domingo, 29 de diciembre de 2019

El frío de la edad

Con la edad los cuerpos tienen más frío. Parece que el termostato corporal funciona de otra manera según vamos arrancando páginas del calendario vital. Conforme nos hacemos mayores preferimos las camisetas de manga larga y nos va gustando más sentarnos en un banco al sol que caminar bajo la lluvia o a la luz de la luna, como hacíamos antes. Con los años preferimos estar bien abrigados, la sopa calentita, el día a la noche y mejor que esté un poco más alta la calefacción. Por regla general tenemos más ansias de calor y de sol. Se ve que la temperatura tiende a disminuir con la edad. Por eso durante los meses de otoño e invierno, con menos horas de luz, nos sentimos más irritables y se incrementan las sensaciones de tristeza y de ansiedad en las personas mayores. Al hacernos mayores las cantidades de vitamina D que precisa el cuerpo no tenemos ya posibilidad de conseguirlas tan fácilmente. La inadecuada absorción de esta vitamina debido al proceso natural de envejecimiento, hace que vayamos a buscarla directamente al origen, a la fábrica, al sol. Sin saberlo, esa búsqueda intuitiva de sol nos defiende de la osteoporosis, reduce los riesgos de fracturas óseas, mantiene un sistema inmune fuerte contra cualquier organismo invasor y retrasa el envejecimiento ocular, entre otras muchas cosas. Y los cuerpos son listos. Aunque no han estudiado saben que con el tiempo necesitan más el empuje de la energía solar para subsistir. ¡Los viejos, al sol! 

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