jueves, 18 de marzo de 2021

Tiempo deshumanizado

Durante cientos de miles de años el ser humano ha ido aprendiendo a acoplar sus tiempos a los ciclos de la naturaleza, pero rodeados de asfalto y hormigón en las urbes actuales, se eclipsan las razones para entretenerse con el cántico de los pájaros y tampoco tiene sentido intentar pararse a observar la respuesta de la naturaleza ante la llegada de la primavera. El tiempo pausado de antaño ha pasado a mejor vida, ha ido acelerándose cada vez más hasta llegar al vértigo deshumanizado que vivimos en la actualidad. A nuestro alrededor los barrios van perdiendo velozmente su esencia atrofiados en las ciudades dormitorio, se ensanchan apresuradamente las vías móviles de comunicación, van desapareciendo día a día los espacios comunes para el esparcimiento y el contacto humano pasa sin remedio a ser anecdótico. Al hombre del siglo XXI lo que se le impone es que llegue lo antes posible de un punto a otro, lo demás sobra, lo que hay en el medio es inútil, hay que anularlo. El ritmo frenético nos aleja de lo real y el mundo que nos rodea lo vemos filtrado a través de las pantallas. Cada vez tenemos menos tiempo para dar valor a lo que no tiene precio en nuestras vidas. El apego, el arte, la amistad, el amor, la conversación, las alegrías, los duelos, la familia, la belleza, el buen tiempo, la charla, la puesta de sol, todo lo intenso que se cruza en nuestras vidas, todo lo que deja huella, lo que merece la pena, lo que nos proporciona sentido tenemos que tragarlo deprisa, sin paladearlo. La urgencia se ha impuesto al reposo que requiere la asimilación de sensaciones o la adquisición de conocimientos. Sin tiempo para pensar no podemos ni distinguir lo verdadero de lo falso. Nos invaden las fake news porque no somos capaces de discernir, hemos suprimido el tiempo de reflexión, nos hemos aniquilado la capacidad crítica. Lo importante es no perder tiempo, tener inmediatamente el producto que nos interesa, que nos digan a quién tenemos que votar y que el mensajero nos traiga a casa la pareja que elegimos. Hemos deshumanizado nuestro tiempo.

domingo, 14 de marzo de 2021

Buscando sentido al momento

Termino de leer El hombre en busca de sentido. Víctor Frankl, psiquiatra, judío y prisionero en Auschwitz, nos cuenta con maestría y detalle el gran revuelo que se generó entre los reclusos en el siniestro campo de concentración cuando se extendieron las expectativas de ser liberados en las Navidades de 1944. Llegado el ansiado momento pero no la liberación, las decepciones llevaron a muchos prisioneros a lanzarse contra las alambradas, a buscar la muerte por desesperación. Desgraciadamente no supieron nunca que la libertad les esperaba unas semanas más tarde. 
Es peligroso crearse muchas expectativas. La incertidumbre, la inseguridad, el riesgo, nos generan intranquilidad pero hay que asumirla. Es más fácil vivir con resultados preconcebidos, con metas cercanas, sabiendo cuándo y cómo van a ir bien las cosas. Por ello, para evitar esas dudas respecto a lo que está por venir nos creamos expectativas, nos fijamos un resultado que nos convenga, una cima reconocible, un plazo asumible, así nos tranquilizamos y superamos nuestra inestabilidad emocional. Pero ahí está el gran error. De ahí surgen las decepciones. 
Todos estamos deseando que se acabe esta situación extraña, que se vaya de una vez esta maldita pandemia que nos ha provocado tanto dolor, tantas tragedias y tanto miedo. Pero tampoco conviene generar demasiadas expectativas para ahuyentar los temores. Es lógico tener esperanzas de que las cosas se solucionen, pero no conviene prefijarlas, no debemos establecer una fecha concreta ni imaginar el aspecto de la nueva realidad que nos espera porque, de no cumplirse, caeremos en la frustación. Vamos a mantener la esperanza de que la vacuna nos libre de esta pandemia horrible, pero no nos apuremos, no fijemos fechas, no dibujemos de antemano cómo será nuestra alegría, no pongamos todavía sonrisas a los rostros que queremos abrazar, ni concretemos los lugares que ansiamos visitar. Tengamos confianza y sigamos disfrutando día a día de lo que tenemos, pero no caigamos en el error de depositar nuestra felicidad en algo que no depende de nosotros.

lunes, 8 de marzo de 2021

Se olvidaron de mi madre

Mucho lamento disentir con esta selección de mujeres que han hecho historia. Es verdad, es un puñado selecto de investigadoras, innovadoras y académicas que han logrado destacar en sus parcelas respectivas, pero echo en falta a muchas otras que no han alcanzado ninguna cumbre ni atravesado la frontera de la notoriedad. En concreto compruebo que no figura en la lista Luisa Liz. Es cierto que mi madre no era investigadora ni innovadora ni académica. No obtuvo ningún título universitario y tuvo un acceso muy limitado a la cultura. Para ser precisos, conseguía escribir su nombre a duras penas, pero eso no le impidió hacer un gran papel como codirectora de esa complicada institución que es la familia, destacar en su vida por honesta, demostrar una rebosante valentía emprendedora y triunfar reconocidamente como trabajadora infatigable. Seguro que no pasará a la historia de la humanidad, pero para mí es sobradamente merecedora de una medalla de oro. Consiguió a mediados del siglo XX encajar en el propio hogar su actividad laboral como peluquera profesional y así conciliar su vida profesional y familiar, emigró a América en busca de una fortuna que aquí se le negaba, para conseguir que sus cuatro hijos dispusiesen de los estudios que ella no había tenido y, además, es la única mujer en el mundo que soportó sumisamente durante nueve meses mis acosos en sus entrañas para poder alumbrar mi vida. Siendo justos hay que reconocer que son méritos sobrados para figurar en el selecto ramillete de mujeres que han hecho historia. ¿O no?

El enano y yo

  Dicen algunas de las personas que me conocieron en mis años mozos que yo era guapa. Yo nunca lo pensé. Ni guapa ni fea, todo lo más con &q...