martes, 3 de diciembre de 2019

La amenaza del bicho que mata

Con 69 años ya estás metido en follones, quieras o no. Los cuerpos gastados van acumulando dificultades. Las articulaciones se resienten, la vista falla, el apetito sexual se apaga, el corazón se cansa. Las máquinas envejecen y con el paso del tiempo —como no podía ser de otra forma— cada vez a mayor velocidad. Pero eso casi es lo de menos. Lo peor es que, a estas alturas, por encima de nuestros cogotes se oye el zumbido de un enjambre de monstruos que nos acecha, se presienten esos acosadores incansables que merodean agazapados, esperando el momento en busca de una presa fácil. Ahí está ese cáncer abusador, ese bicho de las mil caras que es capaz de aparecer donde menos te lo esperas para violarte salvajemente. Asusta, acobarda y tiene capacidad para hacer mucho daño. No es fácil hacerle frente. Pero lo peor es que es voraz, escurridizo y muchas veces —casi siempre con ensañamiento— mata. A los que somos varones y encima mayores, los médicos nos advierten de su maldad y de su astucia. O mantenemos el PSA por debajo de 4 o uno de esos bichos se despierta y se lanza a por ti. Date por perdido. A mí, sin permiso por mi parte, se me ha disparado a 5,3. Sé que es una osadía, pero no le pienso pedir perdón. 

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