martes, 28 de diciembre de 2021

Aprendiendo a pensar

Ahora, una vez que la velocidad del mundo externo disminuye, una vez que vuelve la luz a iluminarme, descubro que la insolente hemorragia que me embistió por detrás llegó a producirme un shock hipovolémico que ha estado a punto de conseguir arrastrarme al abismo. Un detalle espeluznante que roza la tragedia pero que no altera para nada el equilibrio. Impresiona, pero no descompone. Por suerte, golpe a golpe he ido aprendiendo a pensar. Verso a verso la vida me ha ido enseñando. Aprender a pensar no significa otra cosa que ejercer un cierto control sobre qué piensas. Esta asignatura fundamental te enseña a ser consciente, a estar en alerta permanente para no despistarte con lo que pasa y así prestar suficiente atención a por qué pasa lo que pasa. A partir de ahí puedes escoger de qué manera construyes el sentido que pretendes para tu vida según las experiencias que vives. En el fondo lo único importante en la vida es saber mirarla de frente para comprender nuestra realidad, escucharla en silencio sin que nos nuble el entendimiento la velocidad a la que se mueve el entorno.

domingo, 26 de diciembre de 2021

Volver a vivir

Me recuesto en la cama, cierro los ojos, dejo el libro y me pongo a pensar en lo que había pasado. Había perdido el conocimiento al llegar a urgencias. Entre la niebla oigo gritos, voces que sobresalen. Una enfermera me levanta los pies, otra me sujeta la cabeza y me habla. No entiendo nada. No sé qué pasa. Me voy recuperando. Poco a poco recobro la luz. Me siento mejor.  Tras dos días recolocándome en la UCI me suben a la habitación. Me siento aliviado. Anteayer me quitan la sonda y todo el cableado de los brazos. Me siento libre. Ayer empecé a tomar alimento y pude caminar por el pasillo. Me siento animado. Hoy mi vista se para distraída en el libro que desde que estoy aquí duerme desapercibido en la mesita al lado de mi cama. Hoy lo cojo. Al momento me doy cuenta de que mis ojos discurren alegres por las páginas, que mi ánimo disfruta entusiasmado correteando entre las líneas de texto. Mi mente vuela deprisa. Entonces, solamente entonces, me doy cuenta de que ya estoy vivo otra vez.

miércoles, 8 de diciembre de 2021

Somos muchos

Por grande que sea el recipiente si lo seguimos llenando indefinidamente llegará un momento que ya no cabrá en él nada más. Y en la Tierra ya no cabemos. El crecimiento de la población es vertiginoso y en consecuencia el mundo se nos ha quedado pequeño. Aunque el tema de la cuestión demográfica, en términos de sobrepoblación, sea un asunto políticamente casi intratable, el descenso demográfico de la cantidad de homo sapiens a menos a medio y largo plazo, por las buenas o por las malas, es imprescindible. La medida más efectiva de control demográfico es también la más deseable: aumentar el control de las mujeres sobre sus propias vidas, en especial mejorando el acceso de las niñas pobres a las oportunidades educativas.

viernes, 3 de diciembre de 2021

La ignorancia como arma política

En las sociedades primitivas era la fuerza la que sometía al rival. Con el racionalismo la razón se convirtió en el arma poderosa para salir victorioso en una confrontación. En la actualidad son otras las herramientas que se imponen para ganar batallas. Curiosamente, en la sociedad mediática ha dejado de ser cierto que el que tiene la información tiene el poder. Hoy el gran objetivo es generar desinformación. Esa es ahora la nueva clave. Se buscan expertos en agnotología, esa curiosa ciencia que estudia la producción y la estrategia de la ignorancia como arma ideológica. Convivimos con una inflación galopante de fake news. Si te lo crees, estupendo. Si no te lo crees ya te cansarás de intentar comprobar su hipotética veracidad. Es la nueva educación en la ignorancia. El truco consiste en generar dudas de credibilidad, conflictos de identidad, sembrar confusiones, incertidumbres, recelos de todo tipo para que sea el propio individuo el que renuncie, el que se inhiba, el que termine aceptando como válidas las tesis que ofrece el más simpático o el más ocurrente, no las que consideraría más sensatas, más convincentes o más razonables. Cuanto más desorientados más sumisos.

domingo, 7 de noviembre de 2021

Nuestro ombligo frente al universo

Quizás la vida urbana nos lo impide y haya que culparla de que seamos como somos. Todo el mundo debería poder pasear por el campo de noche y pararse a mirar de frente y sin prisas esos infinitos mundos estrellados que se abren sobre nuestras cabezas. Ese simple acto nos puede ayudar a relativizar, a empequeñecer nuestro ego, a darle vueltas a esa peligrosas verdades absolutas que amenazan la sociedad. Quizás algo así de sencillo podría ser determinante para ampliar nuestros horizontes de tolerancia, para pensar en la posibilidad de otras culturas y otros universos distintos, para convencernos de la necesidad de desencorsetarnos, de una mayor apertura de miras, de lo absurdo que es discriminar a otro por su sexo o por pertenecer a una etnia determinada, o de plantearnos miles de esas cosas que no vemos por no levantar la cabeza. Paseando por el campo uno comprueba que el universo llega más allá de nuestro ombligo.

martes, 2 de noviembre de 2021

¿Una nueva Ley de Educación?

Cada legislatura una nueva Ley de Educación. En 40 años llevamos 8. No parece determinante saber si los alumnos necesitan una hora más de Matemáticas a la semana, si es conveniente que terminen sabiendo un poco más de Geografía o si es suficiente la competencia lingüística que adquieren en Lengua. Lo que se cocina detrás de todo eso es la perpetuación de un sistema educativo que tiene los días contados porque el mundo ya no es lo que era. Nunca se plantea una reforma para formar ciudadanos más dialogantes o más reflexivos, que es precisamente lo que necesitamos para que mañana el planeta subsista. Insistimos absurdamente en el manejo de una serie de herramientas obsoletas, que no son capaces de favorecer la necesaria alfabetización relacional de la población, ni de mejorar la interacción entre los hombres y las mujeres de este mundo intercomunicado. Ni la inteligencia artificial ni los robots nos llevan hacia mentalidades más universales, menos localistas. No tiene sentido enredarse en si hace falta una hora más de matemáticas, hay que avanzar en un proceso de aprendizaje global enfocado hacia ese nuevo mundo que nos empuja. En todas partes, en la escuela, en casa y en el Congreso urgen más clases diarias de empatía, de cooperatividad, de inteligencia emocional, de educación ciudadana, de responsabilidad social, de emprendedurismo colaborativo, de creatividad y de fomento del pensamiento crítico, porque todavía estamos lejos del aprobado. No debemos entretenernos en estudiar cómo seguimos enseñando lo mismo que hace 40 años, no hay que reformar la fachada, hay que zarandear los cimientos. Es imprescindible revolucionar la Ley de Educación para afrontar la realidad actual incluyendo nuevas asignaturas: Educación cívica, Formación global, Ecología y sociedad, Tolerancia cero, Responsabilidad con el planeta, Maltrato animal, Respeto a la diferencia, Conciliación y desarrollo, Espíritu colectivo, Desigualdad sexual y otras, materias fundamentales cuyo dominio es la clave del éxito para progresar hoy adecuadamente en nuestro día a día.

sábado, 30 de octubre de 2021

Vivir o jugar a vivir

El motivo ya no es ilusionarnos con París, ni descubrir in situ lo que nos sacude al quedarnos atontados ante las pirámides de Egipto. Ni tampoco emocionarse al paladear unas maravillosas judías con almejas. Hoy todo eso no importa, hoy lo que prima es el "me gusta". Las sensaciones están obsoletas, el objetivo es el selfie. Que nos vean con la torre Eiffel al fondo, que todo el mundo sepa que nos hemos ido de vacaciones o que se mueran de envidia los que no han querido ir a la boda de Pepita. Desgraciadamente vamos perdiendo interés por la vivencia presencial de los acontecimientos, se desvanece entre las pantallas ese momento íntimo de encontrarnos con la realidad y lo vamos sustituyendo por imágenes para los demás, un postureo social que no es en modo alguno reflejo de nuestras sensaciones, sino una pobre y aparente teatralización exhibicionista de la parte más superficial de esa realidad. Vamos convirtiendo la vida en un videojuego que tenemos continuamente que alimentar. Se quedan fuera del cuadro los sentimientos que nos mueven, se nos olvida lo que nos motiva, lo que nos alienta. Y aparecen en su lugar unas fotos fijas del momento, sin tripas ni latidos. Nos vamos educando en la importancia de divulgar afectos por las cosas, no de vivir más de cerca y con toda la intensidad posible lo que nos va sucediendo día tras día. Las pantallas nos van convirtiendo en ludópatas de nuestra propia vida.

En el fondo soy una privilegiada

  Acabo de comprobar que tengo abandonado al viejo loco desde diciembre de 2024. ¡No me lo puedo creer! Pues sí, abarco demasiado; todavía n...