martes, 25 de junio de 2024

Miedos, fobias y contratos de amor

 

Mi querido viejo loco llevo muchos días escribiéndote en mi cabeza, a veces cabreada a veces triste y a veces qué se yo. Es cierto que las experiencias más duras de la vida son las que más nos enseñan, las que nos descubren claramente de qué pie cojeamos y qué debemos hacer para solucionarlo. Sucede que yo siempre he sido una persona luchadora y convencida de que hay que correr hasta llegar a la meta. También desde que tú, perdón, tú no, la "colangi" te llevó a sabe Dios dónde, no acabo de ubicarme. Si, estoy todo el día haciendo cosas, combatiendo la tristeza con actividad. ¿Te querrás creer que desde que tú te has muerto subo en el ascensor sola? No es que haya perdido la claustrofobia, es que no pienso en ella, me miro en el espejo, veo lo "gordita" que me estoy poniendo y cuando me quiero dar cuenta se han abierto las puertas del ascensor. Hoy subí en el de mi hermana que da mucho más miedo porque es mas cerrado todavía. Entonces lo que hice fue cerrar los ojos hasta que se abrió la puerta.

Al final va a resultar que te tenías que morir tú para que yo perdiera mis fobias. Reconoce que no las soportabas. Te jodió mucho que decidiera montar en avión después de unas cuantas sesiones con Helga. Nunca entendiste que por muy grande que sea el amor el miedo es un sentimiento muy potente, devastador. Ahora tengo que dormir sola por narices, porque no se trata de buscarme a alguien que vele mis noches. Al final va a tener razón Helga. Ella decía que mi único miedo era perderte, que me dejaras; lo demás eran tapaderas. Según los psicólogos los miedos auténticos no dan la cara, se esconden tras otros miedos más físicos. Si eso fuera así, ahora que ya no puedo tener miedo a perderte porque te he perdido sin solución se me tendrían que ir todos los miedos. 

Cuando empezó nuestra relación tu estabas herido de muerte, la separación de la madre de tus hijos había revolucionado tu mundo emocional. El primer día que me hablaste de tu situación me pareciste una persona fría era como si estuvieras describiendo algo ajeno a ti. "A mí nunca me podría gustar un tío tan frío", pensé. En medio de tu sufrimiento, yo, una estudiante de periodismo desenfadada y estilosilla te hacía gracia, sacaste a flote tu lado seductor y me enamoré. Tu no, entonces todavía no. Lo cierto es que nuestra relación como los buenos vinos fue ganando calidad con los años. Por entonces yo no pensaba en el matrimonio, me daba igual, solo quería pasar la vida a tu lado, hasta que la muerte nos separara como así ha sido.

Pero llegó un momento, según se fue afianzando nuestra relación y como consecuencia la recuperación de mi ego, que me quise casar; me parecía lo lógico y lo justo. Llevábamos muchos años juntos, tantos como para celebrar las bodas de plata y todavía no habíamos pasado por el juzgado. No podía ser. Yo me quería casar. Tú no. Insistí, recordé lo que me había dicho al respecto el sabio Enrique :"la mayor parte de los hombres no nos queremos casar, pero es cuestión de insistir, al final cedes". Seguí el consejo de Enrique y Josito me dijo: "Como quieras, nos casamos, pero estoy convencido de que será malo para nosotros". Esa frase me dejaba siempre fuera de combate. Me la tomaba al pie de la letra, me la creía a pies juntillas, y al final la que cedía era yo.

El caso es que con el tiempo volví a la carga y esta vez en vez de casarnos nos hicimos pareja de hecho, digamos que él tampoco veía la necesidad, pero era como un mal menor. "Josito debíamos hacer testamento" le dije un día. ¿Para qué? me preguntó él. Porque si te pasara algo yo querría seguir viviendo en esta casa.  A mí hablar de estas cosas me costaba un dolor de estómago, creo que se me empezó a llenar la vesícula de pedruscos con este contencioso. Él estaba convencido de que como pareja de hecho teníamos los mismos derechos que un matrimonio civil. Pero estaba equivocado. Y yo más todavía porque siendo como era la interesada en hacer un contrato en condiciones, que es lo que es el matrimonio, tenía que haber investigado y entonces me habría enterado de lo que me he enterado ahora. 

Lo de los derechos hereditarios de las parejas de hecho es diferente en cada  Comunidad Autónoma. Si te emparejas en Cataluña tienes los mismos derechos que los miembros de un matrimonio civil, además de la pensión de viudedad. En Madrid, solo esto último y hay que demostrarlo, a mí después de 33 años de convivencia me está costando. Lo de los derechos hereditarios no me va a costar nada porque en esta comunidad no existen; es decir ni usufructo ni pollo frito, ná de ná. Yo tengo la suerte de que Delia y Adri quieren que esta casa sea la casa de los tres hasta que la muerte nos separe, pero no siempre es así. Lo digo porque tengo una amiga que su novio le dice que es lo mismo una cosa que la otra. Pues no.


    

jueves, 20 de junio de 2024

El enano y yo

 

Dicen algunas de las personas que me conocieron en mis años mozos que yo era guapa. Yo nunca lo pensé. Ni guapa ni fea, todo lo más con "xeito". Muchos años atrás, antes de alcanzar la edad en la que el físico empieza a florecer, tenía una vecina que se llamaba como yo. Era lo único que teníamos en común. Dolores, mi vecina era una niña aplicada, obediente, aparentemente sumisa. A mi madre le parecía perfecta como amiga de su hija la pequeña: Por aquellos entonces yo era simplemente una niña buena, con una bondad que venía de fábrica, como que no tenía mérito. En vez de estudiar prefería soñar y por eso me leía todos los libros que pasaban por mis manos, desde las colecciones enteras de Enid Blyton, Escelicer, José Luis Martín Vigil y, como no, la ultra romántica Corín Tellado: Las asignaturas del cole las miraba por encima, no llamaban mi atención, excepto las matemáticas, la literatura y los idiomas. Así que mis notas finales solían ser un desastre. En aquellos días yo estaba convencida de que la gente me veía fea, ojo, la gente, yo no. Me miraba en el espejo y veía una cara con expresión dulce, ojos oscuros bonitos, una nariz que aunque fuera un poco más pequeña no le pasaba nada, pero tampoco desafinaba, y una boca discreta, de las que habrían triunfado en el siglo XVIII.  "Pues yo no me veo fea -le decía a la imagen que me devolvía el espejo- en realidad tengo cara de niña buena, que es lo que soy, pero fea...". "A lo mejor me pasa como a alguna de mis compis del cole que son feas a rabiar pero no se enteran porque no tienen una vecina gilipollas y acomplejada como era la del segundo izquierda". Mi amiga Dolores, que se convirtió en amiga por insistencia de mi madre, me llamaba Potofea. Lo de Potó es un apodo que me puso mi primo Enrique, un excelente cantante de ópera, formado por el gran Alfredo Kraus, y que nunca fue capaz de actuar en un escenario porque tenía miedo escénico. En mi familia hay personajes muy peculiares, supongo que como en todas las familias.

El caso es que él me puso Potó, luego vino la coña del Potofé que creo que era un producto que se le echaba a la sopa y, después, la vecina del segundo me bautizó con el insufrible "Potofea". Con ese nombre y teniendo en cuenta que no existían ni las redes sociales ni Internet,  crecí con el convencimiento de que ni me iba a casar ni iba a tener hijos, salvo en mis sueños. En mis sueños siempre me quedaba embarazada pero me despertaba antes de parir y mucho antes todavía de pasar por la vicaría. 

 Luego con el paso de los años empecé a tener éxito entre el género masculino, pero nunca acertaba; los que me gustaban apenas se fijaban en mí y los que estaban por mí no me gustaban. Un día una psiquiatra me dijo que eso me pasaba porque huía del compromiso. ¡Valiente chorrada! No sé por qué me estoy enrollando con estos recuerdos. Al comenzar este viejo loco iba a hablar del cabreo monumental que tengo con Josito y conmigo misma. Por eso hoy no me dirijo a él. No sé si en uno de estos escritos conté que me enamoré de Josito a lo bestia, como si nunca antes hubiera sabido lo que era el amor. Había vivido con anterioridad un primer amor platónico que me duró muchos años debido a la fábula que me creé en mi  corintelleada mente y de la que desperté de golpe cuando en la vida de Chano apareció Claire, una maravillosa americana con la que es muy feliz. 

Siempre afirmé y con convencimiento que yo era mujer de un solo hombre. Sucede que hasta que apareció el definitivo pasaron muchos años, y muchos hombres también. Un día haciendo una prueba de imagen en la Facultad de Ciencias de la Información oí a mis espaldas una voz que me puso la piel de gallina, profunda, varonil y con acentiño gallego. Me di la vuelta y me encontré con la intensa mirada de un hombre bastante guapo, con bigote, fuerte, bajito, camisa de cuadros y una cámara de fotos colgada del hombro. No era ni de lejos mi tipo; o eso creía yo. Nos pusimos a hablar y me quedé fascinada por su mirada y por su forma de escuchar. Era la primera vez en mi vida que tenía frente a mí a alguien que me prestaba una atención tan cautivadora. Me sentí... no sabría cómo explicarlo, ¿fascinante,  quizás? No sé, pero me encantó la sensación. Tardé bastante tiempo en descubrir que aquel gallego moreno, bajito y con bigote era un autentico seductor. Yo una parva sin remedio. "Si no me quieres me lo dices", me espetó por teléfono un día después de darme un plantón en toda regla y a sabiendas de que mi voz no iba a ser capaz de disimular el cabreo que tenía. Josito, José Luis entonces, siempre tuvo la habilidad de llevarme al huerto casi sin el mínimo esfuerzo. Era muy muy listo y yo estaba peligrosamente enamorada, con ese enamoramiento que sufrimos algunas personas y que a veces nos lleva a pensar que el objeto de nuestro amor no hace ni pis ni caca. Pero todos los mortales, hombres, mujeres o lo que sean cumplen con el señor Roca y si no cumplen se lo tienen que hacer mirar.  Me fui enamorando del seductor gallego casi sin darme cuenta; la primera en saberlo fue Asun, su mujer con la que aún vivía. "Esa chica está loca por ti, pero a ti no se te ve tan enganchado". Y tal cual se lo dijo su santa, me lo cascó él a mí. Yo todavía no había cerrado la boca de lo descolocada que me dejó la frasecita, cuando me la cerró él con un beso de película, de esos que te dejan kao. Me fui a mi casa con la duda de que la flojera que se había agarrado a mis piernas me permitiera subir las escaleras. No sé ni como conseguí abrir la puerta de casa. ¿Qué me estaba pasando? ¿Estaba enamorada de ese enano gallego cuando a mí siempre me habían gustado de 1,80 para arriba? Y además estaba casado. Y yo era de las que siempre habían dicho que para mí un hombre casado era como un cura. Pue sí, me había enamorado de un lucense llamado José Luis y apodado por su panda como "el enano". Lo del cabreo queda para el próximo capítulo.



Carta a mi querido papi


Hace justo un mes que nos dejaste. Desde entonces (20/05/2024 a las 10:30h) y hasta hoy no me he sentido con fuerzas para casi nada; mi día a día es ir retomando la rutina con un vacío que supongo se quedará para siempre. Aunque intento estar en paz con la situación, con que tenía que ser así, me cuesta muchísimo papi. Esto de no tenerte se me está haciendo muy cuesta arriba. Creo que a nivel emocional ha sido, con diferencia, lo peor que me ha pasado en la vida.

En tus escritos afirmabas que no tenías ninguna intención de vencer al bicho, o ganar la batalla, o esas frases que te decía la gente. Ahora lo entiendo todo; solo querías una convivencia pacífica con él, sin molestaros. Querías que te dejara vivir tranquilo. Pero esa sabandija, igual que otras que rondaron por tu vida, fue cruel y despiadada. De cualquier manera, entiendo tu postura porque tú ya les habías ganado desde siempre. Tus ganas ganaron, papá. Eres tan bueno que tus ganas siempre han ganado. Lo cierto es que me encanta recordarte; aunque me provoque todavía dolor y tristeza, pese a que llore y sufra, quiero tenerte en mi memoria. Es una forma de sentir que sigues conmigo y quiero que siempre sea así. Mi mayor temor es que con tu ausencia física se vaya borrando también tu recuerdo. No quiero que eso ocurra, no lo voy a permitir. Es por eso que mi forma de afrontar el duelo puede resultar un poco peculiar, quizás demasiado intensa: poniéndome tu ropa, coleccionando tus objetos simbólicos, hablando y besando tus fotos... Incluso había pensado en guardar en un bote parte de tus cenizas para tenerlas siempre. Las actitudes que, antes de perder a una de las personas que más quieres en el mundo, pueden sonar algo macabras, se ven diferentes cuando las vives en primera persona y te agarras hasta a un clavo ardiendo con tal de calmar el dolor del alma. Todo esto, papi, es porque no quiero dejar de recordarte. Dicen que solo muere quien se olvida, así que tú siempre estarás conmigo porque nunca te voy a olvidar.

Esta parte de mi duelo es la más emotiva. Hay otra parte, papá, que lo que contiene es ira y rencor. Sobre todo hacia cierta gente por la que diste todo y no te agradecieron nada. Creo que no hace falta mencionar de quien se trata. Lo peor es no poder dejar de sentir rabia e impotencia. Te hicieron hasta una misa/teatro. Montaron un "show" para auto consolarse entre ellos. 

Por mucho circo que monten, siempre vivirán con la culpa del daño que te produjeron. Ni que decir tiene, que a nosotros tres no nos han dado ni un pésame ni medio y no conformes con semejante falta de respeto, pusieron además una esquela en el periódico de Lugo nombrando a tus hermanos, sobrinos, etc. Sin nombrarnos a nosotros,  tu mujer y tus hijos. Con esto me reafirmo en mi teoría de que los lazos de sangre son una sandez. Por suerte no eres como ellos. Tú eres un corazón puro y lleno de bondad. Menos mal que al final te diste cuenta de que no se portaron bien y de que no te merecían; y lo sé, porque dicen que un enfermo cuando está terminal, espera a sus seres queridos para despedirse. Tú nos esperaste a nosotros, a Lola, a Adri y a mí y te fuiste sereno y en paz, con nosotros a tu lado. A los otros no los esperaste. Gracias papá. Esa despedida íntima, en exclusiva, es el mejor regalo que me has podido hacer. Te quiero. Delia.


domingo, 16 de junio de 2024

Feliz cumpleaños Papi

 

Feliz cumpleaños Papi/Josito. Me lo acaba de recordar Delia: ¿No es hoy el cumpleaños de Papi? Yo inmersa en terminar el viejo loco anterior había olvidado que si la Parka no nos hubiera hecho la puñeta, hoy, 16 de junio, cumplirías 74 años, un chaval. ¡Qué putada! Con la de cosas que querías hacer. Siempre decías que no te iba a dar tiempo a hacer todo lo que te apetecía:  volver a África, conocer el centro construido por Rodolfo gracias a tu gran estilo para hacer un agujero en los bolsillos de tu multitud de amig@s. Querías seguir escribiendo, fotografiando, haciendo exposiciones, compartir momentos de charla, pan y vino con todos tus amores, pero la democrática muerte fijó sus crueles ojos en ti y a pesar de que nos batimos con ella con todas nuestras fuerzas, nos ganó la partida.

Como regalo de cumple te diré que hoy estoy en Granada con Delia y Adri. La disculpa un ballet en los impresionante Jardines del Generalife. Fue ayer noche y me pasé toda la actuación llorando, diarrea lacrimógena le llamo yo. Un entorno maravilloso, Delia totalmente subyugada por la grabación musical de la ORCAM (Orquesta y coro de la Comunidad de Madrid), no pestañeaba. A mí me empezaron a caer las lágrimas, era tu cumpleaños y yo estaba allí sin poder coger tu mano y sentir como jugueteabas con mis dedos. 

 Recordaba otros momentos similares, cuando íbamos a ver bailar a Delia o a Mireia. Se agolparon en mi mente multitud de recuerdos mientras el aristócrata James se dejaba seducir por una etérea Silfide. Me acordaba de las actuaciones de danza en el desaparecido Teatro de Madrid, en el que tantos buenos espectáculos hemos disfrutado los dos juntos. Al teatro también le cazó La Parca. Todo lo bueno acaba por esfumarse, y lo malo también. Menos mal.

Hoy hemos comido en La Zubia, en la preciosa casa de Asun y Ricardo y hemos brindado los tres por tu 74 cumpleaños.  La verdad es que me gusta la madre de tus hijos, es acogedora, cariñosa y jovial. He estado veces contadas con ella; la primera con motivo de una operación de oído que le hicieron a Delia y vino a Madrid para estar con ella. Lógico. Previamente me lo comentó. "Quiero dormir con ella en el hospital. ¿Te importa?" Solo faltaría. Ella era y es su madre, siempre lo tuve claro. Esa primera vez estuvimos un largo rato charlando en el bar del hospital y me pareció una mujer muy atractiva, no solo por su físico que también sino por su forma de comunicarse conmigo. Creo que no la volví a ver hasta la primera comunión de Delia, que realmente ahora no recuerdo si fue antes o después de la operación. Hablé una vez por teléfono con ella y seguí sintiendo una corriente de empatía.

Ahora tenemos más trato. Como autodenominada jefa de prensa de mi marido decidí un día preguntarle a Adri qué le parecería a su madre si le pedía ayuda para encontrar sala de exposiciones en Granada para tu exposición fotográfica "Enfocando a la mujer silenciada". A Adri le pareció bien, la llamó, me la pasó y empezó nuestra pequeña gran relación. Yo siempre pensé que ella como artista, feminista y profesora de Bellas Artes, vería tu exposición, más como una obra fotográfica reivindicativa con la precaria situación  de las mujeres en el mundo, que como un trabajo de su ex. Creo que para ella eso debía ser secundario, al menos eso me decía mi intuición femenina. Y creo que acerté. 

Hoy hemos comido Adri, Delia, Alberto y yo en su preciosa casa. Es la casa de unos artistas, con grandes cuadros de ella y de él adornando las paredes. Fue una comida familiar en la que estaban gran parte de los integrantes de este variopinto clan familiar: Asun y Ricardo, sus hijos, Delia, Adrián, Eva y Jorge; sus nietos, Alejandro y Elvira y por otra parte, Mario el novio gallego de Eva, Alberto, pareja de Delia y yo la reciente viuda del primer marido de Asun. A mí me gusta que la vida a veces sea así y que aquellas personas con las que en algún momento por unos u otros motivos hubo desencuentros, finalmente encuentren, si los hay,  puntos de unión, detalles que hacen que ese hombre o esa mujer que nos ha robado la muerte esté de alguna manera presente en medio de este peculiar grupo formado por padres, abuelos, hijos, nietos y allegados. Esto te confirma que las cosas, sobre todo cuando son autenticas tienen la capacidad de transformarse, pasar del amor al odio o viceversa, acercarte un poco al sentir de aquella persona que no tenías claro cómo y por quién latía su corazón. 

Lo cierto es que me encontré a gusto. Quizás esta situación no se habría dado si tu estuvieras aquí, o a lo mejor se daría pero un poco más tarde, cuando las fotos de las mujeres invisibles acabaran por acercar desde la serenidad que da el paso del tiempo a dos personas que en su día se amaron. Es posible que yo sea una romántica sin remedio. Recuerdo una vez que vino Asun a casa a recoger a Delia y yo, no sé por qué se lo conté a tu madre, un comentario trivial, supongo. "Ten mucho cuidado Lola, José estuvo enamoradísimo de Asun y donde hubo siempre queda". Yo no le dije nada porque entre el pensamiento de aquella buena mujer y el mío había una distancia inabordable, pero pensé que me daba igual; estaba bastante harta de que toda la gente de tu entorno, tú el primero, me hablarais  de la pareja de ensueño que formabais, recuerdo una persona que un día me dijo que no entendía que teníamos tú y yo en común, mirándome como si yo fuera un mosquito. Yo luchaba porque las lágrimas no dejaran ver mi inseguridad. "Bueno, los dos sois gallegos"sentenció aquella gilipollas.Yo, como me suele pasar en estas situaciones me quedé bloqueada. Menos mal, porque de haber seguido lo que me pedía el cuerpo le habría dado una morrocotuda patada en la entrepierna.  Pero no lo hice. Hoy me alegro, no por su chichi sino por mí, por no haberme puesto a la altura de una cucaracha. 

El trastero de Josito

 

No me acaba de convencer como titulo, "El trastero de Josito". Se me ha ocurrido al recordar tu sección en El Inmobiliario mes a mes. En este caso no se trata de un trastero sino de un monte, el monte de Breamo, situado a 300 metros sobre el nivel del mar, desde él se divisan las rías de Ares y Bentanzos y, en primer plano nuestro querido Pontedeume. Bueno, pues sucede que ahí, en algún rincón de esa bucólica parcela y, por gentileza de nuestro amigo Gaby que es el propietario, vamos a plantar un árbol con tus cenizas. La genial idea no me pertenece a mí (Lolita), se le ocurrió a tu hijo Adri y nos pareció a los tres estupendo. Bueno por si acaso en el mas allá se te ha nublado un poco la mente, cuando hablo de los tres me refiero a Delia, Adri y yo.   Yo en principio pensaba tirarlas al mar, pero pensándolo mejor 
no tiene gracia que tus solicitados restos vayan a parar a la tripa de alguna lubina, que vete tu a saber, igual la acabo pescando yo y me lacomo. No me mola.

 La verdad es que tus cenizas están muy solicitadas. Delia quiere unas poquitas para plantar algo, no sé si un árbol o una lechuga, un poco más cerca de su casa. Y yo entiendo su deseo de tenerte más cerca, poder hacerte una visita de vez en cuando y contarte sus cuitas. Tanto ella como Adri te tenían a tiro de móvil para contarte sus problemas y escuchar tus sabios consejos. Ahora no pueden porque te has ido, perdón te has muerto. Las cosas como son, por más que nos duela, te has muerto y no tenemos posibilidad alguna de que resucites y vuelvas. Los que se van, ya sea al cine o a pescar una trucha al río, siempre pueden volver salvo que se encuentren a la muerte por el camino. Por eso no comulgo con la expresión de "Fulanito se ha ido", cuando en realidad lo que pasa es que se ha muerto.

Bueno, pues eso, que Delia quiere unas pocas cenizas tuyas y Rodolfo también. No sé si en ese desconocido lugar donde te encuentras -yo soy una agnóstica contrariada- llegan alguna noticias. Por si acaso te cuento que el amigo Rodolfo ha decidido que el Centro Nakouro, pase a llamarse en adelante Centro José Luis FERNÁNDEZ LIZ. "Esto es lo mínimo que podemos hacer para inmortalizarlo físicamente", dice tu amigo beninés, que ahora quiere dar un paso más teniendo parte de tus cenizas  "en ese país que tanto amabas". En principio pensé que era un deseo lógico y que se correspondía con la realidad. Tu amor por África era evidente, pero lo cierto es que después de indagar descubrí que el mandar una urna a Benín salía muy caro, vamos, estoy segura que te hubiera parecido un despilfarro, así es que de momento la cosa está en modo pausa y tus cenizas siguen metidas en una única urna medio escondida en el armario de la cocina porque a Rahma eso de que te hayamos incinerado le ha parecido fatal. Cada cual con sus creencias, oye.  Pero al margen de toda esta verdad, a mí me hace poca gracia el andar removiendo tus restos, cuarto y mitad para aquí, cuarto y mitad para allá. Pues no, no estoy para estos lances, di tu que ando bastante serena entre otras cosas gracias al Lorazepan que es un primo flojito de lo que te daban a ti en Moncloa, pero que funciona muy bien. 

En esto de andar en tus pertenencias, sean corpóreas o extra corpóreas ya me supera un poco.  Mira que tienes fondo de armario y de lo que no es armario. Para que luego me dijeras que la casa estaba llena de cosas mías. Hay que ver la poca capacidad de objetividad que tenemos los seres humanos. Yo siempre lo he dicho: la objetividad no existe; lo que sí existe es la honestidad. Un periodista o una periodista, tú o yo sin ir más lejos, somos personas honestas. La honestidad es una rara Avis que apenas se estila por estos mundos de corruptos y ambiciosos, pero haberla hay; objetividad no, uno siempre va a ver las cosas bajo su prisma particular. 

No sé porqué se me ha ido la pinza con eso de la objetividad. Ah, sí, porque tienes ropa y papeles para aburrir. Confieso que en vida tuya tuve tentaciones de tirarte más de una camiseta y pantalón que estaban más para hacer paños de cocina que para vestir a un señor catedrático, como le gusta decir a tu hermano Lalo. Él tan pimpollo en la cosa del vestir y tú tan pasota. Lo cierto es que una vez cedí a la tentación de tirarte una chaqueta de un chandal que daba pena, y al poco rato volviste de la calle con la chaqueta y cara de muy pocos amigos. Nunca mais! 


¡Viva la justicia!

👫👫👫👫👫👫 Siiiiiiiii¡ Desde hoy soy una viuda con pensión de viudedad. Me lo he currado, pero he conseguido convencer a la Seguridad Soci...