viernes, 14 de febrero de 2020

Es mi enfermedad

Sabía que estaba enfermo. No tenía ninguna duda pero no sabía de qué ni cómo se llamaba mi enfermedad. Los síntomas los venía percibiendo desde hace tiempo, posiblemente desde que me jubilé o desde poco después. Era un cambio de ánimo lo que me alertó, un malestar impreciso y desconcertante que me producía una especie de hormigueo por todo el cuerpo, una inquietud permanente que me despertaba por las noches y no me permitía descansar.
Hoy y por casualidad he descubierto de qué se trata. Es una enfermedad rara y posiblemente incurable, una especie de esquizofrenia que te lleva a la sensación de tener dos identidades diferentes, una más superficial y otra más profunda, un trastorno que te va hurgando las tripas hasta hacerte daño. Le llaman extimidad. Fue un psiquiatra, un tal Jacques Lacan, el que empezó a darle vueltas. No tiene nada que ver con exhibir la intimidad aunque pudiera parecerlo. Realmente lo éxtimo es lo más íntimo. Es algo así como una inspección constante en la intimidad extrema, en tu yo más profundo, que te obliga a trasladar fuera del cerebro tu esencia para buscarle un alojamiento externo. Los efectos vienen a ser como si tuvieras saturado el disco duro de la conciencia y tuvieses que trasladar tus sensaciones a una memoria externa, un cuaderno o un usb para dejar un poco de holgura que te permita respirar. En síntesis lo que provoca es una externalizacion de la intimidad. Y por eso siento que me relajo y encuentro cada vez más placer en plasmar por escrito lo que me sale del alma. 

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