sábado, 2 de noviembre de 2019

Voy a votar mañana

En su día pensé muy seriamente que no votaría cuando llegase este momento, pero oyendo lo que oigo ya se me quedó atrás el berrinche de aquel día y mañana he decido que voy a votar. Por encima de todo voy a votar. Y voy a hacerlo porque me da miedo comprobar lo fácil que avanza el retroceso, porque no quiero oír sin mi oposición discursos racistas incendiarios ni arengas contra la gente que quiera ser como quiera, porque no me gusta la gente que se pone de perfil, porque me apetece que en el Congreso alguien diga ¡Basta! cuando se escuche que no siempre un no es un no, porque quiero que se haga algo para evitar que la gente se siga muriendo en el Mediterráneo, porque aspiro a que nos gobierne gente con sensatez suficiente, porque creo en los que creen que la fuerza no es el mejor argumento para convencer y en los que en vez de buscar tanques buscan encontrar una solución dialogada con los independentistas catalanes. Y también iré a votar mañana porque no quiero que de nuevo los coches arrinconen a las bicicletas en Madrid y porque no quiero que algunos nos sigan llamando a votar siempre que en las votaciones no salga lo que ellos quieren. Por eso voy a votar mañana.

viernes, 1 de noviembre de 2019

10-N. Otra vez: a votar

Empieza la campaña sin mucho fuelle y en un clima descarado de pereza electoral. En unos días vamos a votar por cuarta vez en cuatro años para intentar ahora ponérselo un poco más fácil a los elegidos, que han dicho abiertamente que hay que repetir el examen, que no saben qué hacer con nuestros votos, que ha debido haber alguna equivocación en la consulta anterior porque no son capaces de traducir correctamente lo que queremos decir con lo expresado en las urnas. Todos pensamos que lo habíamos hecho bien y que nos han suspendido injustamente, por eso vamos a repetir con pocas ganas. Hay mucho desencanto con la calidad de los evaluadores de resultados, los políticos, y también somos conscientes de que el futuro de España no depende en sí de nuestro voto sino que está en manos de otros poderes poderosos, de los controladores de los medios, de los sesgos televisivos, de la manipulación de las redes sociales y de las habilidades que sean capaces de desplegar los confirmadores/deformadores de opinión. Pero con todo y con eso tenemos que y vamos a ir a votar. Aunque nos tengan hartos, aunque las calles de Madrid se hayan empapelado con carteles de "No contéis conmigo" o "10-N. Yo no voto", (una campaña engañosa encaminada al desaliento de los votantes de izquierdas promovida desde la derecha), vamos a votar. Mientras vemos que en un lado se pelean por sacar la mejor tajada del malherido C's y en la otra esquina luchan para no cargar con el muerto del desacuerdo progresista, nosotros pensamos en pasar de nuevo por las urnas para decirles otra vez lo que queremos. Y esperemos que en esta ocasión sean ya capaces de leer bien el examen y nos entiendan la letra porque de lo contrario habrá que pensar en otras medidas. Ahora no hay más remedio que hacerlo así, al menos mientras no encontremos otro sistema mejor para seleccionar a quienes queremos dirijan nuestros destinos. 

viernes, 21 de junio de 2019

Mi primera novia de verdad

Mi primera novia de verdad se llamaba Nana. Nos queríamos mucho y muy castamente. Teníamos 15 años y nuestro romance no consiguió aguantar el envite que supuso para la pareja el que yo al poco tiempo abandonase Lugo para irme a estudiar a Madrid. Diariamente y antes de que diesen las diez la acompañaba hasta su casa en la Ronda, pero la dejaba siempre antes de llegar al portal. Teníamos miedo de que nos viese su hermano, Carlos, unos cuantos años mayor que ella, policía y guardián del buen orden familiar. Vivían en una casa estrechita de tres plantas, cerca de la Puerta de San Pedro. Un beso pudoroso nos despedía en la esquina, donde estaba el bar Lugo, un lugar de tertulia frecuentado por artistas e intelectuales locales. En aquel entonces todavía había muchas casas adosadas a la muralla romana. Tendrían que transcurrir unos cuantos años antes de que la operación Muralla Limpia consiguiese liberar definitivamente el magnífico monumento romano lucense de las edificaciones que habían crecido a su costa. Hoy se ha puesto delante de mí esta foto del año 1972, en la que se aprecia el derribo de la casa de Nana, mi primera novia de verdad.

viernes, 24 de mayo de 2019

Creo que hoy me he hecho mayor

Uno puede estar convencido, incluso acercándose a los setenta, de que el reloj del tiempo nos engaña, que no habiendo demasiadas limitaciones uno no es mayor mientras disponga de un espíritu joven y que lo que te mantiene vivo son las ganas de vivir. No eres viejo mientras te sorprendas. No eres viejo mientras te despierte la curiosidad. Eso es realmente lo que importa y no las velas que se tengan que soplar en el próximo aniversario ni los años que registre tu carnet. La edad es una anécdota. En el fondo, y a pesar de la tozudez del calendario, tú sigues siendo adolescente porque sigues disfrutando de las cosas como si las descubrieras por primera vez.
Esa es la clave. Es verdad. No puedes ser mayor cuando te emociona la luna o un atardecer, cuando te sigues enamorando párvulamente de una mirada cómplice, cuando no quieres que se advierta esa sonrisa traviesa que aflora a tu rostro si de repente te sorprende la lluvia en  la calle, o cuando notas el escalofrío que te recorre la espalda tras el contacto cálido con una mano amiga.
Pero todo eso se aparta, se encoge, se pierde si un día tal como hoy se te pasa por la cabeza que el infinito tiene fecha de caducidad, que sin hacer grandes cosas ya no tienes suficiente tiempo libre para hacer todo lo que quieres. Hoy me he dado cuenta de que se me ha pasado el tiempo en el que el tiempo no contaba. Hoy creo que me he hecho mayor.

sábado, 27 de abril de 2019

Las Hurdes de Buñuel

En la 2, Las Hurdes, tierra sin pan, un documental de 1933 tan vergonzante como sincero, que levantó muchos dedos amenazantes contra Buñuel en su día. Considerada una de las mejores películas documentales de la historia del cine, incluso hoy siguen vociferando gentes ofendidas con las formas y los fondos del reportaje. El gran pecado imperdonable del aragonés es haber recreado situaciones dramáticas para transmitir una realidad indigerible por el hecho de ser cruda. Es cierto que la película de Buñuel entraba en conflicto con la imagen de la España rural que entonces se quería dar, pero también es evidente que no se pretendía desvirtuar la realidad. La única intención evidente del film era denunciar el abandono en el que se encontraba entonces la comarca de Las Hurdes y, en contra de lo que piensan todavía muchos hurdanos, la película le ha hecho bien a la región, la ha dado a conocer al mundo, ha conseguido que se la tuviese en consideración y ha hecho que mucha gente acuda a visitarla. No gusta pero no tiene porque ser malo airear nuestras vergüenzas. 

jueves, 25 de abril de 2019

Elecciones a cara perro

Hay algo en esta campaña plagada de locuras que me resulta divertido. Antes, en los mítines callejeros se magnificaban a voces los logros partidarios y se vendían por lotes a bajo coste un surtido de promesas imposibles, con el propósito de arañar votos indecisos. Hoy, en las plataformas multimedia, se defienden con ladridos televisados los intratables territorios electorales de los contendientes. El PP remarca las lindes de su campo con nuevas meadas a derecha e izquierda para que Vox y Ciudadanos ahuyenten tendencias pecaminosas y tengan claros los límites. Rivera enseña amenazante los caninos a Sánchez por haber sobrepasado con los independentistas insumisos la infranqueable línea roja del respeto jurisdiccional, tal como queda recogido en el papiro que desenrolla, a la par que se enzarza cuerpo a cuerpo con Casado para hacerle saber que la posición con futuro es la suya y que no se la deja arrebatar. Sánchez, por si acaso, trata de rehuir la confrontación, se pone de lado y aprovecha para repasar en voz alta los éxitos gubernamentales que todavía no se sabe de memoria. En un respiro de la pelea, el revolucionario chaval de la coleta aprovecha para sacar un librito del bolsillo y leer. No hay que liarse a mordiscos, no hay que perder la compostura, no hay que buscar nuevas metas, ha encontrado la solución. En aquellas páginas está el acuerdo al que llegaron entre todos tiempo atrás aunque no lo recordaban, lo único que hay que hacer es ponerse manos a la obra. Los demás, a regañadientes, agachan la cabeza y se retiran a sus casetas con el rabo entre las piernas.

viernes, 18 de mayo de 2018

Mujeres, paridad e igualdad

Por suerte desde siempre he sentido que hombres y mujeres somos iguales. No he tenido que convencerme. Por eso estoy radicalmente en contra de las diferencias salariales entre géneros y reniego de cualquier forma de abuso o  discriminación sexual.

Aunque en nuestro país exista una legislación igualitaria, por desgracia la realidad dista mucho de serlo. Por eso los gobiernos están obligados a luchar contra la desigualdad cotidiana para erradicarla.

La administración pública tiene la obligación de comprometerse con la igualdad de género y luchar por la erradicación de todas las formas de opresión o de violencia contra la mujer. En consecuencia, tiene que sensibilizar a la sociedad, realizar una adecuada prevención, castigar a los incumplidores y dotar a las mujeres de todos los recursos y medios necesarios para acabar con la discriminación. Pero dudo mucho que el camino más interesante sea la paridad forzada que se promueve últimamente. Suena tan aparente como irreal. Por ejemplo, no creo que las propuestas de listas cremallera para favorecer parlamentos con un 50% de mujeres se basen en el convencimiento de que hombres y mujeres somos iguales. Más bien me sigue pareciendo una postura machista. Igualmente pongo en duda que las grandes multinacionales que anuncian a bombo y platillo su deseo de favorecer la presencia de mujeres en sus equipos directivos, lo hagan con el convencimiento de que esas mujeres aportarán el mejor valor a la empresa. Más bien me inclino a pensar que pretenden apuntarse un tanto de feminismo barato de cara a la galería.


Ser igualitario supone perseguir que parlamentos y consejos de administración estén conformados por las personas más adecuadas, más válidas, más preparadas para ocupar esos puestos, independientemente de que sean hombres o mujeres. Y las mujeres lo son y lo están. Tanto como los hombres.

Si la lógica no me falla demasiado, siguiendo la misma política habría que reivindicar que en las cárceles hubiese el mismo número de presos que de presas o, si la tasa de españoles mayores de 60 años es del 25% también habría que exigir que en las listas al Congreso hubiese una cuarta parte de escaños reservados para la gente de esa edad. Y otro porcentaje que fuese en proporción al número de discapacitados que hay en la sociedad, y otro igual para los emigrantes, y otro para los homosexuales, y otro para que estuviesen representadas las pequeñas y medianas empresas, y otro para los menores de edad, y otro para los vegetarianos, y otro para ....... No. Este no es el concepto de igualdad que yo tengo en la cabeza ni el que siento en lo más profundo de mi ser. Me duelen las mujeres pero no comulgo tampoco con la discriminación positiva. Confío mucho más en ellas y en su capacidad que en el porcentaje matemático y en la paridad. 

En el fondo soy una privilegiada

  Acabo de comprobar que tengo abandonado al viejo loco desde diciembre de 2024. ¡No me lo puedo creer! Pues sí, abarco demasiado; todavía n...