domingo, 25 de abril de 2021

La política, la verdad única y el odio

Tras cada encontronazo entre la dirigencia política añoramos más la figura de aquellos que con toda la vehemencia de la que son capaces pero sin ánimo de aniquilar a los que no estén de acuerdo con ellos, utilizando como armas poderosas la persuasión y las razones en las que sustentan sus argumentos, sin ampararse en la fe como verdad absoluta, tratan de convencer a los demás del interés de sus proyectos, del acierto de su ideas o de la conveniencia de sus decisiones, Aunque hoy por hoy sea una especie en extinción, resulta cada vez más deseable aquel político capaz de distinguirse no tanto por lo que defiende sino por el talante con el que lo defiende. 
Es imprescindible y urgente aparcar de una vez la verdad única y la mentira cargada de odio racista, no podemos seguir criminalizando a los menores inmigrantes, es preciso dejar ya de caldear los instintos más básicos en las redes sociales. Parece que no hemos aprendido nada de la catástrofe que sacudió el mundo con los judíos y los gitanos, con los homosexuales y con todo el que discrepaba con unas ideas o no comulgaba con un credo determinado. 
Somos diferentes, todos somos diferentes, pero no por ello tenemos que tomar como enemigo al que no comulgue con nuestras razones, no esté de acuerdo con nuestra forma de ver el mundo o no bese nuestra bandera. Por muchas diferencias que haya en los cimientos sobre los que construimos nuestras verdades tenemos que hablar, encontrar coincidencias, buscar común. Algo fracasa estrepitosamente en esta sociedad que estamos construyendo si pensamos que el diálogo se puede sustituir por el combate.

domingo, 18 de abril de 2021

Idiotez y sentidiño

Sentidiño ha sido elegida como palabra gallega del año. Posiblemente una elección adecuada porque cada vez se echa más en falta entre la ciudadanía esa capacidad necesaria para evaluar el entorno y actuar de manera razonable. Desgraciadamente resulta preocupante la poca inteligencia que va mostrando la sociedad actual ante los hechos a los que se enfrenta. Basta que algo se divulgue en los medios de comunicación o se extienda por las redes sociales para que se convierta en verdad universal sin necesidad alguna de análisis. Sin cuestionamiento las tecnologías nos están idiotizando, contaminan de bulos a la ciudadanía, promueven la incapacidad crítica e irradian estupidez entre la sociedad. Nos infantilizan, nos emboban. No hay más que mirar el pánico a las vacunas que ha enfangado la realidad. Suenan las alarmas televisivas y se atemoriza a la población porque en el Reino Unido han fallecido 7 personas entre 18 millones que se habían vacunado con AstraZeneca (1 muerto por cada 2,5 millones) y en Alemania han sido 9 en casi 3 millones de vacunados (1 cada 300.000). Pero no suena la misma fanfarria mediática cuando un día mueren 60 personas en España por fumar. Y al día siguiente otras 60. Y después 60 más. Eso no toca hoy, no es coronavirus, no han muerto por vacunarse. Es indecente que se paralice la vacunación por un riesgo ínfimo. Se ha inoculado un miedo absurdo a toda la sociedad. Gracias a él permitimos que Tamara Falcó espete impunemente a los asustados televidentes que es mejor no ponerse esa vacuna. Se le aplaude. Nadie le echa en cara que sus palabras contribuyen a que sigan muriendo cientos de personas cada día. Un poco de sensatez. ¡Sentidiño! 

El enano y yo

  Dicen algunas de las personas que me conocieron en mis años mozos que yo era guapa. Yo nunca lo pensé. Ni guapa ni fea, todo lo más con &q...