lunes, 2 de septiembre de 2024

En busca del alma perdida

Siempre pensé que ni podría ni sabría vivir sin ti. Estaba equivocada, quizás todo el mundo se equivoca cuando piensa que no puede vivir sin una persona determinada, una persona a la que considera única e insustituible. Quizás sucede que la vida se torna un poco más gris o que la ilusión de que llegue la noche para hacer la croqueta se va. Se va porque no queda otra, a no ser que decidas hacer la croqueta con la almohada, pero tiene poca gracia. A mí lo que me ronda por la cabeza estos días, es esa cosa tan incomprensible para una occidental al uso: la muerte. Hay momentos en los que pienso que voy a ir a una librería y buscar un libro de iniciación al budismo, a ver si así puedo encontrar la fórmula para reencontrarme con Josito sin tener que vivir del recuerdo. 

Eso de vivir del recuerdo nunca me ha gustado. Para bien y para mal soy mujer de presente o de ilusión por el futuro. Buffffff! El futuro! En mi entorno me encuentro gente que habla de un futuro lleno de tumores, artrosis, cataratas, enfermedades varias... Si, claro, algo de eso vendrá, faltaría más, pero ya lo atenderemos cuando venga. Mientras tanto yo prefiero dedicarme a escribir, a pescar, a pintar, a hacer "xuntanzas" con l@s amig@s, a ilusionarme con la próxima exposición de mi querido viejo loco, a editar el video del que he sacado la foto que va en este escrito. Hay miles de cosas en el entorno de mi vida, de nuestra vida con las que todavía me puedo, nos podemos ilusionar.

Me falta Josito, me faltas rapaz, pero estoy totalmente concienciada a que te has ido sin retorno y eso, qué quieres que te diga, me cuesta entenderlo. ¿Cómo es posible que un ser humano se muera igual que un cerdo, con perdón, o una vaca? Mi burdo ejemplo alude a que los animales irracionales se mueren o los matan y luego nos los comemos o se pudren. A los animales racionales, como mi Josito y otros y otras que han pasado a ¿mejor vida? no se los suele comer nadie, pero se acaban pudriendo también, a no ser que, como es el caso, los incineres y conviertas su cuerpo en cenizas. Punto pelota. Esto es lo que me cuesta entender o asimilar, que alguien maravilloso como él de un día para otro deje de existir. Se acabó. The End

Cuando yo era joven, poco antes de conocer al lucense, creía en Dios. Eso era un privilegio inmenso. Mis padres murieron y yo los seguí sintiendo al lado. No lo podía racionalizar, pero sentía que de alguna manera seguían ahí; no me paraba a desmenuzar el cómo, pero soñaba que un día no muy lejano nos volveríamos a encontrar. Ahora que soy una agnóstica ¿convencida? busco la fórmula para creer que el alma nunca nos abandona, que no podré "croquetear" con Josito pero sigue a mi lado, me guía, me habla, me inspira, me sonríe y me sigue amando. Como cuando nos podíamos abrazar.

miércoles, 21 de agosto de 2024

Casi 100 días sin ti

 



Ayer, 20 de agosto, se cumplieron tres meses del fallecimiento de Josito. Que mal suena esa palabra; es más literario lo de "hace tres meses que te fuiste", aunque a mí me suena a barnizar la realidad. La muerte es un viaje solo de ida, mientras que cuando uno se va siempre queda la esperanza del regreso. Acabo de contar los días sin ti: 94 días. ¿Quién nos lo iba a decir el año pasado por estas fechas? En la foto de arriba estamos parte de los nueve que hicimos la Linea Maginot. Era el mes de junio de 2023. El bicho ya había atacado, pero todavía no podía ni contigo ni conmigo.  En realidad los dos sabíamos que la Parka andaba por ahí, siguiéndonos la pista, pero estábamos dispuestos a ponérselo difícil, a exprimir la vida como un limón hasta que no quedara ni la cáscara.
 Me siento rara; ahora que he aflojado el ritmo de actividad, empiezo a despertar de estos días en los que tirar cosas, restaurar otras, pintar muebles y hasta tapizar una silla, alejaban la nostalgia de mi cabeza. Yo estaba muy sorprendida, ¿cómo es posible que esté tan serena, incluso ilusionada con cosas cuando las cenizas de Josito están en una urna dentro de un armario ? Me encontraba por la calle con algún conocido y tras darme el pésame me decía que lo estaría pasando fatal. Pues no, no lo estaba pasando fatal. Ahora es cuando empieza a rondarme la tristeza. A poco de cumplirse los 100 días sin ti comienzo a darme cuenta de lo que eso significa.

Yo siempre había temido la llegada de ese día en el que te irías para siempre. Cortaba ese pensamiento macabro imaginando que a lo mejor me moría yo antes, así es que no tenía sentido sufrir por anticipado. Poco después de diagnosticarte el cáncer tuve una conversación con Carme, nuestra amiga la traumatóloga, en la que en medio de un incontrolable llanto le decía que me veía ya viuda. Carme me echó una bronca seria y me dijo que lo que tocaba era vivir el día a día. Eso ya lo practicaba yo desde siempre, por eso nunca fui ahorradora, siempre viví el presente como si cada día fuera el último de mi vida. El futuro para mí no existía. Cuando empezó a existir tenía una cara muy fea; podía engañarme todo lo que quisiera, podía centrarme en el día a día y fue lo que los dos hicimos, pero el futuro pintaba fatal. Tú no decías ni mú, pero bien sabías lo que había. Con todo y con eso luchaste, luchamos hasta el final. Un día Raquel me dijo: "Lola afloja. Josito ya solo lucha por ti. Déjalo morir tranquilo", más o menos esas fueron sus palabra. Lo cierto es que yo lo único que hice fue tratar de encontrar tratamientos alternativos, pero pronto se vio que no había nada que hacer, así es que para cuando la doctora Yagüe me recomendó "aflojar" hacía tiempo que estaba centrada en  estar a tu lado y tratar de que tus días fueran lo más llevaderos posibles. 

A veces me pregunto si estuve a la altura de las circunstancias, si realmente conseguí ayudarte, pero creo que esos pensamientos victimistas no sirven para nada. Hice todo lo que pude y si no supe hacerlo mejor ajo y agua. En fin, creo que he entrado en la fase del despertar, de empezar a sentir de verdad lo que es la vida sin ti. Voy a tratar de enmendarle la plana a la muerte y seguir a tu lado aunque sea virtualmente. Voy a preparar un exposición antológica sobre toda tu obra fotográfica. En diciembre de este año cerraré la de "Enfocando a la mujer silenciada", en Granada. Lo que son las cosas de la vida, justo en el lugar donde vive la madre de tus hijos que como bien sabes me está ayudando mucho. La vida nunca deja de sorprendernos.

jueves, 11 de julio de 2024

¡Viva la justicia!

👫👫👫👫👫👫

Siiiiiiiii¡ Desde hoy soy una viuda con pensión de viudedad. Me lo he currado, pero he conseguido convencer a la Seguridad Social de que era un derecho que no se me podía negar. Te estoy escuchando decir por lo bajini: "Solo te interesa la pasta". Ya sabes que no, pero lo cierto es que me hacía poca gracia tener que pelearme en un juzgado para hacer viable un derecho que se podía haber puesto en cuestión por el mero hecho de que durante dos años tu y yo estuvimos empadronados en ciudades distintas. Y es que eso es lo que dice en teoría la norma que se aplica a las parejas de hecho: Hay que justificar cinco años de convivencia ininterrumpida en el momento del fallecimiento. Como si eso pudiera significar que los cónyuges mantienen la convivencia. 

Sucede que si uno ha pasado por el Registro Civil da igual donde esté empadronado. Tú en Boston y yo en California, pero si estuviéramos casados, aunque fuera mal casados y empadronados cada uno en una punta del mundo pero sin divorcio, el viudo o viuda sería automáticamente beneficiario de la dichosa pensión. ¿Pero no tienes lo que querías? me preguntarías tú si no me hubieras hecho la faena de irte a sabe Dios dónde.  Pues mira, verás, yo además de tranquilidad quiero justicia. Querría sobre todo tenerte a mi lado, pero eso si que no tiene vuelta de hoja, por más insistente que me ponga no te voy a resucitar. Lo sé, lo asumo, me entristece, pero no tiene solución.

 La notificación de esta noche me ha dado una alegría, como se la ha dado a Lalo y a Marga que son los que están aquí en Pontedeume conmigo y sé que Delia y Adri se van a alegrar un montón y Enrique y Teresa y las dos Marinas y Luisito y toda esa gente que nos quiere a los dos que es mucha. En fin, solo quería contarte esto para que estés tranquilo, porque en el fondo de tu alma estarías un poco preocupado. Sí, seguro. Estarías pensando por qué seré tan terco, qué trabajo me habría costado casarme con ella, aunque solo fuera porque era lo que ella quería.

En fin querido mío. Siento no tener el mismo poder de convencimiento con los muertos que con los vivos. Ahora que ya no me tengo que comer el coco buscando pruebas que justifiquen que no me separé de tu lado en ningún momento de los intensos treintaytres años que pasamos juntos voy a tener que aprender a vivir sin ti. "No vas a tener ningún problema", dirás tú aparentando un convencimiento que no tienes. Bueno, my love, creo que me voy a ir a la cama. ¿Te vienes? Sigo teniendo los pies muy calentitos.💕💕💕

sábado, 6 de julio de 2024

La mujer invisibilizada

Hoy he abierto por primera vez desde tu muerte mi correo de prensa y me he llevado una grata sorpresa. Me han escrito de Cabanillas para en primer lugar preguntarme cómo estás y en segundo preguntarnos si seguimos con la idea de exponer en ese bonito pueblo de Guadalajara. Llevaba varios días pensando en escribirle a Pilar, que es la encargada de coordinar las exposiciones, pero la verdad es que esta semana que va a finalizar he estado bastante apagada. Tanto papeleo, tanto sentirme ninguneada por las normas que rigen en esta comunidad madrileña, me han creado un abanico de sentimientos a cada cual más sofocante. Estoy más tranquila. Hoy en casa de tu maravillosa hija Delia estoy escribiéndote; a mi derecha  una triste y a la vez preciosa imagen: tú en la cama del hospital mirándola embobado y ella sonriendo con esa sonrisa tan bonita que tiene. Ayer cuando llegué y vi la foto, se la había regalado y enmarcado yo, tuve tentaciones de ponerla cara a la pared porque te traía a mi memoria en esos días en que cada vez los momentos felices eran más escasos. Pero al final la dejé donde estaba.

Me lío como las persianas. En realidad te iba a contar que tanto la de Cabanillas como Asun, me están poniendo las pilas para que empiece a retomar el tema de la exposición. Pocos instantes después de tu muerte me ilusionó mucho la idea de continuar con tu legado y llevarlo por todo el mundo. El respetable cabreo de no ser ni heredera de una de tus preciosas corbatas (dicho sea de paso ya he regalado dos), el tener que pelearme con mil y un escritos para demostrar que cumplo todos los requisitos de la mejor de las viudas, hizo que poco a poco tu imagen se fuera desvaneciendo, mi mente estaba ocupada y ofuscada por la injusta realidad de las parejas de hecho. Yo me preguntaba extrañada cómo te añoraba tan poco. No entendía nada. Hasta que de repente, un día, en el Notario éste dijo que tu estado civil en el momento de tu muerte era el de divorciado y el mío el de soltera.  Perdón, contesté yo,  éramos pareja de hecho. "Sí, pero eso aquí no cuenta". El fantasma del desamor se posó en mi cabeza como un pájaro de mal agüero:  ¿Quién era yo para ti? ¿Tan poco me querías que no te preocupaba mi futuro? Se me puso un nudo en la garganta y empecé a llorar a modo de catarata, sin poder parar. Poco a poco fue volviendo la sensatez a mi mente y afloró descarnado y sin disfraces el duelo que consciente o inconscientemente había escondido tras las peripecias de rescatar derechos o no derechos. Una mierda.

Ahora ya soy una triste viuda normal, sin herencia material pero con tristeza, una tristeza de la que a veces huyo escondiéndome en mi zona de confort; es decir, mi viejo loco, mis libros, mis películas de Netflix y de vez en cuando un empacho de helados que están consiguiendo que no solo sea una viuda desheredada sino también gorda e insufrible. 

Yo no quería hablar de mí, quería hablar de tu exposición, "Enfocando a la mujer invisibilizada", recuperar aquella ilusión de comisariar toda tu obra, hablar de ella y de ti, recordarte y mostrarte ante los que no tuvieron la suerte de conocerte como el hombre solidario que eras. En fin Josito, un abrazo grande y sentido allá donde estés. No te guardo rencor por no haberme hecho las cosas más fáciles. Siempre defendí esa grosera premisa de que además de ser un hombre maravilloso hacías pis y caca como todos los demás.  Me voy a poner guapa para ir al Generalife con tu hija, con la madre de tu hija y nuestros estupendos amigos de Madrid. Vamos a ver el Ballet de Lucía Lacarra. ¿Te acuerdas?, aquella maravillosa bailarina que entrevistamos en Peralada hace algunos años.

martes, 25 de junio de 2024

Miedos, fobias y contratos de amor

 

Mi querido viejo loco llevo muchos días escribiéndote en mi cabeza, a veces cabreada a veces triste y a veces qué se yo. Es cierto que las experiencias más duras de la vida son las que más nos enseñan, las que nos descubren claramente de qué pie cojeamos y qué debemos hacer para solucionarlo. Sucede que yo siempre he sido una persona luchadora y convencida de que hay que correr hasta llegar a la meta. También desde que tú, perdón, tú no, la "colangi" te llevó a sabe Dios dónde, no acabo de ubicarme. Si, estoy todo el día haciendo cosas, combatiendo la tristeza con actividad. ¿Te querrás creer que desde que tú te has muerto subo en el ascensor sola? No es que haya perdido la claustrofobia, es que no pienso en ella, me miro en el espejo, veo lo "gordita" que me estoy poniendo y cuando me quiero dar cuenta se han abierto las puertas del ascensor. Hoy subí en el de mi hermana que da mucho más miedo porque es mas cerrado todavía. Entonces lo que hice fue cerrar los ojos hasta que se abrió la puerta.

Al final va a resultar que te tenías que morir tú para que yo perdiera mis fobias. Reconoce que no las soportabas. Te jodió mucho que decidiera montar en avión después de unas cuantas sesiones con Helga. Nunca entendiste que por muy grande que sea el amor el miedo es un sentimiento muy potente, devastador. Ahora tengo que dormir sola por narices, porque no se trata de buscarme a alguien que vele mis noches. Al final va a tener razón Helga. Ella decía que mi único miedo era perderte, que me dejaras; lo demás eran tapaderas. Según los psicólogos los miedos auténticos no dan la cara, se esconden tras otros miedos más físicos. Si eso fuera así, ahora que ya no puedo tener miedo a perderte porque te he perdido sin solución se me tendrían que ir todos los miedos. 

Cuando empezó nuestra relación tu estabas herido de muerte, la separación de la madre de tus hijos había revolucionado tu mundo emocional. El primer día que me hablaste de tu situación me pareciste una persona fría era como si estuvieras describiendo algo ajeno a ti. "A mí nunca me podría gustar un tío tan frío", pensé. En medio de tu sufrimiento, yo, una estudiante de periodismo desenfadada y estilosilla te hacía gracia, sacaste a flote tu lado seductor y me enamoré. Tu no, entonces todavía no. Lo cierto es que nuestra relación como los buenos vinos fue ganando calidad con los años. Por entonces yo no pensaba en el matrimonio, me daba igual, solo quería pasar la vida a tu lado, hasta que la muerte nos separara como así ha sido.

Pero llegó un momento, según se fue afianzando nuestra relación y como consecuencia la recuperación de mi ego, que me quise casar; me parecía lo lógico y lo justo. Llevábamos muchos años juntos, tantos como para celebrar las bodas de plata y todavía no habíamos pasado por el juzgado. No podía ser. Yo me quería casar. Tú no. Insistí, recordé lo que me había dicho al respecto el sabio Enrique :"la mayor parte de los hombres no nos queremos casar, pero es cuestión de insistir, al final cedes". Seguí el consejo de Enrique y Josito me dijo: "Como quieras, nos casamos, pero estoy convencido de que será malo para nosotros". Esa frase me dejaba siempre fuera de combate. Me la tomaba al pie de la letra, me la creía a pies juntillas, y al final la que cedía era yo.

El caso es que con el tiempo volví a la carga y esta vez en vez de casarnos nos hicimos pareja de hecho, digamos que él tampoco veía la necesidad, pero era como un mal menor. "Josito debíamos hacer testamento" le dije un día. ¿Para qué? me preguntó él. Porque si te pasara algo yo querría seguir viviendo en esta casa.  A mí hablar de estas cosas me costaba un dolor de estómago, creo que se me empezó a llenar la vesícula de pedruscos con este contencioso. Él estaba convencido de que como pareja de hecho teníamos los mismos derechos que un matrimonio civil. Pero estaba equivocado. Y yo más todavía porque siendo como era la interesada en hacer un contrato en condiciones, que es lo que es el matrimonio, tenía que haber investigado y entonces me habría enterado de lo que me he enterado ahora. 

Lo de los derechos hereditarios de las parejas de hecho es diferente en cada  Comunidad Autónoma. Si te emparejas en Cataluña tienes los mismos derechos que los miembros de un matrimonio civil, además de la pensión de viudedad. En Madrid, solo esto último y hay que demostrarlo, a mí después de 33 años de convivencia me está costando. Lo de los derechos hereditarios no me va a costar nada porque en esta comunidad no existen; es decir ni usufructo ni pollo frito, ná de ná. Yo tengo la suerte de que Delia y Adri quieren que esta casa sea la casa de los tres hasta que la muerte nos separe, pero no siempre es así. Lo digo porque tengo una amiga que su novio le dice que es lo mismo una cosa que la otra. Pues no.


    

jueves, 20 de junio de 2024

El enano y yo

 

Dicen algunas de las personas que me conocieron en mis años mozos que yo era guapa. Yo nunca lo pensé. Ni guapa ni fea, todo lo más con "xeito". Muchos años atrás, antes de alcanzar la edad en la que el físico empieza a florecer, tenía una vecina que se llamaba como yo. Era lo único que teníamos en común. Dolores, mi vecina era una niña aplicada, obediente, aparentemente sumisa. A mi madre le parecía perfecta como amiga de su hija la pequeña: Por aquellos entonces yo era simplemente una niña buena, con una bondad que venía de fábrica, como que no tenía mérito. En vez de estudiar prefería soñar y por eso me leía todos los libros que pasaban por mis manos, desde las colecciones enteras de Enid Blyton, Escelicer, José Luis Martín Vigil y, como no, la ultra romántica Corín Tellado: Las asignaturas del cole las miraba por encima, no llamaban mi atención, excepto las matemáticas, la literatura y los idiomas. Así que mis notas finales solían ser un desastre. En aquellos días yo estaba convencida de que la gente me veía fea, ojo, la gente, yo no. Me miraba en el espejo y veía una cara con expresión dulce, ojos oscuros bonitos, una nariz que aunque fuera un poco más pequeña no le pasaba nada, pero tampoco desafinaba, y una boca discreta, de las que habrían triunfado en el siglo XVIII.  "Pues yo no me veo fea -le decía a la imagen que me devolvía el espejo- en realidad tengo cara de niña buena, que es lo que soy, pero fea...". "A lo mejor me pasa como a alguna de mis compis del cole que son feas a rabiar pero no se enteran porque no tienen una vecina gilipollas y acomplejada como era la del segundo izquierda". Mi amiga Dolores, que se convirtió en amiga por insistencia de mi madre, me llamaba Potofea. Lo de Potó es un apodo que me puso mi primo Enrique, un excelente cantante de ópera, formado por el gran Alfredo Kraus, y que nunca fue capaz de actuar en un escenario porque tenía miedo escénico. En mi familia hay personajes muy peculiares, supongo que como en todas las familias.

El caso es que él me puso Potó, luego vino la coña del Potofé que creo que era un producto que se le echaba a la sopa y, después, la vecina del segundo me bautizó con el insufrible "Potofea". Con ese nombre y teniendo en cuenta que no existían ni las redes sociales ni Internet,  crecí con el convencimiento de que ni me iba a casar ni iba a tener hijos, salvo en mis sueños. En mis sueños siempre me quedaba embarazada pero me despertaba antes de parir y mucho antes todavía de pasar por la vicaría. 

 Luego con el paso de los años empecé a tener éxito entre el género masculino, pero nunca acertaba; los que me gustaban apenas se fijaban en mí y los que estaban por mí no me gustaban. Un día una psiquiatra me dijo que eso me pasaba porque huía del compromiso. ¡Valiente chorrada! No sé por qué me estoy enrollando con estos recuerdos. Al comenzar este viejo loco iba a hablar del cabreo monumental que tengo con Josito y conmigo misma. Por eso hoy no me dirijo a él. No sé si en uno de estos escritos conté que me enamoré de Josito a lo bestia, como si nunca antes hubiera sabido lo que era el amor. Había vivido con anterioridad un primer amor platónico que me duró muchos años debido a la fábula que me creé en mi  corintelleada mente y de la que desperté de golpe cuando en la vida de Chano apareció Claire, una maravillosa americana con la que es muy feliz. 

Siempre afirmé y con convencimiento que yo era mujer de un solo hombre. Sucede que hasta que apareció el definitivo pasaron muchos años, y muchos hombres también. Un día haciendo una prueba de imagen en la Facultad de Ciencias de la Información oí a mis espaldas una voz que me puso la piel de gallina, profunda, varonil y con acentiño gallego. Me di la vuelta y me encontré con la intensa mirada de un hombre bastante guapo, con bigote, fuerte, bajito, camisa de cuadros y una cámara de fotos colgada del hombro. No era ni de lejos mi tipo; o eso creía yo. Nos pusimos a hablar y me quedé fascinada por su mirada y por su forma de escuchar. Era la primera vez en mi vida que tenía frente a mí a alguien que me prestaba una atención tan cautivadora. Me sentí... no sabría cómo explicarlo, ¿fascinante,  quizás? No sé, pero me encantó la sensación. Tardé bastante tiempo en descubrir que aquel gallego moreno, bajito y con bigote era un autentico seductor. Yo una parva sin remedio. "Si no me quieres me lo dices", me espetó por teléfono un día después de darme un plantón en toda regla y a sabiendas de que mi voz no iba a ser capaz de disimular el cabreo que tenía. Josito, José Luis entonces, siempre tuvo la habilidad de llevarme al huerto casi sin el mínimo esfuerzo. Era muy muy listo y yo estaba peligrosamente enamorada, con ese enamoramiento que sufrimos algunas personas y que a veces nos lleva a pensar que el objeto de nuestro amor no hace ni pis ni caca. Pero todos los mortales, hombres, mujeres o lo que sean cumplen con el señor Roca y si no cumplen se lo tienen que hacer mirar.  Me fui enamorando del seductor gallego casi sin darme cuenta; la primera en saberlo fue Asun, su mujer con la que aún vivía. "Esa chica está loca por ti, pero a ti no se te ve tan enganchado". Y tal cual se lo dijo su santa, me lo cascó él a mí. Yo todavía no había cerrado la boca de lo descolocada que me dejó la frasecita, cuando me la cerró él con un beso de película, de esos que te dejan kao. Me fui a mi casa con la duda de que la flojera que se había agarrado a mis piernas me permitiera subir las escaleras. No sé ni como conseguí abrir la puerta de casa. ¿Qué me estaba pasando? ¿Estaba enamorada de ese enano gallego cuando a mí siempre me habían gustado de 1,80 para arriba? Y además estaba casado. Y yo era de las que siempre habían dicho que para mí un hombre casado era como un cura. Pue sí, me había enamorado de un lucense llamado José Luis y apodado por su panda como "el enano". Lo del cabreo queda para el próximo capítulo.



Carta a mi querido papi


Hace justo un mes que nos dejaste. Desde entonces (20/05/2024 a las 10:30h) y hasta hoy no me he sentido con fuerzas para casi nada; mi día a día es ir retomando la rutina con un vacío que supongo se quedará para siempre. Aunque intento estar en paz con la situación, con que tenía que ser así, me cuesta muchísimo papi. Esto de no tenerte se me está haciendo muy cuesta arriba. Creo que a nivel emocional ha sido, con diferencia, lo peor que me ha pasado en la vida.

En tus escritos afirmabas que no tenías ninguna intención de vencer al bicho, o ganar la batalla, o esas frases que te decía la gente. Ahora lo entiendo todo; solo querías una convivencia pacífica con él, sin molestaros. Querías que te dejara vivir tranquilo. Pero esa sabandija, igual que otras que rondaron por tu vida, fue cruel y despiadada. De cualquier manera, entiendo tu postura porque tú ya les habías ganado desde siempre. Tus ganas ganaron, papá. Eres tan bueno que tus ganas siempre han ganado. Lo cierto es que me encanta recordarte; aunque me provoque todavía dolor y tristeza, pese a que llore y sufra, quiero tenerte en mi memoria. Es una forma de sentir que sigues conmigo y quiero que siempre sea así. Mi mayor temor es que con tu ausencia física se vaya borrando también tu recuerdo. No quiero que eso ocurra, no lo voy a permitir. Es por eso que mi forma de afrontar el duelo puede resultar un poco peculiar, quizás demasiado intensa: poniéndome tu ropa, coleccionando tus objetos simbólicos, hablando y besando tus fotos... Incluso había pensado en guardar en un bote parte de tus cenizas para tenerlas siempre. Las actitudes que, antes de perder a una de las personas que más quieres en el mundo, pueden sonar algo macabras, se ven diferentes cuando las vives en primera persona y te agarras hasta a un clavo ardiendo con tal de calmar el dolor del alma. Todo esto, papi, es porque no quiero dejar de recordarte. Dicen que solo muere quien se olvida, así que tú siempre estarás conmigo porque nunca te voy a olvidar.

Esta parte de mi duelo es la más emotiva. Hay otra parte, papá, que lo que contiene es ira y rencor. Sobre todo hacia cierta gente por la que diste todo y no te agradecieron nada. Creo que no hace falta mencionar de quien se trata. Lo peor es no poder dejar de sentir rabia e impotencia. Te hicieron hasta una misa/teatro. Montaron un "show" para auto consolarse entre ellos. 

Por mucho circo que monten, siempre vivirán con la culpa del daño que te produjeron. Ni que decir tiene, que a nosotros tres no nos han dado ni un pésame ni medio y no conformes con semejante falta de respeto, pusieron además una esquela en el periódico de Lugo nombrando a tus hermanos, sobrinos, etc. Sin nombrarnos a nosotros,  tu mujer y tus hijos. Con esto me reafirmo en mi teoría de que los lazos de sangre son una sandez. Por suerte no eres como ellos. Tú eres un corazón puro y lleno de bondad. Menos mal que al final te diste cuenta de que no se portaron bien y de que no te merecían; y lo sé, porque dicen que un enfermo cuando está terminal, espera a sus seres queridos para despedirse. Tú nos esperaste a nosotros, a Lola, a Adri y a mí y te fuiste sereno y en paz, con nosotros a tu lado. A los otros no los esperaste. Gracias papá. Esa despedida íntima, en exclusiva, es el mejor regalo que me has podido hacer. Te quiero. Delia.


En el fondo soy una privilegiada

  Acabo de comprobar que tengo abandonado al viejo loco desde diciembre de 2024. ¡No me lo puedo creer! Pues sí, abarco demasiado; todavía n...