domingo, 27 de octubre de 2024

Mi época

Ayer, en el tren Coruña-Madrid, me tocó un asiento en contra de la marcha y, además, tres compañer@s de viaje, la que iba a mi lado y l@s dos que se sentaban frente a nosotras: una china y un nacional que parecía haberse escapado de las páginas de Asterix. Todo en él era grande, su volumen, su cabello rizado y la forma de manifestarse. "¡Qué aburrimiento!" comentaba cuando se hartaba de hablar con el móvil o de liarse un cigarrillo que se fumaba, cuando el interventor no estaba, en el descansillo entre vagones.

La chica que se sentaba frente a mí se llamaba Mónica y era china. A mí me lo pareció por sus rasgos, pero me lo confirmó ella misma cuando vio que sacaba mi libro de alemán dispuesta a intentar que los "Hausaufgaben" (deberes) de mi B1,2 me hicieran olvidar al doble de Asterix. Mónica sorprendida me dijo ¿Estudias alemán? ¿Y ya estás en el B 1? La chica se mostraba admirada. Asterix que debió adivinar una oportunidad única para paliar su aburrimiento, se disculpó de antemano y me preguntó por qué razón a mi edad estudiaba alemán. Mi primera intención fue decirle que porque me daba la gana, pero pensándolo bien, tenía ganas de jugar un poco, así es que, consciente de lo que se le iba a pasar por su cabeza, le dije que porque había conocido a un alemán, lo cual era verdad. Asterix sonrío con picardía. "Je-je-jé je-je-jé" . Ni jejé ni jojó, le aclaré yo. Peter, como se llamaba y se llama mi amigo alemán, estaba casado y bien casado. Se encontraba en España para hacer su doctorado de periodista sobre la transición española. Nos hicimos amigos (yo siempre he creído que entre un hombre y una mujer es posible la amistad sin derecho a roce); y me convenció para estudiar alemán. 

Lo cierto es que lo de mis estudios de alemán y sobre todo lo de ser periodista consiguió que los cuatro pasajeros iniciaramos una interesante conversación que nos llevaría a Madrid casi sin darnos cuenta. La chica que se sentaba a mi lado se llamaba Carmen, tenía aires de estudiante moderna, pero ni estudiante ni moderna "Ya no estudio, estoy trabajando. Soy menos joven de lo que parezco". Pues sí, no sé la edad que tendría pero parecía una estudiante, un poco conservadora, a juzgar por los comentarios que hacía sobre la situación actual. Yo no quería hablar de política. Me libró lo de ser periodista. Era evidente que a mis tres compañeros de viaje les atraía más hablar del periodismo actual que de lo groseros que son los políticos de hoy en día.  "Seguro que en su época los periodistas eran más objetivos que ahora". ¿Mi época? -pensé yo un tanto mosqueada- mientras le contestaba a Carmen que no creía en la objetividad. "Creo en la honestidad, uno puede y debe ser honesto, pero es prácticamente imposible ser objetivo. Todos tenemos un filtro que nos hace ver las cosas según nuestra forma de sentir y pensar". Carmen, erre que erre seguía con la dichosa falta de objetividad de los periodistas de hoy, según ella todos son víctimas de una subjetividad bastante corrupta. Yo, que normalmente a pesar de ser muy femenina, no soy capaz de ocuparme de dos cosas a la vez, escuchaba su relato y al mismo tiempo le daba vueltas a eso de que "en su época los periodistas eran más objetivos que ahora". Perdona, jovencita. Mi época es esta. Yo estoy viva y como tal vivo en esta época.

Es cierto que también viví, sin enterarme mucho porque tenía siete años, el vacío que nos dedicó el mundo tras la Segunda Guerra Mundial, también la época de la represión franquista, de la que no me enteré mucho porque estaba en la parra y no me faltaba de nada. Viví, con mucha ilusión por cierto, la época de la transición y todas las épocas, por llamarle de alguna manera, que vive una persona a lo largo de su vida. Los mayores, y yo lo soy, no somos personas de otra época. Eso es una falacia. Uno es de la época en la que vive, sucede que los que ya llevamos unos cuantos años rodando por esta vida tenemos la ventaja de haber vivido de primera mano otras épocas que por duras o injustas que hayan sido nos han enriquecido como seres humanos. Así que, mi querida Carmen, tú y yo, a pesar de la evidente diferencia de edad, a pesar de que tú eres una adulta joven y yo una joven septuagenaria, vivimos en la misma época. Lástima que, al contrario que Mónica, no me pediste mi número de móvil para guasapear. Me hubiera encantado sacarte de tu error.

viernes, 11 de octubre de 2024

Una compañera inseparable

 

Buenos días Josito: ¡Como me gustaría que pudieras leerme!. ¡Quien sabe! Hace mucho que no te escribo, no por falta de ganas sino por falta de tiempo. Ya sabes, soy incorregible, me lío con las persianas. 

¿Te acuerdas de Sole, aquella inseparable compañera con la que convivía cuando te conocí a ti? Te hablé poco de ella; en realidad en aquellos momentos teníamos temas más interesantes. Sole me atraía mucho porque era una relación libre, no me ataba, de hecho tuve algún que otro rollito, mientras vivíamos juntas. Ella estaba ahí, me hacía compañía, me escuchaba (en eso se parecía a ti), me dejaba absoluta libertad para hacer lo que me daba la gana -ya sabes que eso es algo que siempre me ha gustado- y también me enseñaba a conocerme, a sacar a flote lo mejor y lo peor de mi misma.  Había momentos difíciles, claro, como en cada relación, pero era una situación agradable, ¿feliz? ¡Hummm¡ Eso de la felicidad es algo tan ambiguo que si entro en materia dejaría de hablarte de Sole y no quiero hacerlo porque hemos vuelto a estar juntas, muy juntas y muy bien avenidas.

Habíamos convivido de forma esporádica muchas veces. Se presentó en mi vida cuando yo dejé de vivir con aquella petarda que trabajaba en el BOE y tocaba un instrumento en la orquesta del Teatro Real. Mira si sería petarda que me he olvidado de su nombre. Bueno, lo cierto es que cuando dejé la casa de esta muchacha encontré el coqueto estudio de la Calle Vallehermoso, aquel que tú también llegaste a conocer. ¡Que tiempos aquellos! Estaba en primero de periodismo, acababa de cumplir 30 años y me comía el mundo. De entrada Sole no me atraía nada, pero poco a poco se fue metiendo en mi vida, sin que me diera cuenta de que me estaba conquistando, un poco como harías tú algún año después. Teníamos una vecina que se llamaba Maribel y que era anoréxica perdida. Estaba como una puta cabra, pero era muy buena gente. ¡Que habrá sido de ella! El caso es que con Sole, a pesar de lo bien que me iba duré poco. ¿Sabes por qué? ¡Claro que lo sabes! Apareciste tú y mi vida se revolucionó. Yo pensaba que Chano había sido mi primer amor y que nadie iba a sustituirlo. ¡Qué equivocada estaba!

Al poco tiempo de iniciar nuestra tórrida relación yo ya quería dejar a Sole. Tú como hombre tranquilo y racional me aconsejabas que no me precipitara. En el fondo, pronto lo descubrí, no tenías la más mínima intención de iniciar una relación estable y mucho menos con convivencia incluida. A ti también te gustaba la libertad y además en aquellos momentos todavía sufrías las secuelas de tu separación. 

Pero yo, ya lo sabes, siempre he sido muy voluntariosa, cuando algo se me mete en la cabeza no paro hasta conseguirlo. Y tú no solo te habías metido en mi cabeza sino en cada rincón de mi cuerpo y de mi alma. Para entonces Sole ya me pesaba. Yo quería estar contigo hasta que la muerte nos separara. Y así ha sido. Ahora Sole ha vuelto. Y lo cierto es que tenemos una convivencia bastante apacible. Le hago poco caso porque estoy todo el día liada, tanto que apenas me doy cuenta de que tú te has ido y yo estoy sola. 

lunes, 2 de septiembre de 2024

En busca del alma perdida

Siempre pensé que ni podría ni sabría vivir sin ti. Estaba equivocada, quizás todo el mundo se equivoca cuando piensa que no puede vivir sin una persona determinada, una persona a la que considera única e insustituible. Quizás sucede que la vida se torna un poco más gris o que la ilusión de que llegue la noche para hacer la croqueta se va. Se va porque no queda otra, a no ser que decidas hacer la croqueta con la almohada, pero tiene poca gracia. A mí lo que me ronda por la cabeza estos días, es esa cosa tan incomprensible para una occidental al uso: la muerte. Hay momentos en los que pienso que voy a ir a una librería y buscar un libro de iniciación al budismo, a ver si así puedo encontrar la fórmula para reencontrarme con Josito sin tener que vivir del recuerdo. 

Eso de vivir del recuerdo nunca me ha gustado. Para bien y para mal soy mujer de presente o de ilusión por el futuro. Buffffff! El futuro! En mi entorno me encuentro gente que habla de un futuro lleno de tumores, artrosis, cataratas, enfermedades varias... Si, claro, algo de eso vendrá, faltaría más, pero ya lo atenderemos cuando venga. Mientras tanto yo prefiero dedicarme a escribir, a pescar, a pintar, a hacer "xuntanzas" con l@s amig@s, a ilusionarme con la próxima exposición de mi querido viejo loco, a editar el video del que he sacado la foto que va en este escrito. Hay miles de cosas en el entorno de mi vida, de nuestra vida con las que todavía me puedo, nos podemos ilusionar.

Me falta Josito, me faltas rapaz, pero estoy totalmente concienciada a que te has ido sin retorno y eso, qué quieres que te diga, me cuesta entenderlo. ¿Cómo es posible que un ser humano se muera igual que un cerdo, con perdón, o una vaca? Mi burdo ejemplo alude a que los animales irracionales se mueren o los matan y luego nos los comemos o se pudren. A los animales racionales, como mi Josito y otros y otras que han pasado a ¿mejor vida? no se los suele comer nadie, pero se acaban pudriendo también, a no ser que, como es el caso, los incineres y conviertas su cuerpo en cenizas. Punto pelota. Esto es lo que me cuesta entender o asimilar, que alguien maravilloso como él de un día para otro deje de existir. Se acabó. The End

Cuando yo era joven, poco antes de conocer al lucense, creía en Dios. Eso era un privilegio inmenso. Mis padres murieron y yo los seguí sintiendo al lado. No lo podía racionalizar, pero sentía que de alguna manera seguían ahí; no me paraba a desmenuzar el cómo, pero soñaba que un día no muy lejano nos volveríamos a encontrar. Ahora que soy una agnóstica ¿convencida? busco la fórmula para creer que el alma nunca nos abandona, que no podré "croquetear" con Josito pero sigue a mi lado, me guía, me habla, me inspira, me sonríe y me sigue amando. Como cuando nos podíamos abrazar.

miércoles, 21 de agosto de 2024

Casi 100 días sin ti

 



Ayer, 20 de agosto, se cumplieron tres meses del fallecimiento de Josito. Que mal suena esa palabra; es más literario lo de "hace tres meses que te fuiste", aunque a mí me suena a barnizar la realidad. La muerte es un viaje solo de ida, mientras que cuando uno se va siempre queda la esperanza del regreso. Acabo de contar los días sin ti: 94 días. ¿Quién nos lo iba a decir el año pasado por estas fechas? En la foto de arriba estamos parte de los nueve que hicimos la Linea Maginot. Era el mes de junio de 2023. El bicho ya había atacado, pero todavía no podía ni contigo ni conmigo.  En realidad los dos sabíamos que la Parka andaba por ahí, siguiéndonos la pista, pero estábamos dispuestos a ponérselo difícil, a exprimir la vida como un limón hasta que no quedara ni la cáscara.
 Me siento rara; ahora que he aflojado el ritmo de actividad, empiezo a despertar de estos días en los que tirar cosas, restaurar otras, pintar muebles y hasta tapizar una silla, alejaban la nostalgia de mi cabeza. Yo estaba muy sorprendida, ¿cómo es posible que esté tan serena, incluso ilusionada con cosas cuando las cenizas de Josito están en una urna dentro de un armario ? Me encontraba por la calle con algún conocido y tras darme el pésame me decía que lo estaría pasando fatal. Pues no, no lo estaba pasando fatal. Ahora es cuando empieza a rondarme la tristeza. A poco de cumplirse los 100 días sin ti comienzo a darme cuenta de lo que eso significa.

Yo siempre había temido la llegada de ese día en el que te irías para siempre. Cortaba ese pensamiento macabro imaginando que a lo mejor me moría yo antes, así es que no tenía sentido sufrir por anticipado. Poco después de diagnosticarte el cáncer tuve una conversación con Carme, nuestra amiga la traumatóloga, en la que en medio de un incontrolable llanto le decía que me veía ya viuda. Carme me echó una bronca seria y me dijo que lo que tocaba era vivir el día a día. Eso ya lo practicaba yo desde siempre, por eso nunca fui ahorradora, siempre viví el presente como si cada día fuera el último de mi vida. El futuro para mí no existía. Cuando empezó a existir tenía una cara muy fea; podía engañarme todo lo que quisiera, podía centrarme en el día a día y fue lo que los dos hicimos, pero el futuro pintaba fatal. Tú no decías ni mú, pero bien sabías lo que había. Con todo y con eso luchaste, luchamos hasta el final. Un día Raquel me dijo: "Lola afloja. Josito ya solo lucha por ti. Déjalo morir tranquilo", más o menos esas fueron sus palabra. Lo cierto es que yo lo único que hice fue tratar de encontrar tratamientos alternativos, pero pronto se vio que no había nada que hacer, así es que para cuando la doctora Yagüe me recomendó "aflojar" hacía tiempo que estaba centrada en  estar a tu lado y tratar de que tus días fueran lo más llevaderos posibles. 

A veces me pregunto si estuve a la altura de las circunstancias, si realmente conseguí ayudarte, pero creo que esos pensamientos victimistas no sirven para nada. Hice todo lo que pude y si no supe hacerlo mejor ajo y agua. En fin, creo que he entrado en la fase del despertar, de empezar a sentir de verdad lo que es la vida sin ti. Voy a tratar de enmendarle la plana a la muerte y seguir a tu lado aunque sea virtualmente. Voy a preparar un exposición antológica sobre toda tu obra fotográfica. En diciembre de este año cerraré la de "Enfocando a la mujer silenciada", en Granada. Lo que son las cosas de la vida, justo en el lugar donde vive la madre de tus hijos que como bien sabes me está ayudando mucho. La vida nunca deja de sorprendernos.

jueves, 11 de julio de 2024

¡Viva la justicia!

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Siiiiiiiii¡ Desde hoy soy una viuda con pensión de viudedad. Me lo he currado, pero he conseguido convencer a la Seguridad Social de que era un derecho que no se me podía negar. Te estoy escuchando decir por lo bajini: "Solo te interesa la pasta". Ya sabes que no, pero lo cierto es que me hacía poca gracia tener que pelearme en un juzgado para hacer viable un derecho que se podía haber puesto en cuestión por el mero hecho de que durante dos años tu y yo estuvimos empadronados en ciudades distintas. Y es que eso es lo que dice en teoría la norma que se aplica a las parejas de hecho: Hay que justificar cinco años de convivencia ininterrumpida en el momento del fallecimiento. Como si eso pudiera significar que los cónyuges mantienen la convivencia. 

Sucede que si uno ha pasado por el Registro Civil da igual donde esté empadronado. Tú en Boston y yo en California, pero si estuviéramos casados, aunque fuera mal casados y empadronados cada uno en una punta del mundo pero sin divorcio, el viudo o viuda sería automáticamente beneficiario de la dichosa pensión. ¿Pero no tienes lo que querías? me preguntarías tú si no me hubieras hecho la faena de irte a sabe Dios dónde.  Pues mira, verás, yo además de tranquilidad quiero justicia. Querría sobre todo tenerte a mi lado, pero eso si que no tiene vuelta de hoja, por más insistente que me ponga no te voy a resucitar. Lo sé, lo asumo, me entristece, pero no tiene solución.

 La notificación de esta noche me ha dado una alegría, como se la ha dado a Lalo y a Marga que son los que están aquí en Pontedeume conmigo y sé que Delia y Adri se van a alegrar un montón y Enrique y Teresa y las dos Marinas y Luisito y toda esa gente que nos quiere a los dos que es mucha. En fin, solo quería contarte esto para que estés tranquilo, porque en el fondo de tu alma estarías un poco preocupado. Sí, seguro. Estarías pensando por qué seré tan terco, qué trabajo me habría costado casarme con ella, aunque solo fuera porque era lo que ella quería.

En fin querido mío. Siento no tener el mismo poder de convencimiento con los muertos que con los vivos. Ahora que ya no me tengo que comer el coco buscando pruebas que justifiquen que no me separé de tu lado en ningún momento de los intensos treintaytres años que pasamos juntos voy a tener que aprender a vivir sin ti. "No vas a tener ningún problema", dirás tú aparentando un convencimiento que no tienes. Bueno, my love, creo que me voy a ir a la cama. ¿Te vienes? Sigo teniendo los pies muy calentitos.💕💕💕

sábado, 6 de julio de 2024

La mujer invisibilizada

Hoy he abierto por primera vez desde tu muerte mi correo de prensa y me he llevado una grata sorpresa. Me han escrito de Cabanillas para en primer lugar preguntarme cómo estás y en segundo preguntarnos si seguimos con la idea de exponer en ese bonito pueblo de Guadalajara. Llevaba varios días pensando en escribirle a Pilar, que es la encargada de coordinar las exposiciones, pero la verdad es que esta semana que va a finalizar he estado bastante apagada. Tanto papeleo, tanto sentirme ninguneada por las normas que rigen en esta comunidad madrileña, me han creado un abanico de sentimientos a cada cual más sofocante. Estoy más tranquila. Hoy en casa de tu maravillosa hija Delia estoy escribiéndote; a mi derecha  una triste y a la vez preciosa imagen: tú en la cama del hospital mirándola embobado y ella sonriendo con esa sonrisa tan bonita que tiene. Ayer cuando llegué y vi la foto, se la había regalado y enmarcado yo, tuve tentaciones de ponerla cara a la pared porque te traía a mi memoria en esos días en que cada vez los momentos felices eran más escasos. Pero al final la dejé donde estaba.

Me lío como las persianas. En realidad te iba a contar que tanto la de Cabanillas como Asun, me están poniendo las pilas para que empiece a retomar el tema de la exposición. Pocos instantes después de tu muerte me ilusionó mucho la idea de continuar con tu legado y llevarlo por todo el mundo. El respetable cabreo de no ser ni heredera de una de tus preciosas corbatas (dicho sea de paso ya he regalado dos), el tener que pelearme con mil y un escritos para demostrar que cumplo todos los requisitos de la mejor de las viudas, hizo que poco a poco tu imagen se fuera desvaneciendo, mi mente estaba ocupada y ofuscada por la injusta realidad de las parejas de hecho. Yo me preguntaba extrañada cómo te añoraba tan poco. No entendía nada. Hasta que de repente, un día, en el Notario éste dijo que tu estado civil en el momento de tu muerte era el de divorciado y el mío el de soltera.  Perdón, contesté yo,  éramos pareja de hecho. "Sí, pero eso aquí no cuenta". El fantasma del desamor se posó en mi cabeza como un pájaro de mal agüero:  ¿Quién era yo para ti? ¿Tan poco me querías que no te preocupaba mi futuro? Se me puso un nudo en la garganta y empecé a llorar a modo de catarata, sin poder parar. Poco a poco fue volviendo la sensatez a mi mente y afloró descarnado y sin disfraces el duelo que consciente o inconscientemente había escondido tras las peripecias de rescatar derechos o no derechos. Una mierda.

Ahora ya soy una triste viuda normal, sin herencia material pero con tristeza, una tristeza de la que a veces huyo escondiéndome en mi zona de confort; es decir, mi viejo loco, mis libros, mis películas de Netflix y de vez en cuando un empacho de helados que están consiguiendo que no solo sea una viuda desheredada sino también gorda e insufrible. 

Yo no quería hablar de mí, quería hablar de tu exposición, "Enfocando a la mujer invisibilizada", recuperar aquella ilusión de comisariar toda tu obra, hablar de ella y de ti, recordarte y mostrarte ante los que no tuvieron la suerte de conocerte como el hombre solidario que eras. En fin Josito, un abrazo grande y sentido allá donde estés. No te guardo rencor por no haberme hecho las cosas más fáciles. Siempre defendí esa grosera premisa de que además de ser un hombre maravilloso hacías pis y caca como todos los demás.  Me voy a poner guapa para ir al Generalife con tu hija, con la madre de tu hija y nuestros estupendos amigos de Madrid. Vamos a ver el Ballet de Lucía Lacarra. ¿Te acuerdas?, aquella maravillosa bailarina que entrevistamos en Peralada hace algunos años.

martes, 25 de junio de 2024

Miedos, fobias y contratos de amor

 

Mi querido viejo loco llevo muchos días escribiéndote en mi cabeza, a veces cabreada a veces triste y a veces qué se yo. Es cierto que las experiencias más duras de la vida son las que más nos enseñan, las que nos descubren claramente de qué pie cojeamos y qué debemos hacer para solucionarlo. Sucede que yo siempre he sido una persona luchadora y convencida de que hay que correr hasta llegar a la meta. También desde que tú, perdón, tú no, la "colangi" te llevó a sabe Dios dónde, no acabo de ubicarme. Si, estoy todo el día haciendo cosas, combatiendo la tristeza con actividad. ¿Te querrás creer que desde que tú te has muerto subo en el ascensor sola? No es que haya perdido la claustrofobia, es que no pienso en ella, me miro en el espejo, veo lo "gordita" que me estoy poniendo y cuando me quiero dar cuenta se han abierto las puertas del ascensor. Hoy subí en el de mi hermana que da mucho más miedo porque es mas cerrado todavía. Entonces lo que hice fue cerrar los ojos hasta que se abrió la puerta.

Al final va a resultar que te tenías que morir tú para que yo perdiera mis fobias. Reconoce que no las soportabas. Te jodió mucho que decidiera montar en avión después de unas cuantas sesiones con Helga. Nunca entendiste que por muy grande que sea el amor el miedo es un sentimiento muy potente, devastador. Ahora tengo que dormir sola por narices, porque no se trata de buscarme a alguien que vele mis noches. Al final va a tener razón Helga. Ella decía que mi único miedo era perderte, que me dejaras; lo demás eran tapaderas. Según los psicólogos los miedos auténticos no dan la cara, se esconden tras otros miedos más físicos. Si eso fuera así, ahora que ya no puedo tener miedo a perderte porque te he perdido sin solución se me tendrían que ir todos los miedos. 

Cuando empezó nuestra relación tu estabas herido de muerte, la separación de la madre de tus hijos había revolucionado tu mundo emocional. El primer día que me hablaste de tu situación me pareciste una persona fría era como si estuvieras describiendo algo ajeno a ti. "A mí nunca me podría gustar un tío tan frío", pensé. En medio de tu sufrimiento, yo, una estudiante de periodismo desenfadada y estilosilla te hacía gracia, sacaste a flote tu lado seductor y me enamoré. Tu no, entonces todavía no. Lo cierto es que nuestra relación como los buenos vinos fue ganando calidad con los años. Por entonces yo no pensaba en el matrimonio, me daba igual, solo quería pasar la vida a tu lado, hasta que la muerte nos separara como así ha sido.

Pero llegó un momento, según se fue afianzando nuestra relación y como consecuencia la recuperación de mi ego, que me quise casar; me parecía lo lógico y lo justo. Llevábamos muchos años juntos, tantos como para celebrar las bodas de plata y todavía no habíamos pasado por el juzgado. No podía ser. Yo me quería casar. Tú no. Insistí, recordé lo que me había dicho al respecto el sabio Enrique :"la mayor parte de los hombres no nos queremos casar, pero es cuestión de insistir, al final cedes". Seguí el consejo de Enrique y Josito me dijo: "Como quieras, nos casamos, pero estoy convencido de que será malo para nosotros". Esa frase me dejaba siempre fuera de combate. Me la tomaba al pie de la letra, me la creía a pies juntillas, y al final la que cedía era yo.

El caso es que con el tiempo volví a la carga y esta vez en vez de casarnos nos hicimos pareja de hecho, digamos que él tampoco veía la necesidad, pero era como un mal menor. "Josito debíamos hacer testamento" le dije un día. ¿Para qué? me preguntó él. Porque si te pasara algo yo querría seguir viviendo en esta casa.  A mí hablar de estas cosas me costaba un dolor de estómago, creo que se me empezó a llenar la vesícula de pedruscos con este contencioso. Él estaba convencido de que como pareja de hecho teníamos los mismos derechos que un matrimonio civil. Pero estaba equivocado. Y yo más todavía porque siendo como era la interesada en hacer un contrato en condiciones, que es lo que es el matrimonio, tenía que haber investigado y entonces me habría enterado de lo que me he enterado ahora. 

Lo de los derechos hereditarios de las parejas de hecho es diferente en cada  Comunidad Autónoma. Si te emparejas en Cataluña tienes los mismos derechos que los miembros de un matrimonio civil, además de la pensión de viudedad. En Madrid, solo esto último y hay que demostrarlo, a mí después de 33 años de convivencia me está costando. Lo de los derechos hereditarios no me va a costar nada porque en esta comunidad no existen; es decir ni usufructo ni pollo frito, ná de ná. Yo tengo la suerte de que Delia y Adri quieren que esta casa sea la casa de los tres hasta que la muerte nos separe, pero no siempre es así. Lo digo porque tengo una amiga que su novio le dice que es lo mismo una cosa que la otra. Pues no.


    

En el fondo soy una privilegiada

  Acabo de comprobar que tengo abandonado al viejo loco desde diciembre de 2024. ¡No me lo puedo creer! Pues sí, abarco demasiado; todavía n...