jueves, 18 de abril de 2013

Con retraso


Jueves, 18 de abril de 2013. Nos habíamos levantado más tarde de lo previsto. A la mayor parte nos gusta llegar a tiempo a las citas, pero no siempre lo conseguimos. A veces es imposible. Los hados están entretenidos mirando para otro lado y, por mucha voluntad que le eches, las circunstancias te enredan y no logras llegar a tiempo. No pudimos ponernos en pie a la hora convenida, estábamos muy cansados. El viaje por el desierto nos había dejado para el arrastre. En esos casos, cuando el mundo y el cuerpo se empeñan en que no, es mejor no contrariarles, simplemente hay que dejarse llevar por la corriente y asumir que no vamos a llegar a tiempo. Además, otras veces llegas a la hora en punto con una sonrisa de oreja a oreja pero el protocolo dice que deberías de haberte presentado con una antelación con la que no contabas. Y aunque llegues a tiempo también llegas tarde.
Aunque no es ésta la peor época del año, en África ahora hace calor. El pasado día 9, en pleno abril, la temperatura en Sudán era bastante dura. Estábamos en Karima. Atravesábamos esas horas asesinas del centro del día. Acabábamos de visitar las ruinas de los templos de Jebel Barkal, la montaña sagrada del reino de Napata y el sol nos castigaba sin compasión. Caminábamos a duras penas, sedientos. Sufríamos por darnos un respiro, suplicábamos unos minutos de clemencia, daríamos lo que fuera por un ratito a la sombra para recuperar el aliento. Alguien habló del bosque petrificado y nos sonó a música celestial. Pensamos que cualquier bosque puede ser adecuado para paliar algo la desazón que nos embargaba con aquel sofocón. Nos ilusionamos, pero ya desde la distancia comprendimos que no había nada que hacer, que tampoco allí íbamos a remediar el acaloramiento. Vimos claramente que no era el momento adecuado para poder gozar de una sombra bajo aquellos árboles. Llegábamos con doscientos millones de años de retraso. Tarde.

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