viernes, 16 de febrero de 2024

Ciudades deshumanizadas

Regresamos a Madrid. La vuelta a la gran ciudad después de unos días de disfrute de la naturaleza en Galicia resulta cada vez más triste. Las urbes del siglo XXI han perdido casi por completo su papel tradicional de lugares habitables. Cada vez quedan más reducidos los espacios de ocio, el centro histórico se transforma a pasos agigantados en un gigantesco centro comercial, mientras los barrios adormecen convertidos en dormitorios, se saturan las calles de vehículos y se marginan las áreas de recreo. 

Hay que maximizar el tiempo para rendir mejor. Importa la velocidad del tránsito, no el camino por el que transitamos. Interesa que no haya tiempo para la reflexión, que no haya tiempo para el goce. Hay que circular sin entretenerse, todo deprisa con el objetivo de disminuir la distracción y de evitar las pausas de los ciudadanos, que no nos entretengamos en pensar demasiado, en pararnos a disfrutar con una puesta de sol o en apreciar la belleza de cualquier rincón urbano. Todo ello lo vamos perdiendo en favor del consumismo, del take away, del todo a cien o de los fast food. Las ciudades se uniformizan, da lo mismo caminar por el centro de Madrid que por el centro de Estrasburgo. 

Aunque es difícil de cuantificar, se sabe que la calidad de los espacios públicos influye en la felicidad de sus habitantes. En una época en la que cada centímetro de suelo se aprovecha para fines privados y comerciales, se empiezan a apreciar las nefastas consecuencias de la desaparición del espacio público. Las ciudades pierden vida y sus habitantes se ahogan. Actualmente, diversos organismos están evaluando la carga atribuible a la contaminación atmosférica de los ingresos hospitalarios. Han comenzado por Madrid y casi 14.000 ingresos al año son achacables a ella. Los datos, una vez más, hablan por sí solos. 

lunes, 12 de febrero de 2024

Escribir, ¿para qué?

    Recupero casualmente una agenda del año 1967 en la que apuntaba una serie de cosas que me sucedían entonces, a mis 17 años, en relación con mis amigos, con mi primera novia de verdad, con mi estado de ánimo o con mis estudios. Desde siempre he tenido la tentación de escribir y es cierto que, aunque uno escriba sobre naturaleza, sobre deporte o sobre ciencia, lo que se plasma está en relación con las tripas del autor. 

    Creo en la escritura, creo que siempre es bueno parar el reloj un rato para dedicarlo a intimar con uno mismo. Escribir es terapéutico, es una introspección. Sirve para meditar, para reflexionar sobre todo aquello que nos ocupa, para ordenar nuestra ideas y para conocernos mejor. Yo escribo para saber qué pienso. Tanto la escritura como la relectura de lo ya escrito nos abren caminos nuevos e incluso nos brindan la  oportunidad de modificar nuestra forma de actuar hasta cambiar el sentido de nuestras vidas. Resulta curioso concluir que somos como somos según lo que hayamos escrito. 

domingo, 4 de febrero de 2024

El cáncer, la vida y Diógenes

    El cáncer es un peligro pero también puede suponer una ayuda importante en la búsqueda de una vida sencilla y más auténtica, una vida más autónoma que nos permita esquivar las restricciones sociales y los descontentos propios con nosotros mismos.

    A mí la aparición del cáncer me ha permitido comprobar que la felicidad no hay que buscarla en la riqueza, el poder, el protagonismo o la fama, sino en nuestra satisfacción con nuestra forma de sentir. Ahora quiero encontrar un estado interior de tranquilidad, independiente de las circunstancias externas.

    No sé porqué pienso que el cáncer me ha hecho minimalista y me va acercando a Diógenes, aquel filósofo hoy tan mal visto, pero que en el fondo lo único que pretendía era vivir de acuerdo con la naturaleza y rechazar los placeres mundanos y las comodidades materiales, argumentando que estas no eran necesarias para una vida plena. Yo no me veo viviendo en un barril pero, como él, cada día siento más la presión de las ataduras sociales de las que me quiero desentender y cada vez me sobran más cosas materiales. Ahora mi aspiración es poseer solamente aquello que me haga feliz, lo demás me estorba, no me deja apreciar bien lo que verdaderamente merece la pena, no me hace falta.

viernes, 2 de febrero de 2024

Convivir con el otro

    Mis amigos me quieren. No tengo ninguna duda. Conocedores de mi momento, tratan de inmunizar mi ego contra el ataque de este bicho que me ataca desde hace un año. Me alientan: “Afrontando esta guerra como tú lo haces, ya la has ganado”, “Tú eres muy fuerte, vencerás al bicho”, “Has librado con éxito mil batallas, en ésta también ganarás”. 

    Las agradezco todas de corazón porque sé que salen del alma, pero estoy convencido de que la única fuerza que tengo es la de estar entrenado para saber aceptar la realidad. Coincido sin querer con Nietzsche en que la voluntad es la verdadera esencia de la realidad. A la vez, no ignoro que hay muchas personas que se han enfrentado al cáncer con entereza y no han conseguido vencer. Tampoco sé muy bien en qué consiste esto de ganarle la batalla al cáncer, ni tengo sensación alguna de intentar derrotar a un enemigo. No quiero eliminar del mapa al bicho, lo mismo que no creo que sea solución exterminar a los palestinos ni a los independentistas catalanes para encontrar la paz. Yo lo que quiero es que ese tumor cancerígeno no sea mi enemigo, lo que quiero es convivir con él y tengo la esperanza de que, aunque complicado, sea posible.

jueves, 1 de febrero de 2024

El mar llora

    Hace algo más de un mes a un mastodóndico portacontenedores flotante de 300 metros de eslora llamado Toconao se le cayeron al mar frente a las costas de Portugal seis gigantescos contenedores, uno de ellos con mil sacos de microplásticos, que no tardaron en saturar de diminutas y peligrosas bolitas blancas los paradisíacos arenales de las playas gallegas. 
    Nuestros dirigentes nos alientan a ser un poco más ecologistas, a que utilicemos bolsas de papel cuando vayamos al súper o que reciclemos las botellas de plástico, algo que (por la machacona insistencia televisiva o por miedo a posibles sanciones) terminamos haciendo religiosamente la mayor parte de los ciudadanos. 
    Desgraciadamente nuestro empeño en ser respetuosos con el medio ambiente es insignificante frente a una desgracia de esta naturaleza. Estamos convirtiendo nuestros mares en estercoleros de plástico y la naturaleza nos muestra su descontento por las agresiones. Llora. Manifiesta abiertamente su disgusto y nos manda sus críticos mensajes a través de esos pellets que nos devuelve, por medio de esas “lágrimas” con las que el sensible escritor gallego Manuel Rivas denominó a los vertidos que han ido llegando a nuestras playas.

El enano y yo

  Dicen algunas de las personas que me conocieron en mis años mozos que yo era guapa. Yo nunca lo pensé. Ni guapa ni fea, todo lo más con &q...