jueves, 12 de diciembre de 2024

Que se mueran los viejos

     No, no es que quiera que se mueran los viejos ni las viejas ni mucho menos yo, que según todos los cánones de esta sociedad clasista, racista y elitista, soy, aunque me sienta rabiosamente joven, vieja. Lo de que se mueran los viejos, es como un tufillo que se esparce por el contaminado aire que respiramos los contemporáneos de este espídico siglo. Ahora resulta que el cobro de nuestras pensiones achica mucho los fondos de los presupuestos del Estado. Ja! Lo de los coches oficiales, gastos de protocolo, regalos a diestro y siniestro, no, eso no cuenta y, lo del mete-mano en la bolsa pública por parte de todos aquellos que la tienen tan cerca que no pueden resistirse, tampoco. Son gastos "ineludibles".  

    Estoy cabreada con esta sociedad enferma en la que me ha tocado vivir. Y no me refiero a las epidemias de cánceres diversos y patologías cardiovasculares que se han convertido en el pan nuestro de cada día, que también. No, yo me refiero a una enfermedad mucho más viral y destructiva: Una enfermedad que en determinadas épocas del año se vuelve mucho más contagiosa. No hay vacuna contra ella, y me temo que será muy difícil que alguien se tome la molestia de investigar acerca de este escurridizo virus, entre otras cosas porque tiene su peligro indagar sobre algo que, sin duda alguna, afectaría a los pingües beneficios de los grandes lobbys. Somos los de a pie, los que tenemos que luchar contra ese virus implacable que nos afecta a tod@s.

    Ayer me llamó por teléfono una empleada de El Corte Inglés de A Coruña. Era muy amable y profesional; Me preguntó si el pasado día X  me había comprado unas mallas de una conocida marca a la que no pienso dar publicidad. Bien sabía ella que sí, pero era una manera original de allanar el camino. La empleada lo hacía francamente bien, se interesó por mis aficiones deportivas, si tenía lesiones, en fin, una conversación amena para alguien como yo que no tiene por costumbre hablar con desconocidos y menos por teléfono. Andrea me ofreció un seguro de El Corte Inglés para recibir gratis masajes de fisioterapia; antes de todo esto me hizo una serie de preguntas para que yo le confirmara que sí, que era una setentona deportista y que de vez en cuando tenía lesiones e iba al fisio. Por un módico precio de 85 euros al año me ofrecía un seguro para recibir sesiones de fisio por el profesional que yo quisiera y por un valor total de 300 euros. Sólo tenía que presentar una prescripción facultativa de un médico, especialista o no, que dijera que yo necesitaba sesiones de fisioterapia porque había tenido una lesión deportiva, bueno, en realidad, me dijo la chica, basta con que diga que necesitas masajes de fisio sin especificar más. Además este seguro cubría otra serie de cosas, como viajes, reparaciones de aparatos deportivos etc. etc. Y, por si fuera poco tenía una cláusula por la que en caso de fallecimiento le darían al beneficiario que yo hubiera elegido, no-se-cuántos-euros. Yo que, como buena gallega tengo mi pincelada de desconfianza, le dije a la chica abiertamente que todo eso estaba muy bien pero que yo no hacía contratos por teléfono porque no sabía quien era ella, por mucho que me dijera su nombre y el de su empresa. Así es que quedé en ir hoy a la sede de Seguros El Corte Inglés para firmar el contrato. 

    Me acaba de llamar para confirmar la cita de esta tarde y le dije que la anulara. Lógicamente quería no sólo saber el por qué sino además conseguir su propósito.  Por un lado me da pereza toda la parafernalia y por otro quiero ocupar mi tiempo en otras cosas que me interesan más que hacer un seguro. Me sobran los seguros. La chica, muy educada seguía, me decía que ese seguro se podía compatibilizar con otros, intentaba hablarme de las maravillas de esa poliza que además tenía tres meses gratuitos, eso era nuevo para mí, pero creo que me dijera lo que me dijera iba a ser igual. Le di las gracias y le pedí que no perdiera ni su tiempo ni el mío. Yo ya le había dedicado más de la cuenta al asunto, un asunto al que debo agradecer me llevó a reflexionar sobre esta locura del consumo que nos acosa diariamente."Tarde piache" que diría mi amiga Tere. No son tontos, no; es decir, pago 85 euros del seguro al Corte Inglés, me hago el masaje, llevo la factura al Corte, me ingresan el dinero en la tarjeta de los grandes almacenes y ¡Bingo! Ya tengo más dinerito fresco en la tarjeta para seguir alimentando mi consumismo y comprarme en la firma comercial algo que a buen seguro no necesito para nada. 


martes, 12 de noviembre de 2024

Un olivo para ti





Esto de plantar un olivo no es tarea sencilla, menos aún si quieres hacerlo con las cenizas de tu marido. Esta anécdota daría para escribir una novela. El prólogo de la aventura comenzó con el viaje de la urna donde "acougaban" plácidamente los restos del amor de mi vida. Me ha quedado un poco cursi pero es cierto. Tan cierto como que a pesar de que la urna iba protegida por una bolsa de lona y un plástico de burbujas tamaño huevón, cuando llegué a Pontedeume, abrí la maleta y un escalofrío recorrió mi cuerpo.

La urna se había roto. Al tocar la bolsa de lona noté los pedazos de tu último refugio y las cenizas esparcidas por la bolsa. Eran las 00:30 del 3 de Noviembre, acababa de llegar a la tétrica estación de Pontedeume a la que me fue a buscar Nico, nuestro encantador vecino. Llegué a casa y lo primero que hice fue abrir la maleta. Pasó lo que pasó y me quedé paralizada. Llamé a Mari, la de Redes; a Mari, cuando escuchó mi relato le dio por reír, no paraba de reír y a la vez de pedirme perdón por reírse. A mí me daba igual que se riera y más igual todavía que me pidiera perdón. Quería una solución. Prisilla, que eres una prisilla, me decías tú desde el cercano Más Allá. No creas, pero cantidad de veces me acuerdo de tus llamadas de atención y casi te hago más caso de muerto que de vivo. Total que la Mari, cuando pudo frenar el ataque de risa, me dijo que no me preocupara, que ella tenía un huerto y que precisamente tenía pensado plantar un peral. ¿Tú, reencarnado en un peral? Bueno, no era esa mi idea, pero Mari insistía: "Mira Loliña, non che preocupes. Mañan facemos un agujero, poñemos os restos do teu home e despois..." Pues eso, que Mari con toda su buena intención me ofrecía un trocito de huerta para acogerte. "Compramos un candado con duas chaves y cada una va cando lle dé a gana". 

A la una de la mañana me pareció una solución bastante aceptable, pero la cosa fue cambiando según me dio por compartir la aventura con unas y con otros: "No te recomiendo que plantes a tu chico en un terreno privado, que luego igual se vende y ¡ala vai o teu home, quén sabe onde!", me decía Tere.

"Yo tengo un terreno muy bonito, a pie de carretera, fuera de mi casa y aquí puedes venir cuando quieras" "Pero..." siempre hay un puto pero, "hay que tener cuidado con los corzos, porque hay mucho corzo y se comen las cortezas de los árboles jóvenes". Pues vaya. Luego apareció Manolo: "Mira Lola, lo mejor es un sitio público, como Las Fragas o Breamo, allí donde se celebran las fiestas hay huecos estupendos". Manolo no solo habló sino que me llevó a verlos. A él también le ilusiona encontrar un sitio chachi para su amigo Josito y ayudarme.  Igual a ti te gustaba, pero a mí me parecía un poco lejos. A mí me gustaba el Paseo Marítimo, frente a la piscina de Ricardo Sánchez,  hay muchos y bonitos huecos, tienes la ría al lado y el cementerio de barcas que tanto te gustaba fotografiar, pero es público y no está permitido, habría que hacerlo a escondidas. "Además", decía Cris, "las cenizas son contaminantes".¿Perdona? "Si, si, ahí todos los medicamentos que tomó Josito van a contaminar el terreno donde plantes". ¡No me jodas...! Total que harta ya de buscar el sitio adecuado, decidí confabular con Merchi Veiga, que dicho sea de paso entiende mogollón de árboles y jardinería.  Nos fuimos las dos en mi limusina a Viveros Brandariz, montamos el precioso olivo en el coche y ahí está, en el balcón de la habitación rosa (la llamo así porque la decoré pensando en Delia), esperando que lleguen Marga y Lalo para coger tus cenizas y enterrarlas en el olivo. La verdad es que queda chulísimo y seguro que a Delia y a Adri les gustará tener a papi en el balcón de su habitación. ¿O no? 

domingo, 27 de octubre de 2024

Mi época

Ayer, en el tren Coruña-Madrid, me tocó un asiento en contra de la marcha y, además, tres compañer@s de viaje, la que iba a mi lado y l@s dos que se sentaban frente a nosotras: una china y un nacional que parecía haberse escapado de las páginas de Asterix. Todo en él era grande, su volumen, su cabello rizado y la forma de manifestarse. "¡Qué aburrimiento!" comentaba cuando se hartaba de hablar con el móvil o de liarse un cigarrillo que se fumaba, cuando el interventor no estaba, en el descansillo entre vagones.

La chica que se sentaba frente a mí se llamaba Mónica y era china. A mí me lo pareció por sus rasgos, pero me lo confirmó ella misma cuando vio que sacaba mi libro de alemán dispuesta a intentar que los "Hausaufgaben" (deberes) de mi B1,2 me hicieran olvidar al doble de Asterix. Mónica sorprendida me dijo ¿Estudias alemán? ¿Y ya estás en el B 1? La chica se mostraba admirada. Asterix que debió adivinar una oportunidad única para paliar su aburrimiento, se disculpó de antemano y me preguntó por qué razón a mi edad estudiaba alemán. Mi primera intención fue decirle que porque me daba la gana, pero pensándolo bien, tenía ganas de jugar un poco, así es que, consciente de lo que se le iba a pasar por su cabeza, le dije que porque había conocido a un alemán, lo cual era verdad. Asterix sonrío con picardía. "Je-je-jé je-je-jé" . Ni jejé ni jojó, le aclaré yo. Peter, como se llamaba y se llama mi amigo alemán, estaba casado y bien casado. Se encontraba en España para hacer su doctorado de periodista sobre la transición española. Nos hicimos amigos (yo siempre he creído que entre un hombre y una mujer es posible la amistad sin derecho a roce); y me convenció para estudiar alemán. 

Lo cierto es que lo de mis estudios de alemán y sobre todo lo de ser periodista consiguió que los cuatro pasajeros iniciaramos una interesante conversación que nos llevaría a Madrid casi sin darnos cuenta. La chica que se sentaba a mi lado se llamaba Carmen, tenía aires de estudiante moderna, pero ni estudiante ni moderna "Ya no estudio, estoy trabajando. Soy menos joven de lo que parezco". Pues sí, no sé la edad que tendría pero parecía una estudiante, un poco conservadora, a juzgar por los comentarios que hacía sobre la situación actual. Yo no quería hablar de política. Me libró lo de ser periodista. Era evidente que a mis tres compañeros de viaje les atraía más hablar del periodismo actual que de lo groseros que son los políticos de hoy en día.  "Seguro que en su época los periodistas eran más objetivos que ahora". ¿Mi época? -pensé yo un tanto mosqueada- mientras le contestaba a Carmen que no creía en la objetividad. "Creo en la honestidad, uno puede y debe ser honesto, pero es prácticamente imposible ser objetivo. Todos tenemos un filtro que nos hace ver las cosas según nuestra forma de sentir y pensar". Carmen, erre que erre seguía con la dichosa falta de objetividad de los periodistas de hoy, según ella todos son víctimas de una subjetividad bastante corrupta. Yo, que normalmente a pesar de ser muy femenina, no soy capaz de ocuparme de dos cosas a la vez, escuchaba su relato y al mismo tiempo le daba vueltas a eso de que "en su época los periodistas eran más objetivos que ahora". Perdona, jovencita. Mi época es esta. Yo estoy viva y como tal vivo en esta época.

Es cierto que también viví, sin enterarme mucho porque tenía siete años, el vacío que nos dedicó el mundo tras la Segunda Guerra Mundial, también la época de la represión franquista, de la que no me enteré mucho porque estaba en la parra y no me faltaba de nada. Viví, con mucha ilusión por cierto, la época de la transición y todas las épocas, por llamarle de alguna manera, que vive una persona a lo largo de su vida. Los mayores, y yo lo soy, no somos personas de otra época. Eso es una falacia. Uno es de la época en la que vive, sucede que los que ya llevamos unos cuantos años rodando por esta vida tenemos la ventaja de haber vivido de primera mano otras épocas que por duras o injustas que hayan sido nos han enriquecido como seres humanos. Así que, mi querida Carmen, tú y yo, a pesar de la evidente diferencia de edad, a pesar de que tú eres una adulta joven y yo una joven septuagenaria, vivimos en la misma época. Lástima que, al contrario que Mónica, no me pediste mi número de móvil para guasapear. Me hubiera encantado sacarte de tu error.

viernes, 11 de octubre de 2024

Una compañera inseparable

 

Buenos días Josito: ¡Como me gustaría que pudieras leerme!. ¡Quien sabe! Hace mucho que no te escribo, no por falta de ganas sino por falta de tiempo. Ya sabes, soy incorregible, me lío con las persianas. 

¿Te acuerdas de Sole, aquella inseparable compañera con la que convivía cuando te conocí a ti? Te hablé poco de ella; en realidad en aquellos momentos teníamos temas más interesantes. Sole me atraía mucho porque era una relación libre, no me ataba, de hecho tuve algún que otro rollito, mientras vivíamos juntas. Ella estaba ahí, me hacía compañía, me escuchaba (en eso se parecía a ti), me dejaba absoluta libertad para hacer lo que me daba la gana -ya sabes que eso es algo que siempre me ha gustado- y también me enseñaba a conocerme, a sacar a flote lo mejor y lo peor de mi misma.  Había momentos difíciles, claro, como en cada relación, pero era una situación agradable, ¿feliz? ¡Hummm¡ Eso de la felicidad es algo tan ambiguo que si entro en materia dejaría de hablarte de Sole y no quiero hacerlo porque hemos vuelto a estar juntas, muy juntas y muy bien avenidas.

Habíamos convivido de forma esporádica muchas veces. Se presentó en mi vida cuando yo dejé de vivir con aquella petarda que trabajaba en el BOE y tocaba un instrumento en la orquesta del Teatro Real. Mira si sería petarda que me he olvidado de su nombre. Bueno, lo cierto es que cuando dejé la casa de esta muchacha encontré el coqueto estudio de la Calle Vallehermoso, aquel que tú también llegaste a conocer. ¡Que tiempos aquellos! Estaba en primero de periodismo, acababa de cumplir 30 años y me comía el mundo. De entrada Sole no me atraía nada, pero poco a poco se fue metiendo en mi vida, sin que me diera cuenta de que me estaba conquistando, un poco como harías tú algún año después. Teníamos una vecina que se llamaba Maribel y que era anoréxica perdida. Estaba como una puta cabra, pero era muy buena gente. ¡Que habrá sido de ella! El caso es que con Sole, a pesar de lo bien que me iba duré poco. ¿Sabes por qué? ¡Claro que lo sabes! Apareciste tú y mi vida se revolucionó. Yo pensaba que Chano había sido mi primer amor y que nadie iba a sustituirlo. ¡Qué equivocada estaba!

Al poco tiempo de iniciar nuestra tórrida relación yo ya quería dejar a Sole. Tú como hombre tranquilo y racional me aconsejabas que no me precipitara. En el fondo, pronto lo descubrí, no tenías la más mínima intención de iniciar una relación estable y mucho menos con convivencia incluida. A ti también te gustaba la libertad y además en aquellos momentos todavía sufrías las secuelas de tu separación. 

Pero yo, ya lo sabes, siempre he sido muy voluntariosa, cuando algo se me mete en la cabeza no paro hasta conseguirlo. Y tú no solo te habías metido en mi cabeza sino en cada rincón de mi cuerpo y de mi alma. Para entonces Sole ya me pesaba. Yo quería estar contigo hasta que la muerte nos separara. Y así ha sido. Ahora Sole ha vuelto. Y lo cierto es que tenemos una convivencia bastante apacible. Le hago poco caso porque estoy todo el día liada, tanto que apenas me doy cuenta de que tú te has ido y yo estoy sola. 

lunes, 2 de septiembre de 2024

En busca del alma perdida

Siempre pensé que ni podría ni sabría vivir sin ti. Estaba equivocada, quizás todo el mundo se equivoca cuando piensa que no puede vivir sin una persona determinada, una persona a la que considera única e insustituible. Quizás sucede que la vida se torna un poco más gris o que la ilusión de que llegue la noche para hacer la croqueta se va. Se va porque no queda otra, a no ser que decidas hacer la croqueta con la almohada, pero tiene poca gracia. A mí lo que me ronda por la cabeza estos días, es esa cosa tan incomprensible para una occidental al uso: la muerte. Hay momentos en los que pienso que voy a ir a una librería y buscar un libro de iniciación al budismo, a ver si así puedo encontrar la fórmula para reencontrarme con Josito sin tener que vivir del recuerdo. 

Eso de vivir del recuerdo nunca me ha gustado. Para bien y para mal soy mujer de presente o de ilusión por el futuro. Buffffff! El futuro! En mi entorno me encuentro gente que habla de un futuro lleno de tumores, artrosis, cataratas, enfermedades varias... Si, claro, algo de eso vendrá, faltaría más, pero ya lo atenderemos cuando venga. Mientras tanto yo prefiero dedicarme a escribir, a pescar, a pintar, a hacer "xuntanzas" con l@s amig@s, a ilusionarme con la próxima exposición de mi querido viejo loco, a editar el video del que he sacado la foto que va en este escrito. Hay miles de cosas en el entorno de mi vida, de nuestra vida con las que todavía me puedo, nos podemos ilusionar.

Me falta Josito, me faltas rapaz, pero estoy totalmente concienciada a que te has ido sin retorno y eso, qué quieres que te diga, me cuesta entenderlo. ¿Cómo es posible que un ser humano se muera igual que un cerdo, con perdón, o una vaca? Mi burdo ejemplo alude a que los animales irracionales se mueren o los matan y luego nos los comemos o se pudren. A los animales racionales, como mi Josito y otros y otras que han pasado a ¿mejor vida? no se los suele comer nadie, pero se acaban pudriendo también, a no ser que, como es el caso, los incineres y conviertas su cuerpo en cenizas. Punto pelota. Esto es lo que me cuesta entender o asimilar, que alguien maravilloso como él de un día para otro deje de existir. Se acabó. The End

Cuando yo era joven, poco antes de conocer al lucense, creía en Dios. Eso era un privilegio inmenso. Mis padres murieron y yo los seguí sintiendo al lado. No lo podía racionalizar, pero sentía que de alguna manera seguían ahí; no me paraba a desmenuzar el cómo, pero soñaba que un día no muy lejano nos volveríamos a encontrar. Ahora que soy una agnóstica ¿convencida? busco la fórmula para creer que el alma nunca nos abandona, que no podré "croquetear" con Josito pero sigue a mi lado, me guía, me habla, me inspira, me sonríe y me sigue amando. Como cuando nos podíamos abrazar.

miércoles, 21 de agosto de 2024

Casi 100 días sin ti

 



Ayer, 20 de agosto, se cumplieron tres meses del fallecimiento de Josito. Que mal suena esa palabra; es más literario lo de "hace tres meses que te fuiste", aunque a mí me suena a barnizar la realidad. La muerte es un viaje solo de ida, mientras que cuando uno se va siempre queda la esperanza del regreso. Acabo de contar los días sin ti: 94 días. ¿Quién nos lo iba a decir el año pasado por estas fechas? En la foto de arriba estamos parte de los nueve que hicimos la Linea Maginot. Era el mes de junio de 2023. El bicho ya había atacado, pero todavía no podía ni contigo ni conmigo.  En realidad los dos sabíamos que la Parka andaba por ahí, siguiéndonos la pista, pero estábamos dispuestos a ponérselo difícil, a exprimir la vida como un limón hasta que no quedara ni la cáscara.
 Me siento rara; ahora que he aflojado el ritmo de actividad, empiezo a despertar de estos días en los que tirar cosas, restaurar otras, pintar muebles y hasta tapizar una silla, alejaban la nostalgia de mi cabeza. Yo estaba muy sorprendida, ¿cómo es posible que esté tan serena, incluso ilusionada con cosas cuando las cenizas de Josito están en una urna dentro de un armario ? Me encontraba por la calle con algún conocido y tras darme el pésame me decía que lo estaría pasando fatal. Pues no, no lo estaba pasando fatal. Ahora es cuando empieza a rondarme la tristeza. A poco de cumplirse los 100 días sin ti comienzo a darme cuenta de lo que eso significa.

Yo siempre había temido la llegada de ese día en el que te irías para siempre. Cortaba ese pensamiento macabro imaginando que a lo mejor me moría yo antes, así es que no tenía sentido sufrir por anticipado. Poco después de diagnosticarte el cáncer tuve una conversación con Carme, nuestra amiga la traumatóloga, en la que en medio de un incontrolable llanto le decía que me veía ya viuda. Carme me echó una bronca seria y me dijo que lo que tocaba era vivir el día a día. Eso ya lo practicaba yo desde siempre, por eso nunca fui ahorradora, siempre viví el presente como si cada día fuera el último de mi vida. El futuro para mí no existía. Cuando empezó a existir tenía una cara muy fea; podía engañarme todo lo que quisiera, podía centrarme en el día a día y fue lo que los dos hicimos, pero el futuro pintaba fatal. Tú no decías ni mú, pero bien sabías lo que había. Con todo y con eso luchaste, luchamos hasta el final. Un día Raquel me dijo: "Lola afloja. Josito ya solo lucha por ti. Déjalo morir tranquilo", más o menos esas fueron sus palabra. Lo cierto es que yo lo único que hice fue tratar de encontrar tratamientos alternativos, pero pronto se vio que no había nada que hacer, así es que para cuando la doctora Yagüe me recomendó "aflojar" hacía tiempo que estaba centrada en  estar a tu lado y tratar de que tus días fueran lo más llevaderos posibles. 

A veces me pregunto si estuve a la altura de las circunstancias, si realmente conseguí ayudarte, pero creo que esos pensamientos victimistas no sirven para nada. Hice todo lo que pude y si no supe hacerlo mejor ajo y agua. En fin, creo que he entrado en la fase del despertar, de empezar a sentir de verdad lo que es la vida sin ti. Voy a tratar de enmendarle la plana a la muerte y seguir a tu lado aunque sea virtualmente. Voy a preparar un exposición antológica sobre toda tu obra fotográfica. En diciembre de este año cerraré la de "Enfocando a la mujer silenciada", en Granada. Lo que son las cosas de la vida, justo en el lugar donde vive la madre de tus hijos que como bien sabes me está ayudando mucho. La vida nunca deja de sorprendernos.

jueves, 11 de julio de 2024

¡Viva la justicia!

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Siiiiiiiii¡ Desde hoy soy una viuda con pensión de viudedad. Me lo he currado, pero he conseguido convencer a la Seguridad Social de que era un derecho que no se me podía negar. Te estoy escuchando decir por lo bajini: "Solo te interesa la pasta". Ya sabes que no, pero lo cierto es que me hacía poca gracia tener que pelearme en un juzgado para hacer viable un derecho que se podía haber puesto en cuestión por el mero hecho de que durante dos años tu y yo estuvimos empadronados en ciudades distintas. Y es que eso es lo que dice en teoría la norma que se aplica a las parejas de hecho: Hay que justificar cinco años de convivencia ininterrumpida en el momento del fallecimiento. Como si eso pudiera significar que los cónyuges mantienen la convivencia. 

Sucede que si uno ha pasado por el Registro Civil da igual donde esté empadronado. Tú en Boston y yo en California, pero si estuviéramos casados, aunque fuera mal casados y empadronados cada uno en una punta del mundo pero sin divorcio, el viudo o viuda sería automáticamente beneficiario de la dichosa pensión. ¿Pero no tienes lo que querías? me preguntarías tú si no me hubieras hecho la faena de irte a sabe Dios dónde.  Pues mira, verás, yo además de tranquilidad quiero justicia. Querría sobre todo tenerte a mi lado, pero eso si que no tiene vuelta de hoja, por más insistente que me ponga no te voy a resucitar. Lo sé, lo asumo, me entristece, pero no tiene solución.

 La notificación de esta noche me ha dado una alegría, como se la ha dado a Lalo y a Marga que son los que están aquí en Pontedeume conmigo y sé que Delia y Adri se van a alegrar un montón y Enrique y Teresa y las dos Marinas y Luisito y toda esa gente que nos quiere a los dos que es mucha. En fin, solo quería contarte esto para que estés tranquilo, porque en el fondo de tu alma estarías un poco preocupado. Sí, seguro. Estarías pensando por qué seré tan terco, qué trabajo me habría costado casarme con ella, aunque solo fuera porque era lo que ella quería.

En fin querido mío. Siento no tener el mismo poder de convencimiento con los muertos que con los vivos. Ahora que ya no me tengo que comer el coco buscando pruebas que justifiquen que no me separé de tu lado en ningún momento de los intensos treintaytres años que pasamos juntos voy a tener que aprender a vivir sin ti. "No vas a tener ningún problema", dirás tú aparentando un convencimiento que no tienes. Bueno, my love, creo que me voy a ir a la cama. ¿Te vienes? Sigo teniendo los pies muy calentitos.💕💕💕

sábado, 6 de julio de 2024

La mujer invisibilizada

Hoy he abierto por primera vez desde tu muerte mi correo de prensa y me he llevado una grata sorpresa. Me han escrito de Cabanillas para en primer lugar preguntarme cómo estás y en segundo preguntarnos si seguimos con la idea de exponer en ese bonito pueblo de Guadalajara. Llevaba varios días pensando en escribirle a Pilar, que es la encargada de coordinar las exposiciones, pero la verdad es que esta semana que va a finalizar he estado bastante apagada. Tanto papeleo, tanto sentirme ninguneada por las normas que rigen en esta comunidad madrileña, me han creado un abanico de sentimientos a cada cual más sofocante. Estoy más tranquila. Hoy en casa de tu maravillosa hija Delia estoy escribiéndote; a mi derecha  una triste y a la vez preciosa imagen: tú en la cama del hospital mirándola embobado y ella sonriendo con esa sonrisa tan bonita que tiene. Ayer cuando llegué y vi la foto, se la había regalado y enmarcado yo, tuve tentaciones de ponerla cara a la pared porque te traía a mi memoria en esos días en que cada vez los momentos felices eran más escasos. Pero al final la dejé donde estaba.

Me lío como las persianas. En realidad te iba a contar que tanto la de Cabanillas como Asun, me están poniendo las pilas para que empiece a retomar el tema de la exposición. Pocos instantes después de tu muerte me ilusionó mucho la idea de continuar con tu legado y llevarlo por todo el mundo. El respetable cabreo de no ser ni heredera de una de tus preciosas corbatas (dicho sea de paso ya he regalado dos), el tener que pelearme con mil y un escritos para demostrar que cumplo todos los requisitos de la mejor de las viudas, hizo que poco a poco tu imagen se fuera desvaneciendo, mi mente estaba ocupada y ofuscada por la injusta realidad de las parejas de hecho. Yo me preguntaba extrañada cómo te añoraba tan poco. No entendía nada. Hasta que de repente, un día, en el Notario éste dijo que tu estado civil en el momento de tu muerte era el de divorciado y el mío el de soltera.  Perdón, contesté yo,  éramos pareja de hecho. "Sí, pero eso aquí no cuenta". El fantasma del desamor se posó en mi cabeza como un pájaro de mal agüero:  ¿Quién era yo para ti? ¿Tan poco me querías que no te preocupaba mi futuro? Se me puso un nudo en la garganta y empecé a llorar a modo de catarata, sin poder parar. Poco a poco fue volviendo la sensatez a mi mente y afloró descarnado y sin disfraces el duelo que consciente o inconscientemente había escondido tras las peripecias de rescatar derechos o no derechos. Una mierda.

Ahora ya soy una triste viuda normal, sin herencia material pero con tristeza, una tristeza de la que a veces huyo escondiéndome en mi zona de confort; es decir, mi viejo loco, mis libros, mis películas de Netflix y de vez en cuando un empacho de helados que están consiguiendo que no solo sea una viuda desheredada sino también gorda e insufrible. 

Yo no quería hablar de mí, quería hablar de tu exposición, "Enfocando a la mujer invisibilizada", recuperar aquella ilusión de comisariar toda tu obra, hablar de ella y de ti, recordarte y mostrarte ante los que no tuvieron la suerte de conocerte como el hombre solidario que eras. En fin Josito, un abrazo grande y sentido allá donde estés. No te guardo rencor por no haberme hecho las cosas más fáciles. Siempre defendí esa grosera premisa de que además de ser un hombre maravilloso hacías pis y caca como todos los demás.  Me voy a poner guapa para ir al Generalife con tu hija, con la madre de tu hija y nuestros estupendos amigos de Madrid. Vamos a ver el Ballet de Lucía Lacarra. ¿Te acuerdas?, aquella maravillosa bailarina que entrevistamos en Peralada hace algunos años.

martes, 25 de junio de 2024

Miedos, fobias y contratos de amor

 

Mi querido viejo loco llevo muchos días escribiéndote en mi cabeza, a veces cabreada a veces triste y a veces qué se yo. Es cierto que las experiencias más duras de la vida son las que más nos enseñan, las que nos descubren claramente de qué pie cojeamos y qué debemos hacer para solucionarlo. Sucede que yo siempre he sido una persona luchadora y convencida de que hay que correr hasta llegar a la meta. También desde que tú, perdón, tú no, la "colangi" te llevó a sabe Dios dónde, no acabo de ubicarme. Si, estoy todo el día haciendo cosas, combatiendo la tristeza con actividad. ¿Te querrás creer que desde que tú te has muerto subo en el ascensor sola? No es que haya perdido la claustrofobia, es que no pienso en ella, me miro en el espejo, veo lo "gordita" que me estoy poniendo y cuando me quiero dar cuenta se han abierto las puertas del ascensor. Hoy subí en el de mi hermana que da mucho más miedo porque es mas cerrado todavía. Entonces lo que hice fue cerrar los ojos hasta que se abrió la puerta.

Al final va a resultar que te tenías que morir tú para que yo perdiera mis fobias. Reconoce que no las soportabas. Te jodió mucho que decidiera montar en avión después de unas cuantas sesiones con Helga. Nunca entendiste que por muy grande que sea el amor el miedo es un sentimiento muy potente, devastador. Ahora tengo que dormir sola por narices, porque no se trata de buscarme a alguien que vele mis noches. Al final va a tener razón Helga. Ella decía que mi único miedo era perderte, que me dejaras; lo demás eran tapaderas. Según los psicólogos los miedos auténticos no dan la cara, se esconden tras otros miedos más físicos. Si eso fuera así, ahora que ya no puedo tener miedo a perderte porque te he perdido sin solución se me tendrían que ir todos los miedos. 

Cuando empezó nuestra relación tu estabas herido de muerte, la separación de la madre de tus hijos había revolucionado tu mundo emocional. El primer día que me hablaste de tu situación me pareciste una persona fría era como si estuvieras describiendo algo ajeno a ti. "A mí nunca me podría gustar un tío tan frío", pensé. En medio de tu sufrimiento, yo, una estudiante de periodismo desenfadada y estilosilla te hacía gracia, sacaste a flote tu lado seductor y me enamoré. Tu no, entonces todavía no. Lo cierto es que nuestra relación como los buenos vinos fue ganando calidad con los años. Por entonces yo no pensaba en el matrimonio, me daba igual, solo quería pasar la vida a tu lado, hasta que la muerte nos separara como así ha sido.

Pero llegó un momento, según se fue afianzando nuestra relación y como consecuencia la recuperación de mi ego, que me quise casar; me parecía lo lógico y lo justo. Llevábamos muchos años juntos, tantos como para celebrar las bodas de plata y todavía no habíamos pasado por el juzgado. No podía ser. Yo me quería casar. Tú no. Insistí, recordé lo que me había dicho al respecto el sabio Enrique :"la mayor parte de los hombres no nos queremos casar, pero es cuestión de insistir, al final cedes". Seguí el consejo de Enrique y Josito me dijo: "Como quieras, nos casamos, pero estoy convencido de que será malo para nosotros". Esa frase me dejaba siempre fuera de combate. Me la tomaba al pie de la letra, me la creía a pies juntillas, y al final la que cedía era yo.

El caso es que con el tiempo volví a la carga y esta vez en vez de casarnos nos hicimos pareja de hecho, digamos que él tampoco veía la necesidad, pero era como un mal menor. "Josito debíamos hacer testamento" le dije un día. ¿Para qué? me preguntó él. Porque si te pasara algo yo querría seguir viviendo en esta casa.  A mí hablar de estas cosas me costaba un dolor de estómago, creo que se me empezó a llenar la vesícula de pedruscos con este contencioso. Él estaba convencido de que como pareja de hecho teníamos los mismos derechos que un matrimonio civil. Pero estaba equivocado. Y yo más todavía porque siendo como era la interesada en hacer un contrato en condiciones, que es lo que es el matrimonio, tenía que haber investigado y entonces me habría enterado de lo que me he enterado ahora. 

Lo de los derechos hereditarios de las parejas de hecho es diferente en cada  Comunidad Autónoma. Si te emparejas en Cataluña tienes los mismos derechos que los miembros de un matrimonio civil, además de la pensión de viudedad. En Madrid, solo esto último y hay que demostrarlo, a mí después de 33 años de convivencia me está costando. Lo de los derechos hereditarios no me va a costar nada porque en esta comunidad no existen; es decir ni usufructo ni pollo frito, ná de ná. Yo tengo la suerte de que Delia y Adri quieren que esta casa sea la casa de los tres hasta que la muerte nos separe, pero no siempre es así. Lo digo porque tengo una amiga que su novio le dice que es lo mismo una cosa que la otra. Pues no.


    

jueves, 20 de junio de 2024

El enano y yo

 

Dicen algunas de las personas que me conocieron en mis años mozos que yo era guapa. Yo nunca lo pensé. Ni guapa ni fea, todo lo más con "xeito". Muchos años atrás, antes de alcanzar la edad en la que el físico empieza a florecer, tenía una vecina que se llamaba como yo. Era lo único que teníamos en común. Dolores, mi vecina era una niña aplicada, obediente, aparentemente sumisa. A mi madre le parecía perfecta como amiga de su hija la pequeña: Por aquellos entonces yo era simplemente una niña buena, con una bondad que venía de fábrica, como que no tenía mérito. En vez de estudiar prefería soñar y por eso me leía todos los libros que pasaban por mis manos, desde las colecciones enteras de Enid Blyton, Escelicer, José Luis Martín Vigil y, como no, la ultra romántica Corín Tellado: Las asignaturas del cole las miraba por encima, no llamaban mi atención, excepto las matemáticas, la literatura y los idiomas. Así que mis notas finales solían ser un desastre. En aquellos días yo estaba convencida de que la gente me veía fea, ojo, la gente, yo no. Me miraba en el espejo y veía una cara con expresión dulce, ojos oscuros bonitos, una nariz que aunque fuera un poco más pequeña no le pasaba nada, pero tampoco desafinaba, y una boca discreta, de las que habrían triunfado en el siglo XVIII.  "Pues yo no me veo fea -le decía a la imagen que me devolvía el espejo- en realidad tengo cara de niña buena, que es lo que soy, pero fea...". "A lo mejor me pasa como a alguna de mis compis del cole que son feas a rabiar pero no se enteran porque no tienen una vecina gilipollas y acomplejada como era la del segundo izquierda". Mi amiga Dolores, que se convirtió en amiga por insistencia de mi madre, me llamaba Potofea. Lo de Potó es un apodo que me puso mi primo Enrique, un excelente cantante de ópera, formado por el gran Alfredo Kraus, y que nunca fue capaz de actuar en un escenario porque tenía miedo escénico. En mi familia hay personajes muy peculiares, supongo que como en todas las familias.

El caso es que él me puso Potó, luego vino la coña del Potofé que creo que era un producto que se le echaba a la sopa y, después, la vecina del segundo me bautizó con el insufrible "Potofea". Con ese nombre y teniendo en cuenta que no existían ni las redes sociales ni Internet,  crecí con el convencimiento de que ni me iba a casar ni iba a tener hijos, salvo en mis sueños. En mis sueños siempre me quedaba embarazada pero me despertaba antes de parir y mucho antes todavía de pasar por la vicaría. 

 Luego con el paso de los años empecé a tener éxito entre el género masculino, pero nunca acertaba; los que me gustaban apenas se fijaban en mí y los que estaban por mí no me gustaban. Un día una psiquiatra me dijo que eso me pasaba porque huía del compromiso. ¡Valiente chorrada! No sé por qué me estoy enrollando con estos recuerdos. Al comenzar este viejo loco iba a hablar del cabreo monumental que tengo con Josito y conmigo misma. Por eso hoy no me dirijo a él. No sé si en uno de estos escritos conté que me enamoré de Josito a lo bestia, como si nunca antes hubiera sabido lo que era el amor. Había vivido con anterioridad un primer amor platónico que me duró muchos años debido a la fábula que me creé en mi  corintelleada mente y de la que desperté de golpe cuando en la vida de Chano apareció Claire, una maravillosa americana con la que es muy feliz. 

Siempre afirmé y con convencimiento que yo era mujer de un solo hombre. Sucede que hasta que apareció el definitivo pasaron muchos años, y muchos hombres también. Un día haciendo una prueba de imagen en la Facultad de Ciencias de la Información oí a mis espaldas una voz que me puso la piel de gallina, profunda, varonil y con acentiño gallego. Me di la vuelta y me encontré con la intensa mirada de un hombre bastante guapo, con bigote, fuerte, bajito, camisa de cuadros y una cámara de fotos colgada del hombro. No era ni de lejos mi tipo; o eso creía yo. Nos pusimos a hablar y me quedé fascinada por su mirada y por su forma de escuchar. Era la primera vez en mi vida que tenía frente a mí a alguien que me prestaba una atención tan cautivadora. Me sentí... no sabría cómo explicarlo, ¿fascinante,  quizás? No sé, pero me encantó la sensación. Tardé bastante tiempo en descubrir que aquel gallego moreno, bajito y con bigote era un autentico seductor. Yo una parva sin remedio. "Si no me quieres me lo dices", me espetó por teléfono un día después de darme un plantón en toda regla y a sabiendas de que mi voz no iba a ser capaz de disimular el cabreo que tenía. Josito, José Luis entonces, siempre tuvo la habilidad de llevarme al huerto casi sin el mínimo esfuerzo. Era muy muy listo y yo estaba peligrosamente enamorada, con ese enamoramiento que sufrimos algunas personas y que a veces nos lleva a pensar que el objeto de nuestro amor no hace ni pis ni caca. Pero todos los mortales, hombres, mujeres o lo que sean cumplen con el señor Roca y si no cumplen se lo tienen que hacer mirar.  Me fui enamorando del seductor gallego casi sin darme cuenta; la primera en saberlo fue Asun, su mujer con la que aún vivía. "Esa chica está loca por ti, pero a ti no se te ve tan enganchado". Y tal cual se lo dijo su santa, me lo cascó él a mí. Yo todavía no había cerrado la boca de lo descolocada que me dejó la frasecita, cuando me la cerró él con un beso de película, de esos que te dejan kao. Me fui a mi casa con la duda de que la flojera que se había agarrado a mis piernas me permitiera subir las escaleras. No sé ni como conseguí abrir la puerta de casa. ¿Qué me estaba pasando? ¿Estaba enamorada de ese enano gallego cuando a mí siempre me habían gustado de 1,80 para arriba? Y además estaba casado. Y yo era de las que siempre habían dicho que para mí un hombre casado era como un cura. Pue sí, me había enamorado de un lucense llamado José Luis y apodado por su panda como "el enano". Lo del cabreo queda para el próximo capítulo.



Carta a mi querido papi


Hace justo un mes que nos dejaste. Desde entonces (20/05/2024 a las 10:30h) y hasta hoy no me he sentido con fuerzas para casi nada; mi día a día es ir retomando la rutina con un vacío que supongo se quedará para siempre. Aunque intento estar en paz con la situación, con que tenía que ser así, me cuesta muchísimo papi. Esto de no tenerte se me está haciendo muy cuesta arriba. Creo que a nivel emocional ha sido, con diferencia, lo peor que me ha pasado en la vida.

En tus escritos afirmabas que no tenías ninguna intención de vencer al bicho, o ganar la batalla, o esas frases que te decía la gente. Ahora lo entiendo todo; solo querías una convivencia pacífica con él, sin molestaros. Querías que te dejara vivir tranquilo. Pero esa sabandija, igual que otras que rondaron por tu vida, fue cruel y despiadada. De cualquier manera, entiendo tu postura porque tú ya les habías ganado desde siempre. Tus ganas ganaron, papá. Eres tan bueno que tus ganas siempre han ganado. Lo cierto es que me encanta recordarte; aunque me provoque todavía dolor y tristeza, pese a que llore y sufra, quiero tenerte en mi memoria. Es una forma de sentir que sigues conmigo y quiero que siempre sea así. Mi mayor temor es que con tu ausencia física se vaya borrando también tu recuerdo. No quiero que eso ocurra, no lo voy a permitir. Es por eso que mi forma de afrontar el duelo puede resultar un poco peculiar, quizás demasiado intensa: poniéndome tu ropa, coleccionando tus objetos simbólicos, hablando y besando tus fotos... Incluso había pensado en guardar en un bote parte de tus cenizas para tenerlas siempre. Las actitudes que, antes de perder a una de las personas que más quieres en el mundo, pueden sonar algo macabras, se ven diferentes cuando las vives en primera persona y te agarras hasta a un clavo ardiendo con tal de calmar el dolor del alma. Todo esto, papi, es porque no quiero dejar de recordarte. Dicen que solo muere quien se olvida, así que tú siempre estarás conmigo porque nunca te voy a olvidar.

Esta parte de mi duelo es la más emotiva. Hay otra parte, papá, que lo que contiene es ira y rencor. Sobre todo hacia cierta gente por la que diste todo y no te agradecieron nada. Creo que no hace falta mencionar de quien se trata. Lo peor es no poder dejar de sentir rabia e impotencia. Te hicieron hasta una misa/teatro. Montaron un "show" para auto consolarse entre ellos. 

Por mucho circo que monten, siempre vivirán con la culpa del daño que te produjeron. Ni que decir tiene, que a nosotros tres no nos han dado ni un pésame ni medio y no conformes con semejante falta de respeto, pusieron además una esquela en el periódico de Lugo nombrando a tus hermanos, sobrinos, etc. Sin nombrarnos a nosotros,  tu mujer y tus hijos. Con esto me reafirmo en mi teoría de que los lazos de sangre son una sandez. Por suerte no eres como ellos. Tú eres un corazón puro y lleno de bondad. Menos mal que al final te diste cuenta de que no se portaron bien y de que no te merecían; y lo sé, porque dicen que un enfermo cuando está terminal, espera a sus seres queridos para despedirse. Tú nos esperaste a nosotros, a Lola, a Adri y a mí y te fuiste sereno y en paz, con nosotros a tu lado. A los otros no los esperaste. Gracias papá. Esa despedida íntima, en exclusiva, es el mejor regalo que me has podido hacer. Te quiero. Delia.


domingo, 16 de junio de 2024

Feliz cumpleaños Papi

 

Feliz cumpleaños Papi/Josito. Me lo acaba de recordar Delia: ¿No es hoy el cumpleaños de Papi? Yo inmersa en terminar el viejo loco anterior había olvidado que si la Parka no nos hubiera hecho la puñeta, hoy, 16 de junio, cumplirías 74 años, un chaval. ¡Qué putada! Con la de cosas que querías hacer. Siempre decías que no te iba a dar tiempo a hacer todo lo que te apetecía:  volver a África, conocer el centro construido por Rodolfo gracias a tu gran estilo para hacer un agujero en los bolsillos de tu multitud de amig@s. Querías seguir escribiendo, fotografiando, haciendo exposiciones, compartir momentos de charla, pan y vino con todos tus amores, pero la democrática muerte fijó sus crueles ojos en ti y a pesar de que nos batimos con ella con todas nuestras fuerzas, nos ganó la partida.

Como regalo de cumple te diré que hoy estoy en Granada con Delia y Adri. La disculpa un ballet en los impresionante Jardines del Generalife. Fue ayer noche y me pasé toda la actuación llorando, diarrea lacrimógena le llamo yo. Un entorno maravilloso, Delia totalmente subyugada por la grabación musical de la ORCAM (Orquesta y coro de la Comunidad de Madrid), no pestañeaba. A mí me empezaron a caer las lágrimas, era tu cumpleaños y yo estaba allí sin poder coger tu mano y sentir como jugueteabas con mis dedos. 

 Recordaba otros momentos similares, cuando íbamos a ver bailar a Delia o a Mireia. Se agolparon en mi mente multitud de recuerdos mientras el aristócrata James se dejaba seducir por una etérea Silfide. Me acordaba de las actuaciones de danza en el desaparecido Teatro de Madrid, en el que tantos buenos espectáculos hemos disfrutado los dos juntos. Al teatro también le cazó La Parca. Todo lo bueno acaba por esfumarse, y lo malo también. Menos mal.

Hoy hemos comido en La Zubia, en la preciosa casa de Asun y Ricardo y hemos brindado los tres por tu 74 cumpleaños.  La verdad es que me gusta la madre de tus hijos, es acogedora, cariñosa y jovial. He estado veces contadas con ella; la primera con motivo de una operación de oído que le hicieron a Delia y vino a Madrid para estar con ella. Lógico. Previamente me lo comentó. "Quiero dormir con ella en el hospital. ¿Te importa?" Solo faltaría. Ella era y es su madre, siempre lo tuve claro. Esa primera vez estuvimos un largo rato charlando en el bar del hospital y me pareció una mujer muy atractiva, no solo por su físico que también sino por su forma de comunicarse conmigo. Creo que no la volví a ver hasta la primera comunión de Delia, que realmente ahora no recuerdo si fue antes o después de la operación. Hablé una vez por teléfono con ella y seguí sintiendo una corriente de empatía.

Ahora tenemos más trato. Como autodenominada jefa de prensa de mi marido decidí un día preguntarle a Adri qué le parecería a su madre si le pedía ayuda para encontrar sala de exposiciones en Granada para tu exposición fotográfica "Enfocando a la mujer silenciada". A Adri le pareció bien, la llamó, me la pasó y empezó nuestra pequeña gran relación. Yo siempre pensé que ella como artista, feminista y profesora de Bellas Artes, vería tu exposición, más como una obra fotográfica reivindicativa con la precaria situación  de las mujeres en el mundo, que como un trabajo de su ex. Creo que para ella eso debía ser secundario, al menos eso me decía mi intuición femenina. Y creo que acerté. 

Hoy hemos comido Adri, Delia, Alberto y yo en su preciosa casa. Es la casa de unos artistas, con grandes cuadros de ella y de él adornando las paredes. Fue una comida familiar en la que estaban gran parte de los integrantes de este variopinto clan familiar: Asun y Ricardo, sus hijos, Delia, Adrián, Eva y Jorge; sus nietos, Alejandro y Elvira y por otra parte, Mario el novio gallego de Eva, Alberto, pareja de Delia y yo la reciente viuda del primer marido de Asun. A mí me gusta que la vida a veces sea así y que aquellas personas con las que en algún momento por unos u otros motivos hubo desencuentros, finalmente encuentren, si los hay,  puntos de unión, detalles que hacen que ese hombre o esa mujer que nos ha robado la muerte esté de alguna manera presente en medio de este peculiar grupo formado por padres, abuelos, hijos, nietos y allegados. Esto te confirma que las cosas, sobre todo cuando son autenticas tienen la capacidad de transformarse, pasar del amor al odio o viceversa, acercarte un poco al sentir de aquella persona que no tenías claro cómo y por quién latía su corazón. 

Lo cierto es que me encontré a gusto. Quizás esta situación no se habría dado si tu estuvieras aquí, o a lo mejor se daría pero un poco más tarde, cuando las fotos de las mujeres invisibles acabaran por acercar desde la serenidad que da el paso del tiempo a dos personas que en su día se amaron. Es posible que yo sea una romántica sin remedio. Recuerdo una vez que vino Asun a casa a recoger a Delia y yo, no sé por qué se lo conté a tu madre, un comentario trivial, supongo. "Ten mucho cuidado Lola, José estuvo enamoradísimo de Asun y donde hubo siempre queda". Yo no le dije nada porque entre el pensamiento de aquella buena mujer y el mío había una distancia inabordable, pero pensé que me daba igual; estaba bastante harta de que toda la gente de tu entorno, tú el primero, me hablarais  de la pareja de ensueño que formabais, recuerdo una persona que un día me dijo que no entendía que teníamos tú y yo en común, mirándome como si yo fuera un mosquito. Yo luchaba porque las lágrimas no dejaran ver mi inseguridad. "Bueno, los dos sois gallegos"sentenció aquella gilipollas.Yo, como me suele pasar en estas situaciones me quedé bloqueada. Menos mal, porque de haber seguido lo que me pedía el cuerpo le habría dado una morrocotuda patada en la entrepierna.  Pero no lo hice. Hoy me alegro, no por su chichi sino por mí, por no haberme puesto a la altura de una cucaracha. 

El trastero de Josito

 

No me acaba de convencer como titulo, "El trastero de Josito". Se me ha ocurrido al recordar tu sección en El Inmobiliario mes a mes. En este caso no se trata de un trastero sino de un monte, el monte de Breamo, situado a 300 metros sobre el nivel del mar, desde él se divisan las rías de Ares y Bentanzos y, en primer plano nuestro querido Pontedeume. Bueno, pues sucede que ahí, en algún rincón de esa bucólica parcela y, por gentileza de nuestro amigo Gaby que es el propietario, vamos a plantar un árbol con tus cenizas. La genial idea no me pertenece a mí (Lolita), se le ocurrió a tu hijo Adri y nos pareció a los tres estupendo. Bueno por si acaso en el mas allá se te ha nublado un poco la mente, cuando hablo de los tres me refiero a Delia, Adri y yo.   Yo en principio pensaba tirarlas al mar, pero pensándolo mejor 
no tiene gracia que tus solicitados restos vayan a parar a la tripa de alguna lubina, que vete tu a saber, igual la acabo pescando yo y me lacomo. No me mola.

 La verdad es que tus cenizas están muy solicitadas. Delia quiere unas poquitas para plantar algo, no sé si un árbol o una lechuga, un poco más cerca de su casa. Y yo entiendo su deseo de tenerte más cerca, poder hacerte una visita de vez en cuando y contarte sus cuitas. Tanto ella como Adri te tenían a tiro de móvil para contarte sus problemas y escuchar tus sabios consejos. Ahora no pueden porque te has ido, perdón te has muerto. Las cosas como son, por más que nos duela, te has muerto y no tenemos posibilidad alguna de que resucites y vuelvas. Los que se van, ya sea al cine o a pescar una trucha al río, siempre pueden volver salvo que se encuentren a la muerte por el camino. Por eso no comulgo con la expresión de "Fulanito se ha ido", cuando en realidad lo que pasa es que se ha muerto.

Bueno, pues eso, que Delia quiere unas pocas cenizas tuyas y Rodolfo también. No sé si en ese desconocido lugar donde te encuentras -yo soy una agnóstica contrariada- llegan alguna noticias. Por si acaso te cuento que el amigo Rodolfo ha decidido que el Centro Nakouro, pase a llamarse en adelante Centro José Luis FERNÁNDEZ LIZ. "Esto es lo mínimo que podemos hacer para inmortalizarlo físicamente", dice tu amigo beninés, que ahora quiere dar un paso más teniendo parte de tus cenizas  "en ese país que tanto amabas". En principio pensé que era un deseo lógico y que se correspondía con la realidad. Tu amor por África era evidente, pero lo cierto es que después de indagar descubrí que el mandar una urna a Benín salía muy caro, vamos, estoy segura que te hubiera parecido un despilfarro, así es que de momento la cosa está en modo pausa y tus cenizas siguen metidas en una única urna medio escondida en el armario de la cocina porque a Rahma eso de que te hayamos incinerado le ha parecido fatal. Cada cual con sus creencias, oye.  Pero al margen de toda esta verdad, a mí me hace poca gracia el andar removiendo tus restos, cuarto y mitad para aquí, cuarto y mitad para allá. Pues no, no estoy para estos lances, di tu que ando bastante serena entre otras cosas gracias al Lorazepan que es un primo flojito de lo que te daban a ti en Moncloa, pero que funciona muy bien. 

En esto de andar en tus pertenencias, sean corpóreas o extra corpóreas ya me supera un poco.  Mira que tienes fondo de armario y de lo que no es armario. Para que luego me dijeras que la casa estaba llena de cosas mías. Hay que ver la poca capacidad de objetividad que tenemos los seres humanos. Yo siempre lo he dicho: la objetividad no existe; lo que sí existe es la honestidad. Un periodista o una periodista, tú o yo sin ir más lejos, somos personas honestas. La honestidad es una rara Avis que apenas se estila por estos mundos de corruptos y ambiciosos, pero haberla hay; objetividad no, uno siempre va a ver las cosas bajo su prisma particular. 

No sé porqué se me ha ido la pinza con eso de la objetividad. Ah, sí, porque tienes ropa y papeles para aburrir. Confieso que en vida tuya tuve tentaciones de tirarte más de una camiseta y pantalón que estaban más para hacer paños de cocina que para vestir a un señor catedrático, como le gusta decir a tu hermano Lalo. Él tan pimpollo en la cosa del vestir y tú tan pasota. Lo cierto es que una vez cedí a la tentación de tirarte una chaqueta de un chandal que daba pena, y al poco rato volviste de la calle con la chaqueta y cara de muy pocos amigos. Nunca mais! 


viernes, 31 de mayo de 2024

Sucedáneos no, por favor

 Hola guapo, lo cierto es que en esta foto estás muy guapo, muy tú; ya el "colangi" empezaba a dejar sus huella en tu rostro, pero sin restarte atractivo. Que pena no poder volver a acariciar ese rostro tan querido... ni calentarte los pies por la noche en la cama. Ummmm! Estoy muy rara, no me reconozco, apenas te lloro. Me has dejado tanta tarea que no hay tiempo para añoranzas. Entre eso y que un día que estaba fatal se me ocurrió llamar a  Eva, la psiquiatra, ya sabía yo lo que iba a pasar, pero no era cosa de ir llorando por la calle. Así es que me dejé dopar. Algo ligero por otra parte, pero a Delia no le hace ninguna gracia. "A ver si te acostumbras y te pasas de la raya". Yo ya le digo que no hay de qué preocuparse, hasta en eso soy bastante comedida. 

 La que está hecha polvo es Rahma, no hace más que llorar. Lo de las cenizas no le hace ninguna gracia, no lo acaba de atender. Le he dicho que voy a plantar un árbol con ellas, en Pontedeume. Fue idea de tu hijo, una idea genial. Pero bueno, a lo que iba, que no me he puesto a escribirte para lanzarte piropos; lo cierto es que me has dejado un marrón, muy marrón. Y todo por no haberte querido casar conmigo. ¿Para qué? preguntabas tú, como si te estuviera proponiendo comprar un par de pantalones iguales a los que tienes en el armario, que no sé que voy a hacer con tanto pantalón, les voy a dar pasaporte en cuanto solucione lo de mi viudedad. "No te preocupes, Lolita -me decías cuando yo erre que erre pedía tu mano- ahora los cónyuges tienen iguales derechos estén casados o sean parejas de hecho". ¡Y una mieeeerdaaaaa!

Resulta que las parejas de hecho, las "marginadas" parejas de hecho, para ser beneficiarias de pensión de viudedad, el susodicho o la susodicha tienen que acreditar al menos cinco años de convivencia ininterrumpida antes del fallecimiento del que se va al otro barrio. El matrimonio civil es otra cosa, of course. Sucedáneos no, por favor. Vaya retorcida imaginación que se gasta la Administración. ¿Por qué será que siempre nos ponen la lupa a los que no tenemos nada que ocultar?.

Te acordarás que desde que comenzó el Covid nos trasladamos a nuestro acogedor pisito de Pontedeume y pasamos allí toda la Pandemia. Estábamos tan a gusto a pesar de tus problemillas de salud que establecimos allí nuestro cuartel general. A los seis meses yo tuve que cambiar el Padrón porque la Seguridad Social no permite un médico de desplazados más de seis meses seguidos. Y me empadroné en la preciosa villa del Eume. Ahora resulta que mi padrón, cual puto acusica, certifica que durante dos años yo residía a 600 kms de mi amado. Mentira cochina. El caso es que tú en ese mismo espacio de tiempo estabas empadronado en nuestra casa de Madrid. Dice la Ley de Parejas de hecho que para ser beneficiario/a de una pensión de viudedad, hay que justificar cinco años de convivencia ininterrumpida en el momento del fallecimiento de uno de los miembros de la pareja. 

Así es que ahora me encuentro en la injusta no, injustísima, inaceptable situación de tener que demostrar que esos últimos cinco años previos a tu fallecimiento he estado pegada a ti como una lapa, amándote, cuidándote, disfrutando de tu compañía, preocupada por tus achaques surgieran aquí o allá.  Pero los papeles son fríos, se limitan a reflejar lo que dice la letra impresa, no les importa que  la realidad sea otra. Han sido estos últimos años muy difíciles. Tu salud te puso, nos puso a prueba muchas veces, aun recuerdo aquel día previo a la Navidad de 2021 que seis días después de hacerte una mucosectomía empezaste a sangrar como un cochino recién degollado. Eran las once de la noche y estábamos a 30 kilómetros del Hospital Quirón Coruña, donde tenías al cirujano que te había hecho el arreglito. ¿Llamo una ambulancia, me lo llevo en coche? Finalmente nos decidimos por esto último. Yo me metí un orfidal debajo de la lengua porque estaba aterrorizada. ¿Y si pierde el conocimiento? ¿Y si...? ¿Y si...? Mientras tanto tú, con esa serenidad que te caracteriza, me decías, Lolita, pon las luces de cruce. "Tú limítate a conducir -me decía mi ángel de la guarda- conduce, no pienses, ni le mires. Pase lo que pase tienes que llegar al hospital". Y llegamos. Por los pelos. Cinco minutos después, ¡Katapun! Te caías desplomado en el WC. Fueron unas Navidades jodidas, entre la vida y la muerte. Yo empadronada en Pontedeume y tú en Madrid, pero los dos juntitos en el hospital, de Uci en Uci y de susto en susto. Hasta que el Doctor Alonso y esa fantástica cuadrilla de sanitarios del Quirón Coruña estabilizaron tus constantes vitales y nos pudimos ir a casa, a la de Pontedeume, si claro, los dos juntitos aunque yo estuviera empadronada allí y el aquí, con Lalo y Marga y creo que también vino Mamen,  pero eso a los del Padrón les da igual. Si estábamos juntos tenemos que demostrarlo porque una cosa es estar casado y otra muy distinta emparejado de hecho; una cosa es el registro de un matrimonio civil y otra muy distinta el de uniones de hecho. Pues visto lo visto, esto último es una carallada, que además de complicarte la vida te quita el derecho a llevar un duelo como Dios manda, tirada en el sofá, llorando a moco tendido, gastando cajas de clinex y recibiendo a los amigos para que intenten llenar el vacío que tu, mi querido viejo loco, me has dejado. Pero no te preocupes, no soy rencorosa y aunque no te hayas querido casar conmigo voy a hacer la vista gorda y seguiré divulgando tu legado por el mundo mundial. 


sábado, 25 de mayo de 2024

Bella herencia y vulgar apariencia


Buenos días mi amor. ¿Qué tal te tratan en el Mas Allá? Espero que no te duela la barriga, la hernia se haya esfumado y la paz sea contigo.

Como nunca he visitado esos lares y además tengo las creencias un poco debilitadas, no sé si tú te enteras de lo que pasa por aquí. Como te puedes imaginar hay mucha gente que te llora abundantemente y dicen de ti cosas preciosas, todas las que te mereces. 

Antes de pasar a la parte menos bonita de mi relato de hoy quiero agradecerte de corazón la herencia que me has dejado. Tú, tan reacio a los artificios me has hecho el mejor regalo del mundo. Ya en los días previos a tu muerte, mucho antes quizás, empecé a vislumbrar que te preocupaba mi incierto futuro, sola y con mi catálogo de miedos a cuestas. Tomaste entonces la sabia decisión de no irte del todo, de, de alguna manera continuar siempre a mi lado. Gracias nene, eres un amor. 

Fue hace unos días, cuando el tránsito entre la vida y la muerte empezó a hacerse más palpable. Tu respiración se ralentizaba rítmicamente, ninguna arritmia, ningún ruido extraño, hasta que vimos que ya no había aliento alguno. Fue tan discreta tu forma de expirar, que yo no estaba segura y buscaba  tu pulso en el cuello, te ponía la mano frente a la boca. Nada. Adrián me abrazó y Delia se unió al abrazo. Te dimos un beso y salimos a buscar a la enfermera. Mientras veíamos cómo cuatro sanitarios iban a toda leche llenándote el cuerpo de chapas para hacerte el electro, tus hijos y yo nos envolvimos en un nuevo abrazo salpicado de lagrimas. Era como si a través de esta unión mantuviésemos el contacto contigo. "Lolita no te vamos a dejar sola", "vamos a estar siempre a tu lado". Y en ese momento, justo en ese momento sentí que efectivamente no estaba sola, tenía a tus hijos y ellos me tenían a mí. De una forma recíproca fuimos conscientes que tú ibas a vivir en nosotros a través de la buena conexión que se había establecido en este largo año de enfermedad y lucha ¿Te lo puedes creer Josito? A Delia y a Adri los sentí como hijos míos. Nunca antes me había pasado. Yo sabía y sé que tienen a Asun, una madre estupenda. Yo era simplemente Lola, "la que está con papá", decía Delia en el colegio cuando la maestra le preguntaba quién era yo. Pero ahora algo había cambiado sustancialmente. Asun, me lo dijo al día siguiente: "Es que también son hijos tuyos, Lola". ¡Que bonito acto de generosidad!

¡Y ahora vamos al lío! Esta es la otra cara de la moneda. 

Ya sabes que Adri, Delia y yo estamos muy dolidos con tus hermanas y sobrinos; en el caso de Delia y Adri, lo de "dolidos" es un eufemismo, pero voy a tener cuidado con el lenguaje, no sea que San Pedro, no deje llegar mi mensaje al cielo, si es que el cielo existe y allí tienen Internet.

Bueno, pues sucede que después de los desplantes que te ha y nos ha dado tu familia, ninguno de los tres entendíamos que cuando la parca se acerca, las hermanas olvidan todo lo desleal que según ellas has sido, y que te explicaban en un desafortunado guasap que te escribieron a principios de 2023 hablando de las equivocadas elecciones que has hecho en tu vida. Nunca han entendido que no fuiste tu el que elegiste a Lalo sino que eran ellas las que querían que eligieses entre él y ellas, que no fuiste tú el que eligió a Eva como amiga, sino que fueron ellas y Adrián sobrino quienes querían que eligieses : o ella o nosotros. Pero Tú no elegiste, simplemente no entraste en su juego. Fuiste siempre leal y fiel a ellas y a tus principios. Nunca dejaste de escribirles y tratar de hacer reuniones buscando el entente entre todos, fueron ellas las que unas Navidades dejaron de contar con nosotros. "No había sitio porque había crecido la familia, ahora tenían consuegros". Caray, eso en mi tierra si que se llama elegir. Prefiero a mis consuegros que a mi hermano. Que se vaya con el otro hermano ya que tanto lo quiere. Una pena, Josito. Yo he sufrido mucho por ti porque creo que es lo más injusto que he visto en mi vida. Has tratado a Mireia y a Elba como si fueran tus hijas y a Adri sobrino igual. Es difícil de asimilar que te cierren las puertas porque tu sigas queriendo a tu hermano Lalo y a Eva. Dos personas a las que nosotros consideramos absolutamente dignas de nuestro cariño. 

No voy a matizar aquí todos los detalles de los feos que nos han hecho a nosotros, a tus hijos y a mí, no solo a ti, tus hermanas, pero quiero que entiendas que el rechazo que nos producen es por el inmerecido maltrato que han tenido contigo. Tu eres un hombre anormalmente bueno, si perdona que te lo diga así. Jesucristo ponía la otra mejilla, pero dicen que era el hijo de Dios. Y tu que no eres hijo de Dios, también la pones. En Diciembre de 2022 nos hacen la cobra en el coctel de Fin de Año en Sao Felix Parque, bueno la cobra fue de Benigno, nos debió confundir con algún delincuente de su comisaría, pero tus hermanas no lo hicieron mucho mejor, un frio beso a lo Pitita Ridruejo con cara de Pepe Legrá. Ni un brindis por el nuevo año ni ná de ná. Si tus padres levantaran la cabeza la volvían a meter bajo tierra. 

Aún recuerdo el guasap que tu les escribiste preguntándoles cual había sido tu pecado, así como la contestación de ellas hablando de tus equivocadas elecciones y tu deslealtad. ¡Por favor! ¿De qué delealtad estamos hablando? ¿De tener a Mireia en nuestra casa varios años? ¿De tratarla como a una hija? ¿De llevarla a los mejores médicos para ver si se le encontraba una dieta adecuada? Dicen que es de malnacidos ser desagradecidos y, la verdad es que aquí el agradecimiento no solo brilla por su ausencia sino que encima nos acusan o te acusan a ti Josito de deslealtad. En fin. Yo necesitaba sacar a flote la rebeldía que siento ante tanta injusticia. Adrian y Delia están que bufan. Si no los frenamos su madre y yo le toman la delantera a Putin.

Si, claro, no quisimos que tus hermanas fueran al Tanatorio. Supongo que si hubiera estado yo sola hubiera tragado más por no montar el pollo y pensando que tu no cerrarías las puertas a nadie, pero tus hijos no pasan. Se sienten ofendidos por sobre todo como te han tratado a ti y también por cómo le han tratado a ellos. Todavía recuerda Adrián que tuvo que dormir en el suelo en casa de Tere porque en su maravilloso y elegante sofá del salón no se estira nadie. Anda ya!

Lo cierto es que Delia y Adri dejaron claro que no querían ver en el Tanatorio a nadie de tu familia excepto a Marga y a Lalo. Me tocó el papel de portavoz y le expliqué a Mireia el sentir de los chicos. Supongo y entiendo que les molestó, yo misma sentí, sobre todo pensando en ti que es duro decirle a alguien que tiene las puertas cerradas del velatorio donde se encuentra su hermano. Pero sucede que fueron ellas muchos años antes las que cerraron esa posibilidad. ¿Qué esperaban? ¿Que de repente ante la presencia de la muerte compartiéramos dolor y lágrimas? Venga ya. Ya sabes Josito que nosotros, tus hijos, tú y yo somos contrarios a lo aparente. Tus hermanas que según tengo entendido, son muy de guardar las formas debían de estar tan cabreadas cuando eligieron la esquela para  El Progreso que olvidaron poner el nombre de su mujer y sus hijos. ¡Vaya esquela fea! ¡Vaya manera de querer más rara!.     

 


 


viernes, 24 de mayo de 2024

Dos viejos locos


 Lo temí desde el primer día que nos la presentaron, sabía que al final ibas a sucumbir. Mira que nos lo curramos los dos, lo hicimos todo para huir de su intenso acoso. Creo que los dos sabíamos desde aquel día de abril que nos comunicaron que la "colangi" te rondaba, que la tarea de mantenerla a una prudente distancia iba a ser costosa. Recuerdo que Iñigo Galmés, el maravilloso urólogo que te trataba de esas cosas que padecéis los viejos, locos o no, cuando llegáis a cierta edad, me escribió un mail diciéndome que la cosa era muy chunga, que la "colangi" era voraz y que él no sabía si eras consciente de lo que se nos venía encima. "Llega un momento que cuando uno le ve las orejas al lobo quiere hacer cosas que a lo mejor no ha hecho todavía porque no ve lo que se le avecina". 

Yo tenía muy claro que tú eras -y espero que allá donde estés lo sigas siendo- un chico inteligente, que a buen seguro te temías las crudas intenciones de esas cabronas células . De igual manera sabía que no ibas a hacer nada especial; si, por supuesto, tenías muchas cosas pendientes, tu cita semanal con las fantasías del viejo loco, tu deseada vuelta a África, pero ya empezaba a haber claros indicios de que el cuerpo no te lo iba a poner nada fácil; en cuanto a esas otras cosas que tanto le preocupan al común de los mortales, como testamentos y últimas voluntades no te robaban ni un minuto de tu preciado tiempo. Así es que se lo dije muy claramente a Iñigo: "No sé lo consciente o inconsciente que es acerca de la situación, lo que sí sé es que no voy averiguarlo". Sinceramente no sé lo que se le pasaba por la cabeza, a pesar del gran amor que sentía, siento y sentiré tenía mil dudas sobre lo que rondaba por su mente. Podía ser que viera la cosa tan cruda como era y no quisiera asustarme, seguramente iban por ahí los tiros.

Mi viejo loco no era un mentiroso, pero cuando decidía "actuar", su interpretación era merecedora como poco de un Goya. Recuerdo que el 2 de abril de 2023 cuando fuimos a urgencias de la Clínica Moncloa lo metieron rápidamente en un box y a mí me dijeron que me quedara fuera. "No se preocupe, ya la llamaremos". Dos horas después y con un empacho de malos pensamientos, entré en el box y me dirigí a la cama donde estaba mi chico. Tenía un aspecto estupendo: "Me tengo que quedar, me han hecho mil pruebas, tengo todo bien, pero hay que ver la causa de esta avalancha de bilirrubina  que anda de expedición por mi cuerpo". ¿"No se comunicó el médico contigo? Te estuvo buscando". Pues no, el doctor no se había comunicado conmigo pero yo sí que me iba a comunicar con él. Efectiva y afortunadamente la mayoría de sus vísceras estaban en buen estado, pero... tenía un tumor en las vías biliares. Faltaba ponerle nombre y apellidos a ese tumor. La cara del galeno no presagiaba nada bueno. Yo estaba asustada y cabreada. ¿Por qué José no me decía las cosas tal cual eran? ¿Pudiera ser que el médico no le dijera a él lo del tumor? Parecía poco probable. De entrada pensé en dejarme llevar por mi parte más impulsiva y ponerle las cosas claras a mi Josito. Esto teníamos que vivirlo y sufrirlo juntos, sin ocultarnos nada. Pero... ¿y si resultaba que el doctor no había querido asustarle hasta saber la categoría del tumor y yo iba a cagarla? Decidí quedarme con la duda.

Un día que estábamos los dos en la habitación, le llamó Raquel, su adorada Raquel, la estupenda internista que le atendía. Hablaron largo y tendido, bueno, él apenas habló, pero yo sospechaba que no era nada bonito, vamos estaba convencido de que le había dado su sentencia de muerte. Raquel es una persona tan sensible como sincera, no te dice que te vas a morir pero te dice que ha llegado el momento de que hagas un balance de tu vida y que pienses que en realidad muchos de los que se han ido y han vuelto dicen que es un tránsito muy agradable y que nosotros somos unos privilegiados porque hemos tenido una vida muy bonita e intensa. ¿Perdooona? 

El día que Raquel nos dijo esto, debíamos llevar ya un mes en el hospital y la cosa estaba bastante delicada. Josito se quedó como si le hubieran puesto un Orfidal en vena, a mí me entró una cagalera de lágrimas imparable. A las doce de la noche Raquel me mandó un guasap e intentó tranquilizarme. "Creo que me he pasado con las palabras, pero estoy segura de que sabréis reconducir la situación".

Son las 6:45 de la madrugada y me está entrando el sueño. La cama sin Josito se me hace demasiado grande y de vez en cuando me voy al sofá a ver si ahí encuentro a mi adorado viejo loco. Me despido de vosotros con un ¡Hasta luego!. Sé que no es lo mismo un viejo loco que una vieja loca. O eso al menos pensaba mi relativo tío Camilo José Cela. "Lo peor de la vejez es que uno pierde la vergüenza", me dijo  hace unos cuantos años. Quizás -apunté yo- uno se vuelve desvergonzado por aquello de la cercanía de la muerte."¡Ay, que bonito, un viejo desvergonzado! Además fíjate, los hombres cuando envejecemos somos venerables ancianos y las mujeres sois unas brujas... Es que eso de ser mujer es terrible, ¿no?"

viernes, 16 de febrero de 2024

Ciudades deshumanizadas

Regresamos a Madrid. La vuelta a la gran ciudad después de unos días de disfrute de la naturaleza en Galicia resulta cada vez más triste. Las urbes del siglo XXI han perdido casi por completo su papel tradicional de lugares habitables. Cada vez quedan más reducidos los espacios de ocio, el centro histórico se transforma a pasos agigantados en un gigantesco centro comercial, mientras los barrios adormecen convertidos en dormitorios, se saturan las calles de vehículos y se marginan las áreas de recreo. 

Hay que maximizar el tiempo para rendir mejor. Importa la velocidad del tránsito, no el camino por el que transitamos. Interesa que no haya tiempo para la reflexión, que no haya tiempo para el goce. Hay que circular sin entretenerse, todo deprisa con el objetivo de disminuir la distracción y de evitar las pausas de los ciudadanos, que no nos entretengamos en pensar demasiado, en pararnos a disfrutar con una puesta de sol o en apreciar la belleza de cualquier rincón urbano. Todo ello lo vamos perdiendo en favor del consumismo, del take away, del todo a cien o de los fast food. Las ciudades se uniformizan, da lo mismo caminar por el centro de Madrid que por el centro de Estrasburgo. 

Aunque es difícil de cuantificar, se sabe que la calidad de los espacios públicos influye en la felicidad de sus habitantes. En una época en la que cada centímetro de suelo se aprovecha para fines privados y comerciales, se empiezan a apreciar las nefastas consecuencias de la desaparición del espacio público. Las ciudades pierden vida y sus habitantes se ahogan. Actualmente, diversos organismos están evaluando la carga atribuible a la contaminación atmosférica de los ingresos hospitalarios. Han comenzado por Madrid y casi 14.000 ingresos al año son achacables a ella. Los datos, una vez más, hablan por sí solos. 

lunes, 12 de febrero de 2024

Escribir, ¿para qué?

    Recupero casualmente una agenda del año 1967 en la que apuntaba una serie de cosas que me sucedían entonces, a mis 17 años, en relación con mis amigos, con mi primera novia de verdad, con mi estado de ánimo o con mis estudios. Desde siempre he tenido la tentación de escribir y es cierto que, aunque uno escriba sobre naturaleza, sobre deporte o sobre ciencia, lo que se plasma está en relación con las tripas del autor. 

    Creo en la escritura, creo que siempre es bueno parar el reloj un rato para dedicarlo a intimar con uno mismo. Escribir es terapéutico, es una introspección. Sirve para meditar, para reflexionar sobre todo aquello que nos ocupa, para ordenar nuestra ideas y para conocernos mejor. Yo escribo para saber qué pienso. Tanto la escritura como la relectura de lo ya escrito nos abren caminos nuevos e incluso nos brindan la  oportunidad de modificar nuestra forma de actuar hasta cambiar el sentido de nuestras vidas. Resulta curioso concluir que somos como somos según lo que hayamos escrito. 

domingo, 4 de febrero de 2024

El cáncer, la vida y Diógenes

    El cáncer es un peligro pero también puede suponer una ayuda importante en la búsqueda de una vida sencilla y más auténtica, una vida más autónoma que nos permita esquivar las restricciones sociales y los descontentos propios con nosotros mismos.

    A mí la aparición del cáncer me ha permitido comprobar que la felicidad no hay que buscarla en la riqueza, el poder, el protagonismo o la fama, sino en nuestra satisfacción con nuestra forma de sentir. Ahora quiero encontrar un estado interior de tranquilidad, independiente de las circunstancias externas.

    No sé porqué pienso que el cáncer me ha hecho minimalista y me va acercando a Diógenes, aquel filósofo hoy tan mal visto, pero que en el fondo lo único que pretendía era vivir de acuerdo con la naturaleza y rechazar los placeres mundanos y las comodidades materiales, argumentando que estas no eran necesarias para una vida plena. Yo no me veo viviendo en un barril pero, como él, cada día siento más la presión de las ataduras sociales de las que me quiero desentender y cada vez me sobran más cosas materiales. Ahora mi aspiración es poseer solamente aquello que me haga feliz, lo demás me estorba, no me deja apreciar bien lo que verdaderamente merece la pena, no me hace falta.

viernes, 2 de febrero de 2024

Convivir con el otro

    Mis amigos me quieren. No tengo ninguna duda. Conocedores de mi momento, tratan de inmunizar mi ego contra el ataque de este bicho que me ataca desde hace un año. Me alientan: “Afrontando esta guerra como tú lo haces, ya la has ganado”, “Tú eres muy fuerte, vencerás al bicho”, “Has librado con éxito mil batallas, en ésta también ganarás”. 

    Las agradezco todas de corazón porque sé que salen del alma, pero estoy convencido de que la única fuerza que tengo es la de estar entrenado para saber aceptar la realidad. Coincido sin querer con Nietzsche en que la voluntad es la verdadera esencia de la realidad. A la vez, no ignoro que hay muchas personas que se han enfrentado al cáncer con entereza y no han conseguido vencer. Tampoco sé muy bien en qué consiste esto de ganarle la batalla al cáncer, ni tengo sensación alguna de intentar derrotar a un enemigo. No quiero eliminar del mapa al bicho, lo mismo que no creo que sea solución exterminar a los palestinos ni a los independentistas catalanes para encontrar la paz. Yo lo que quiero es que ese tumor cancerígeno no sea mi enemigo, lo que quiero es convivir con él y tengo la esperanza de que, aunque complicado, sea posible.

jueves, 1 de febrero de 2024

El mar llora

    Hace algo más de un mes a un mastodóndico portacontenedores flotante de 300 metros de eslora llamado Toconao se le cayeron al mar frente a las costas de Portugal seis gigantescos contenedores, uno de ellos con mil sacos de microplásticos, que no tardaron en saturar de diminutas y peligrosas bolitas blancas los paradisíacos arenales de las playas gallegas. 
    Nuestros dirigentes nos alientan a ser un poco más ecologistas, a que utilicemos bolsas de papel cuando vayamos al súper o que reciclemos las botellas de plástico, algo que (por la machacona insistencia televisiva o por miedo a posibles sanciones) terminamos haciendo religiosamente la mayor parte de los ciudadanos. 
    Desgraciadamente nuestro empeño en ser respetuosos con el medio ambiente es insignificante frente a una desgracia de esta naturaleza. Estamos convirtiendo nuestros mares en estercoleros de plástico y la naturaleza nos muestra su descontento por las agresiones. Llora. Manifiesta abiertamente su disgusto y nos manda sus críticos mensajes a través de esos pellets que nos devuelve, por medio de esas “lágrimas” con las que el sensible escritor gallego Manuel Rivas denominó a los vertidos que han ido llegando a nuestras playas.

lunes, 15 de enero de 2024

Interrogantes de la escritura

    Me ha dado esta última temporada por leer cosas relacionadas con la escritura: que si se produce una mutación en su relación con el entorno cuando una persona se convierte en escritor, que no se sabe realmente qué es la novela, que si es posible o no meterse en otros personajes y sentir como ellos sentirían, o elucubraciones acerca de la literatura de ficción y hasta que punto la ficción es tal o si, en el fondo, es el desarrollo de alguna parte de nuestra propia biografía. Lo cierto es que por ahora no llego a ver con claridad ni a desentrañar todos esos interrogantes.

    Decía Proust que el libro esencial, el único verdadero, no necesita que un gran escritor lo invente, lo llevamos dentro y como el libro ya existe en cada uno de nosotros, lo que necesitamos es que alguien lo traduzca. Necesitamos un buen traductor que convierta en palabras todo lo que nos va ocurriendo. Y nadie mejor que nosotros mismos para hacerlo.

Que se mueran los viejos

       No, no es que quiera que se mueran los viejos ni las viejas ni mucho menos yo, que según todos los cánones de esta sociedad clasista,...