jueves, 11 de julio de 2024

¡Viva la justicia!

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Siiiiiiiii¡ Desde hoy soy una viuda con pensión de viudedad. Me lo he currado, pero he conseguido convencer a la Seguridad Social de que era un derecho que no se me podía negar. Te estoy escuchando decir por lo bajini: "Solo te interesa la pasta". Ya sabes que no, pero lo cierto es que me hacía poca gracia tener que pelearme en un juzgado para hacer viable un derecho que se podía haber puesto en cuestión por el mero hecho de que durante dos años tu y yo estuvimos empadronados en ciudades distintas. Y es que eso es lo que dice en teoría la norma que se aplica a las parejas de hecho: Hay que justificar cinco años de convivencia ininterrumpida en el momento del fallecimiento. Como si eso pudiera significar que los cónyuges mantienen la convivencia. 

Sucede que si uno ha pasado por el Registro Civil da igual donde esté empadronado. Tú en Boston y yo en California, pero si estuviéramos casados, aunque fuera mal casados y empadronados cada uno en una punta del mundo pero sin divorcio, el viudo o viuda sería automáticamente beneficiario de la dichosa pensión. ¿Pero no tienes lo que querías? me preguntarías tú si no me hubieras hecho la faena de irte a sabe Dios dónde.  Pues mira, verás, yo además de tranquilidad quiero justicia. Querría sobre todo tenerte a mi lado, pero eso si que no tiene vuelta de hoja, por más insistente que me ponga no te voy a resucitar. Lo sé, lo asumo, me entristece, pero no tiene solución.

 La notificación de esta noche me ha dado una alegría, como se la ha dado a Lalo y a Marga que son los que están aquí en Pontedeume conmigo y sé que Delia y Adri se van a alegrar un montón y Enrique y Teresa y las dos Marinas y Luisito y toda esa gente que nos quiere a los dos que es mucha. En fin, solo quería contarte esto para que estés tranquilo, porque en el fondo de tu alma estarías un poco preocupado. Sí, seguro. Estarías pensando por qué seré tan terco, qué trabajo me habría costado casarme con ella, aunque solo fuera porque era lo que ella quería.

En fin querido mío. Siento no tener el mismo poder de convencimiento con los muertos que con los vivos. Ahora que ya no me tengo que comer el coco buscando pruebas que justifiquen que no me separé de tu lado en ningún momento de los intensos treintaytres años que pasamos juntos voy a tener que aprender a vivir sin ti. "No vas a tener ningún problema", dirás tú aparentando un convencimiento que no tienes. Bueno, my love, creo que me voy a ir a la cama. ¿Te vienes? Sigo teniendo los pies muy calentitos.💕💕💕

sábado, 6 de julio de 2024

La mujer invisibilizada

Hoy he abierto por primera vez desde tu muerte mi correo de prensa y me he llevado una grata sorpresa. Me han escrito de Cabanillas para en primer lugar preguntarme cómo estás y en segundo preguntarnos si seguimos con la idea de exponer en ese bonito pueblo de Guadalajara. Llevaba varios días pensando en escribirle a Pilar, que es la encargada de coordinar las exposiciones, pero la verdad es que esta semana que va a finalizar he estado bastante apagada. Tanto papeleo, tanto sentirme ninguneada por las normas que rigen en esta comunidad madrileña, me han creado un abanico de sentimientos a cada cual más sofocante. Estoy más tranquila. Hoy en casa de tu maravillosa hija Delia estoy escribiéndote; a mi derecha  una triste y a la vez preciosa imagen: tú en la cama del hospital mirándola embobado y ella sonriendo con esa sonrisa tan bonita que tiene. Ayer cuando llegué y vi la foto, se la había regalado y enmarcado yo, tuve tentaciones de ponerla cara a la pared porque te traía a mi memoria en esos días en que cada vez los momentos felices eran más escasos. Pero al final la dejé donde estaba.

Me lío como las persianas. En realidad te iba a contar que tanto la de Cabanillas como Asun, me están poniendo las pilas para que empiece a retomar el tema de la exposición. Pocos instantes después de tu muerte me ilusionó mucho la idea de continuar con tu legado y llevarlo por todo el mundo. El respetable cabreo de no ser ni heredera de una de tus preciosas corbatas (dicho sea de paso ya he regalado dos), el tener que pelearme con mil y un escritos para demostrar que cumplo todos los requisitos de la mejor de las viudas, hizo que poco a poco tu imagen se fuera desvaneciendo, mi mente estaba ocupada y ofuscada por la injusta realidad de las parejas de hecho. Yo me preguntaba extrañada cómo te añoraba tan poco. No entendía nada. Hasta que de repente, un día, en el Notario éste dijo que tu estado civil en el momento de tu muerte era el de divorciado y el mío el de soltera.  Perdón, contesté yo,  éramos pareja de hecho. "Sí, pero eso aquí no cuenta". El fantasma del desamor se posó en mi cabeza como un pájaro de mal agüero:  ¿Quién era yo para ti? ¿Tan poco me querías que no te preocupaba mi futuro? Se me puso un nudo en la garganta y empecé a llorar a modo de catarata, sin poder parar. Poco a poco fue volviendo la sensatez a mi mente y afloró descarnado y sin disfraces el duelo que consciente o inconscientemente había escondido tras las peripecias de rescatar derechos o no derechos. Una mierda.

Ahora ya soy una triste viuda normal, sin herencia material pero con tristeza, una tristeza de la que a veces huyo escondiéndome en mi zona de confort; es decir, mi viejo loco, mis libros, mis películas de Netflix y de vez en cuando un empacho de helados que están consiguiendo que no solo sea una viuda desheredada sino también gorda e insufrible. 

Yo no quería hablar de mí, quería hablar de tu exposición, "Enfocando a la mujer invisibilizada", recuperar aquella ilusión de comisariar toda tu obra, hablar de ella y de ti, recordarte y mostrarte ante los que no tuvieron la suerte de conocerte como el hombre solidario que eras. En fin Josito, un abrazo grande y sentido allá donde estés. No te guardo rencor por no haberme hecho las cosas más fáciles. Siempre defendí esa grosera premisa de que además de ser un hombre maravilloso hacías pis y caca como todos los demás.  Me voy a poner guapa para ir al Generalife con tu hija, con la madre de tu hija y nuestros estupendos amigos de Madrid. Vamos a ver el Ballet de Lucía Lacarra. ¿Te acuerdas?, aquella maravillosa bailarina que entrevistamos en Peralada hace algunos años.

¡Viva la justicia!

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