. Es un discurso fácil, oportunista, pero tampoco es cierto. También los árbitros tienen su corazoncito y también los focos pueden deslumbrar. Las ideologías buscan el apoyo de la ciencia para amparar sus argumentos, el sustento para las medidas (políticas) que quieren aplicar. Estamos en las mismas. No nos engañemos. Las conclusiones científicas añaden información que sirve para la toma de decisiones, pero resulta que  eso, precisamente la toma de decisiones, es la política. 
¿Son 500 nuevos contagios razón suficiente para confinar a la población? ¿Cuántos focos son necesarios para limitar la movilidad social? ¿Cómo hacerlo? ¿En el barrio? ¿Hay que hacerlo igual si es un barrio rico o uno en el que viven hacinados? ¿En toda la ciudad? ¿Cerrar a las 10 o a las 12? ¿Seis o diez personas? ¿El comité de científicos del Estado es más fiable que nuestros consagrados expertos? 
Es muy lógico buscar argumentos científicos para dar solidez a las decisiones, pero pretender que la ciencia sea apolítica es un tremendo error. La ciencia es política porque crea nuevos conocimientos que redefinen nuestros criterios, entre ellos los éticos y morales. No se pueden separar, siempre irán juntas. La ciencia tiene que servir de guía, la política tiene que decidir.