miércoles, 6 de mayo de 2020

Voceros del odio

Han renacido con el estado de alarma. Son unos siniestros personajes a los que no interesa la realidad ni quieren saber nada de la pandemia, ni del confinamiento y mucho menos del coronavirus, lo que quieren es irradiar miedo para contaminar de rabia a la sociedad, crispar a la ciudadanía. Piensan que cuanto peor, mejor. Son los voceros del odio, venden crispación gratuita y a gritos. Desparraman odio por doquier pero no arremeten contra la desgracia, no se quieren enfrentar al mal. Al virus no lo acosan, no les vale, no le pueden ni siquiera insultar, necesitan un culpable de carne y hueso que cargue con su desprecio, que apechugue con sus iras. Precisan una diana a la que poder disparar abiertamente, alguien o algo concreto contra quien despotricar convirtiéndole en el provocador de todas nuestras desgracias. Alguien habrá que tenga que pagar por todo lo que nos pasa. Y en cualquier caso siempre queda la opción de matar al mensajero. ¡Qué más da! Cualquiera vale como chivo expiatorio de nuestros males. No es cuestión ahora de acordarse de los dirigentes políticos que desmantelaron la sanidad pública y firmaron una apuesta por la privada sin temblarles el pulso. No es eso. Ahora nos vale este que pasaba por aquí o aquel otro que pretendía poner algo de cordura en el embrollo. Y si no, nos volcamos con el entrenador, que siempre tendrá alguna culpa cuando no ganamos.

Dicen los voceros del odio que uno de los odiables puede ser Fernando Simón, ese tipo de voz aguardentosa que no sabe ni cómo se va a comportar  el virus, que tiene dudas acerca de la evolución de la pandemia y que no hace otra cosa que pedir prudencia. O si no, tenemos ahí al filófoso ministro, ese otro listillo que ni es médico ni es nada, un aficionado puesto a dedo en Sanidad que hasta los chinos engañan, ese que nunca tiene certeza de nada, que dice que es un virus nuevo y falta información, que hay que  investigar y  cometer errores porque así es como funciona la ciencia. ¡Vaya lince! O al jefe, el Sánchez, el aprendiz de político, el resistente, el responsable de este gobierno socialcomunista que pretende dominar bolivarianamente España. O tenemos también al Coletas, el ejecutor directo de la eutanasia practicada a todos los ancianos fallecidos en las residencias durante la pandemia. Hay mucho responsable, tenemos muchos a quien culpar de nuestras desgracias. ¡A por ellos!

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