sábado, 15 de enero de 2022

¿Las elecciones se ganan en twiter?

    Esto ya no es lo que era. El tema Garzón es otra muestra más de que las cosas han cambiado. La forma en que las personas consumimos noticias ha propiciado una reconversión de los planteamientos informativos de los políticos. "Hemos llegado a un punto tal que el que está en la vida pública debe morderse la lengua en cuanto sale de su casa. A veces también dentro. Es una desgracia, se ha potenciado la hipocresía. Así estamos”. Lo decía Anguita, el defensor a ultranza del "programa" frente al postureo. Antaño, los aspirantes tenían que ganarse al personal con su carisma, su verbo y demostrando su potencial capacidad para hacer frente a los problemas, hoy parece que es suficiente con divulgar bulos. Se pretende que no sean las urnas las que hablen sino que sean las redes sociales las que elijan al presidente del gobierno. El lema electoral del PP ya no es la cándida gaviota y la música celestial que acompañaban a Fraga, ahora la máxima de Casado es "Más ganadería y menos comunismo", algo así como "más chuletones y menos luchar por la igualdad". 
    El ministro de Consumo asegura que seguirá defendiendo esa línea de trabajo y posiblemente salga reforzado tras el envite. Al final, a todos nos gustan los políticos que no renuncian a sus principios aún cuando las circunstancias aprietan, nos gusta la gente que no alardea, los que no presumen de tener fórmulas mágicas para solucionar problemas pero saben bien cuál es el problema, los que no se componen para salir en la foto, los que buscan la verdad y no los aplausos, los que sin mucho carisma llaman la atención por lo mucho que dicen sus palabras. Y, sobre todo, nos gustan aquellos que no se excitan ni tienen que levantar la voz para convencer. Por eso nos gusta que haya políticos como Alberto Garzón.

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