viernes, 5 de junio de 2020

Libertad o intolerancia

Borrón y cuenta nueva. Atrás quedan los noticiarios llenos de calles vacías, los intentos solidarios por doblegar una curva ingobernable, la falta de EPIs, las PCRs y la angustia de unas UCIs desbordadas. Ya no nos persiguen las carreras decisivas a vida o muerte, los rostros desencajados, la falta de aire sin respiradores o la lucha despiadada por las camas. A lo lejos palidecen ya las gestas épicas del reciclado Ifema, se desdibujan los ancianos residentes abandonados a su suerte y pierde brillo el macabro palacio multiusos de hielo, mientras se apaga poco a poco la heroicidad de los ignorados cotidianos y el entusiasmo de  los descomprometidos aplausos vespertinos. Por fin hemos superado la desescalada y las desfasadas peleas por las fases. Muchas imágenes quedan por suerte atrás aunque por desgracia se queden con nosotros para siempre.
Ahora ya no es entonces. Es otro tiempo, un tiempo que invitaría a la reflexión camino de una nueva (a)normalidad que no sabemos qué encierra, un momento propicio para el análisis silencioso inmersos en la duda de un futuro prometido que apunta incierto. Pero no, no estamos ahí. Caminamos aturdidos y deprisa hacia la nada, desbordados, enloquecidos, dando gritos, zancadilleando a los que van a nuestro lado para que no lleguen a no sabemos dónde, con tirones descarnados de uno y otro lado que vaticinan siempre perdedores. Sin sentido.
No hemos conseguido asumir que la madurez no la proporcionan los años ni los cargos, únicamente la adquirimos con la capacidad para adaptarse a los cambios. La sensatez y la inteligencia pasan por  olvidarse de las rigideces conceptuales y el estatismo. La verdadera libertad consiste en desechar las verdades absolutas porque la adaptabilidad a los cambios constituye la virtud clave para conseguir hacer avanzar la sociedad actual. Y está claro que escasea. Se comprueba a diario en el Congreso. Se entiende que para algunos políticos sea una virtud complicada de incorporar a sus temperamentos después de haber sido educados durante años en la intolerancia, el dogmatismo y la intransigencia. Pero no tienen más remedio que aplicarse.
Este tiempo nuevo se aventura nuevamente complicado.

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