sábado, 27 de abril de 2019

Las Hurdes de Buñuel

En la 2, Las Hurdes, tierra sin pan, un documental de 1933 tan vergonzante como sincero, que levantó muchos dedos amenazantes contra Buñuel en su día. Considerada una de las mejores películas documentales de la historia del cine, incluso hoy siguen vociferando gentes ofendidas con las formas y los fondos del reportaje. El gran pecado imperdonable del aragonés es haber recreado situaciones dramáticas para transmitir una realidad indigerible por el hecho de ser cruda. Es cierto que la película de Buñuel entraba en conflicto con la imagen de la España rural que entonces se quería dar, pero también es evidente que no se pretendía desvirtuar la realidad. La única intención evidente del film era denunciar el abandono en el que se encontraba entonces la comarca de Las Hurdes y, en contra de lo que piensan todavía muchos hurdanos, la película le ha hecho bien a la región, la ha dado a conocer al mundo, ha conseguido que se la tuviese en consideración y ha hecho que mucha gente acuda a visitarla. No gusta pero no tiene porque ser malo airear nuestras vergüenzas. 

jueves, 25 de abril de 2019

Elecciones a cara perro

Hay algo en esta campaña plagada de locuras que me resulta divertido. Antes, en los mítines callejeros se magnificaban a voces los logros partidarios y se vendían por lotes a bajo coste un surtido de promesas imposibles, con el propósito de arañar votos indecisos. Hoy, en las plataformas multimedia, se defienden con ladridos televisados los intratables territorios electorales de los contendientes. El PP remarca las lindes de su campo con nuevas meadas a derecha e izquierda para que Vox y Ciudadanos ahuyenten tendencias pecaminosas y tengan claros los límites. Rivera enseña amenazante los caninos a Sánchez por haber sobrepasado con los independentistas insumisos la infranqueable línea roja del respeto jurisdiccional, tal como queda recogido en el papiro que desenrolla, a la par que se enzarza cuerpo a cuerpo con Casado para hacerle saber que la posición con futuro es la suya y que no se la deja arrebatar. Sánchez, por si acaso, trata de rehuir la confrontación, se pone de lado y aprovecha para repasar en voz alta los éxitos gubernamentales que todavía no se sabe de memoria. En un respiro de la pelea, el revolucionario chaval de la coleta aprovecha para sacar un librito del bolsillo y leer. No hay que liarse a mordiscos, no hay que perder la compostura, no hay que buscar nuevas metas, ha encontrado la solución. En aquellas páginas está el acuerdo al que llegaron entre todos tiempo atrás aunque no lo recordaban, lo único que hay que hacer es ponerse manos a la obra. Los demás, a regañadientes, agachan la cabeza y se retiran a sus casetas con el rabo entre las piernas.

El enano y yo

  Dicen algunas de las personas que me conocieron en mis años mozos que yo era guapa. Yo nunca lo pensé. Ni guapa ni fea, todo lo más con &q...