martes, 25 de junio de 2024

Miedos, fobias y contratos de amor

 

Mi querido viejo loco llevo muchos días escribiéndote en mi cabeza, a veces cabreada a veces triste y a veces qué se yo. Es cierto que las experiencias más duras de la vida son las que más nos enseñan, las que nos descubren claramente de qué pie cojeamos y qué debemos hacer para solucionarlo. Sucede que yo siempre he sido una persona luchadora y convencida de que hay que correr hasta llegar a la meta. También desde que tú, perdón, tú no, la "colangi" te llevó a sabe Dios dónde, no acabo de ubicarme. Si, estoy todo el día haciendo cosas, combatiendo la tristeza con actividad. ¿Te querrás creer que desde que tú te has muerto subo en el ascensor sola? No es que haya perdido la claustrofobia, es que no pienso en ella, me miro en el espejo, veo lo "gordita" que me estoy poniendo y cuando me quiero dar cuenta se han abierto las puertas del ascensor. Hoy subí en el de mi hermana que da mucho más miedo porque es mas cerrado todavía. Entonces lo que hice fue cerrar los ojos hasta que se abrió la puerta.

Al final va a resultar que te tenías que morir tú para que yo perdiera mis fobias. Reconoce que no las soportabas. Te jodió mucho que decidiera montar en avión después de unas cuantas sesiones con Helga. Nunca entendiste que por muy grande que sea el amor el miedo es un sentimiento muy potente, devastador. Ahora tengo que dormir sola por narices, porque no se trata de buscarme a alguien que vele mis noches. Al final va a tener razón Helga. Ella decía que mi único miedo era perderte, que me dejaras; lo demás eran tapaderas. Según los psicólogos los miedos auténticos no dan la cara, se esconden tras otros miedos más físicos. Si eso fuera así, ahora que ya no puedo tener miedo a perderte porque te he perdido sin solución se me tendrían que ir todos los miedos. 

Cuando empezó nuestra relación tu estabas herido de muerte, la separación de la madre de tus hijos había revolucionado tu mundo emocional. El primer día que me hablaste de tu situación me pareciste una persona fría era como si estuvieras describiendo algo ajeno a ti. "A mí nunca me podría gustar un tío tan frío", pensé. En medio de tu sufrimiento, yo, una estudiante de periodismo desenfadada y estilosilla te hacía gracia, sacaste a flote tu lado seductor y me enamoré. Tu no, entonces todavía no. Lo cierto es que nuestra relación como los buenos vinos fue ganando calidad con los años. Por entonces yo no pensaba en el matrimonio, me daba igual, solo quería pasar la vida a tu lado, hasta que la muerte nos separara como así ha sido.

Pero llegó un momento, según se fue afianzando nuestra relación y como consecuencia la recuperación de mi ego, que me quise casar; me parecía lo lógico y lo justo. Llevábamos muchos años juntos, tantos como para celebrar las bodas de plata y todavía no habíamos pasado por el juzgado. No podía ser. Yo me quería casar. Tú no. Insistí, recordé lo que me había dicho al respecto el sabio Enrique :"la mayor parte de los hombres no nos queremos casar, pero es cuestión de insistir, al final cedes". Seguí el consejo de Enrique y Josito me dijo: "Como quieras, nos casamos, pero estoy convencido de que será malo para nosotros". Esa frase me dejaba siempre fuera de combate. Me la tomaba al pie de la letra, me la creía a pies juntillas, y al final la que cedía era yo.

El caso es que con el tiempo volví a la carga y esta vez en vez de casarnos nos hicimos pareja de hecho, digamos que él tampoco veía la necesidad, pero era como un mal menor. "Josito debíamos hacer testamento" le dije un día. ¿Para qué? me preguntó él. Porque si te pasara algo yo querría seguir viviendo en esta casa.  A mí hablar de estas cosas me costaba un dolor de estómago, creo que se me empezó a llenar la vesícula de pedruscos con este contencioso. Él estaba convencido de que como pareja de hecho teníamos los mismos derechos que un matrimonio civil. Pero estaba equivocado. Y yo más todavía porque siendo como era la interesada en hacer un contrato en condiciones, que es lo que es el matrimonio, tenía que haber investigado y entonces me habría enterado de lo que me he enterado ahora. 

Lo de los derechos hereditarios de las parejas de hecho es diferente en cada  Comunidad Autónoma. Si te emparejas en Cataluña tienes los mismos derechos que los miembros de un matrimonio civil, además de la pensión de viudedad. En Madrid, solo esto último y hay que demostrarlo, a mí después de 33 años de convivencia me está costando. Lo de los derechos hereditarios no me va a costar nada porque en esta comunidad no existen; es decir ni usufructo ni pollo frito, ná de ná. Yo tengo la suerte de que Delia y Adri quieren que esta casa sea la casa de los tres hasta que la muerte nos separe, pero no siempre es así. Lo digo porque tengo una amiga que su novio le dice que es lo mismo una cosa que la otra. Pues no.


    

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