La misión era ciertamente delicada aunque poco peligrosa. Un intruso sospechoso se había atrincherado en una esquina del riñón izquierdo y amenazaba con llevar a cabo una masacre. Lo mejor en estos casos, lo que aconsejan los cánones, es proceder a su embolización aunque ya en el desarrollo de la operación nos dimos cuenta de que no era necesario. Con una arterioriografía bien diseñada comprobamos que en su ubicación no podía recibir apoyo sanguíneo externo y terminaría por rendirse. Caso cerrado, operación concluida. Celebramos con alborozo el éxito de la intervención. Cuando nos replegábamos con el liberador parte médico de alta en la mano, una inesperada avalancha prostática nos ataca por la espalda y sin darnos tiempo a reaccionar se hace por sorpresa con nuestra uretra. Una violenta obstrucción urinaria se desata al instante. Estamos perdidos, no hay salida, la situación es tensa. No tenemos más remedio que pedir refuerzos. Cuatro audaces enfermeras bien armadas y un diestro urólogo acuden en nuestra ayuda. Realizan un estratégico sondaje de emergencia que nos libera de la angustiosa presión enemiga. Por suerte salimos esta vez airosos de la barriobajera emboscada prostática, pero está claro no se puede bajar la guardia. A estas alturas hay que andar con mucho tiento cuando uno tiene que moverse por los bajos fondos.
Un rincón amigo en el que ir soltando pensamientos variados, desvaríos circunstanciales y otras tonterías mil, al objeto de ahorrame la pasta gansa que, de no ser por este refugio, tendría que pagarle al psiquiatra
miércoles, 8 de junio de 2022
jueves, 5 de mayo de 2022
La educación y la capacidad de inventar
Releo "La fragilidad del mundo" y me vuelvo a tropezar con un párrafo que iba buscando, porque ya en la primera lectura me dio la sensación de que me reafirmaba.
“No estamos educados cuando hemos adquirido determinadas competencias sino cuando nuestra relación con el mundo, con los otros y con las cosas resuena, cuando es relevante, cuando resulta estremecedora, cuando vibra, cuando somos capaces de emocionarnos con lo que leemos, con lo que miramos, con lo que hacemos”.
Me gustan, me identifico totalmente con ellas y me apropio de estas palabras del filósofo catalán Joan-Carles Mèlich. Siempre he pensado que la educación debería asociarse a la capacidad de inventar, de discurrir, a la necesidad de afrontar lo nuevo, de reaccionar ante lo que nos encontramos por sorpresa a la vuelta de la esquina.
miércoles, 20 de abril de 2022
El alma de las cosas
En el prólogo de "Fotos escritas a mano. El lenguaje de la imagen", Jesús Trello, un arqueólogo sabio que dedica su vida a hablar con las piedras decía que yo, con mi cámara, conectaba con el alma de las cosas y la retrataba, un piropo exagerado por el cariño que me tiene, pero sin duda el mayor halago que se le puede hacer a cualquiera. Acercarse a las cosas y despertar su esencia es propio de los dioses. En el mundo de las prisas tendemos a reducir las cosas a simples objetos, utensilios que manejamos a nuestro antojo según su utilidad, bienes materiales cuyo destino no es otro que ser sustituidos por otros con mayor pragmaticidad cuando llegue el momento. Estamos perdiendo la posibilidad de disfrutar de la importante carga inmaterial de las cosas materiales. No hay duda de que esos objetos de los que nos rodeamos están cargados de resonancias personales, familiares y sociales que por desgracia tendemos a ignorar. Por mucho que ese dios adorado llamado dinero nos incite a menospreciar la resonancia afectiva de las cosas, por mucho que quiera reducir su valor a su precio de mercado y por mucho que nos invite a desposeerlas de su singularidad, las cosas tienen alma.
sábado, 2 de abril de 2022
Lo que la foto dice y lo que quieren que diga
Las fotos que acompañan a los textos contribuyen a la interpretación de los mismos.
Muchas veces el emisor busca provocar una interpretación falsa por parte del lector.
Esto se llama manipulación.
viernes, 11 de marzo de 2022
Putin, Valle Inclán y el reverso del verso
No puede pretender Putin que sea el miedo al coronavirus el que fuerza esa distancia esperpéntica con su contertulio Macron. La imagen nos recuerda a Valle Inclán y nos hace reflotar ese término con el que el escritor gallego deforma la realidad recargando sus rasgos grotescos y absurdos. Esa mesa de madera y larga como la nariz de Pinocho es una burla grosera, una caricatura de acuerdo que pone sobre el tapete la intención última del hierático espía ruso. Nada que ver con un ansia de acercamiento entre posturas distantes o con un interés por el diálogo. Lo que evidencia la esperpéntica puesta en escena es que detrás de las palabras, sean las que fueren, hay una distancia insalvable entre Putin y el mundo, un deseo palpable de ignorar al de enfrente, de ridiculizar cualquier esperanza.
Días antes de empezar a bombardear Ucrania, afirmaba con sarcástica ironía que se iban a realizar maniobras con misiles balísticos y de crucero para comprobar el estado de forma de las fuerzas militares y verificar la fiabilidad del armamento. Ese era el discurso, el verso inocente del mandatario ruso pero, como en Valle Inclán, detrás de lo bufo, de lo grotesco, de lo cómico y lo absurdo se vislumbra siempre una situación dramática. El reverso del verso escondía un bombardeo indiscriminado de desgracias, una lluvia de terror sobre todos los que no se arrodillen al paso del amo. Tan trágicamente esperpéntico como afirmar que su decisión de cubrir el mundo de cadáveres es un acto de amor a la humanidad,
sábado, 19 de febrero de 2022
Los gallegos, Ayuso y Rosalía de Castro
Es verdad que los gallegos tenemos fama de desconfiados. Siempre he pensado que era a causa de la orografía. En un pueblo de la meseta castellana puedes descubrir con tiempo suficiente al que se acerca, en un terreno sinuoso, quebrado y lluvioso como el gallego no ves al que llega hasta que lo tienes encima.
Yo no desconfié de Ayuso cuando nos contó aquella novela rosa de la crueldad de los espías genoveses. En la distancia y con el cuidadoso glamour de la puesta en escena parecía creíble. La cosa se complicó en la distancia corta cuando se fue levantando la niebla y se acercó a nosotros con los papeles en la mano. El gallego es observador y desconfía cuando las cosas no le cuadran. Y a la luz del contrato al gallego y a cualquiera algo le chirría. Chirría que la Administración ponga un millón y medio de euros en manos de alguien que no conoce y mucho más chirría que la presidenta no conozca casi nada de la relación fraternal y sustanciosa que mantiene su hermano con la Comunidad de Madrid. Bajando a lo mundano, no cuadra nada que al contratante no le extrañe que el precio de la mascarilla sea exactamente cinco euros. El gallego piensa que conocidos el precio de coste y el margen de beneficio es muy sorprendente que el resultado matemático sea una cifra redonda. Tampoco cuadra bien que al contratante no le importe que sean mascarillas FFP2 o FFP3 porque no cuestan igual y al gallego no todo le da lo mismo.
Decía Rosalía de Castro que la desconfianza nace del desconocimiento. Es verdad, los gallegos somos desconfiados, pero solo cuando no conocemos todos los datos y, sobre todo, cuando tenemos la sensación de que nos los ocultan.
viernes, 4 de febrero de 2022
"Señorías, váyanse a la mierda"
Era una ley importante, la mejor reforma laboral posible, sin un solo punto que no supusiese una mejora para los trabajadores y el mayor avance en décadas para la recuperación de sus derechos frente a la precarización. Además, la reforma estaba visada por la Comisión Europea y conseguida gracias al diálogo entre el Gobierno, los representantes del empresariado y los sindicatos de trabajadores. Un éxito total, un ejemplo, una ley para aplaudir con entusiasmo por cualquier fuerza política interesada en el bien de la ciudadanía.
Pero no, España siempre es diferente y el bochornoso espectáculo de ayer en el Congreso no deja dudas de ello. Un partido llamado del pueblo (popular) que no apoya que el pueblo mejore, una izquierda republicana para la que el voto o el rechazo dependen de quiénes compartan su posición y no del contenido de la misma, un partido que prefiere darle una colleja al Gobierno aún a costa de que cientos de miles de trabajadores salgan malparados, dos rufianes navarros que mienten como bellacos ante su propio partido y ante el mundo para ocultar su felonía y dinamitar la reforma, otro ilustrado representante del pueblo que no distingue el si del no y quiere vendernos la moto de que no es su estupidez sino la informática y el Gobierno socialcomunista los que han robado su intención de voto. Para terminar el espectáculo teatral lamentable, la presidenta de la mesa suma con los dedos y da por ganadores a los vencidos. Un desastre total, una vergüenza, una impresentable clase política, una locura. Ayer echamos en falta un poco de cordura, echamos en falta a Labordeta: "Señorías, váyanse a la mierda".
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